El caso Tous, todavía

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Editorial del diario Levante:

El viernes, día 20 de octubre, se cumplieron 24 años desde que la rotura de la presa de Tous provocase la mayor y más catastrófica inundación del Xúquer que se recuerda. El largo tiempo transcurrido ha conseguido borrar bastantes de los demoledores efectos de aquel desastre, sobre todo los daños causados sobre el territorio. Muy pocos rasgos geográficos delatan hoy en la Ribera la huella que marcó el desmoronamiento del pantano y la bonanza económica ha desdibujado la crisis provocada por la densa ola de agua y barro que atravesó la comarca. Incluso el dolor inducido por las muertes ha quedado inevitablemente diluido con el paso del tiempo, pero junto a esos síntomas de superación de la tragedia subsisten demasiados cabos sueltos que requieren una intervención mucho más decidida de las instituciones públicas para cerrar definitivamente el denominado caso Tous tanto desde la óptica emocional como, y sobretodo, desde el ámbito de la prevención de riesgos. Resulta improrrogable adoptar las decisiones y ejecutar las últimas obras que eviten que un episodio así vuelva a producirse.

Desde 1982 sabemos que cada aniversario de la pantanada se convierte en un memorial de agravios y un recurrente catálogo de olvidos. Políticos de un y otro signo se han parapetado hasta ahora tras la elevada cuantía de las inversiones para defenderse de las críticas. Y es verdad que la reconstrucción de la presa y otras infraestructuras hidráulicas han significado grandes gastos, pero queda mucho por hacer y el esfuerzo presupuestario observado en los primeros años degeneró a finales de siglo en una narcotizante operación propagandística que se agigantaba ante la cercanía de las citas electorales con promesas que se desvanecían tan pronto se cerraban las urnas.

Baste recordar que el plan contra las riadas del Júcar todavía no se ha desarrollado y que, 24 años después de su destrucción, la presa de Tous sigue sin tener aprobado un plan de emergencias. Mucho más desconcertante, por la ridícula cuantía que implica, es que dos centenares de damnificados aún no hayan cobrado sus indemnizaciones o que la discriminatoria distribución de ayudas fijada por la justicia y la no menos arbitraria acción gubernamental hayan condenado a más de 2.500 afectados a devolver los intereses de los créditos que otros vieron perdonados.

No obstante, por encima de todo, la Ribera necesita defenderse de un río que, paradójicamente, aunque hoy agoniza por su exiguo caudal, es capaz de transformarse en «el devastador», apellido que tiene acreditado por su temible historia. La Confederación Hidrográfica del Júcar ha puesto calendario a las obras. Hora es que no vuelvan a demorarse.

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