La amenaza del agua que siempre vuelve

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Pilar Cambra

"Era el 14 de octubre de 1957, el día en el que el siempre manso y escaso caudal del río Turia se tornó bravo y asesino y provocó la peor ríada que recordaba Valencia... Días más tarde, cuando sané de las anginas, las aguas retiraron y mi colegio volvió a abrir sus puertas, el aspecto de la ciudad seguía siendo trágico: montañas de negro barro en lo que habían sido hermosas alamedas, un olor a humedad y a putrefacción y las espantosas fotografías de los ahogados que nadie había identificado todavía en carteles pegados por toda la ciudad.Creo que de esa experiencia nace mi convicción de que al agua, a su fuerza, a su poder destructor hay que tenerle un respeto colosal y no desdeñar jamás la latente amenza que suponen las lluvias torrenciales que, como decía aquella antigua novela, "siempre llegan"... Porque -como se recordó hasta la saciedad tras otra brutal catástrofe, la del camping de Biescas, montado en una antigua torrentera- donde hubo agua siempre puede haberla de nuevo: el agua siempre vuelve, siempre "recuerda" los cauces por los que un día discurrió. Y, aunque nadie parezca tenerlo presente en tiempos de sequía -como los que padecemos en España con mayor y más preocupante frecuencia-, tal principio es el orígen de múltiples desdichas cuando las avanlanchas de agua reclaman sus fueros."

Más, en su blog de Expansión

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