Los regantes del Segre, dispuestos a vender agua para el consumo urbano de Barcelona

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María Jesús Ibañez

Previstas y en ejecución todas las formas habidas y por haber para conseguir esos hectómetros cúbicos de agua potable que eviten que el área de metropolitana de Barcelona entre en junio en restricciones de suministro; programadas y en construcción todas las desalinizadoras que deben impedir que la situación de hogaño se repita en años venideros, los estudios se centran ya en qué pasará en unas décadas. En voz queda, para no levantar resquemores territoriales, los técnicos del Govern señalan que el futuro pasa también por destinar a usos domésticos parte del agua potable que hoy se queda en los campos de cereales y frutas de Lleida. Recientemente, los regantes del canal de Urgell allanaron el camino al ofrecer ese agua a cambio de compensaciones económicas.

Los regantes, concesionarios hasta el año 2061 de parte de los caudales del río Segre, están dispuestos a ceder el agua que les sobre, siempre que antes se les ayude a modernizar el sistema de riego. Conscientes de que la sequía hace cada vez más difícil de justificar el regadío por inundación que aún practican el 90% de los 20.000 asociados, los responsables del canal de Urgell lanzaban hace dos semanas la propuesta, impensable un par de años atrás. "Aquí tenemos agua, hemos de ser serios y empezar a plantear el trasvase de cuencas", admitió en unas jornadas en Mollerussa (Pla d'Urgell) el tesorero de la comunidad de regantes y presidente del Consell Comarcal del Pla d'Urgell, Joan Reñé (CiU).

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