Gabriel Borràs: «Hemos estado demasiado tiempo jugando con el agua como arma política»

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Gabriel Borràs, director del Área de Planificación para el Uso Sostenible del Agua de la Agència Catalana de l'Aigua (ACA), habla de la preocupante situación de los recursos hídricos catalanes, en una entrevista de Jordi Garriga para la revista Teknos, del Colegio de Ingenieros Técnicos e Industriales de Barcelona.

El original se puede consultar en catalán y ésta es la traducción que hacen en News Soliclima:

Catalunya se encuentra en una situación de extrema sequía. En estos momentos, se dan las peores condiciones proyectadas en enero de 2007, y eso ha conducido al país al estadio de excepcionalidad que se describía en el Decreto de medidas excepcionales y de emergencia para la gestión de los recursos hídricos del 3 deabril de 2007. Paralelamente, surgen voces discordantes entorno de algunas de las medidas que el Gobierno quiere adoptar para garantizar el agua de boca al país y en la conurbación de Barcelona en concreto. Y, a la vez, surgen fisuras, como por ejemplo la fuga de agua de la tubería del Ter a la altura de Badalona. Con ganas, pues, de saber cuál es el estado de la situación y qué medidas se plantea la Administración, hablamos con Gabriel Borràs Calvo, biólogo, director del Área de Planificación para el Uso Sostenible del Agua del ACA.

¿Cuál es la fotografía de Catalunya a día de hoy?

Toda Catalunya está en fase de excepcionalidad, excepto la cuenca del Garona. Tal y como dice el Decreto de la sequía, hay dos niveles de excepcionalidad y, en estos momentos, donde estamos con excepcionalidad dos, es en las cuencas del Ter, del Llobregat y del Muga. Estas tres cuencas son las que están peor y, por lo tanto, también son diferentes las medidas que se están adoptando. En el segundo nivel de excepcionalidad, y a nivel urbano, hay una serie de usos prohibidos en agua de red o agua potable, actualmente conocida como ‘agua de boca', que es lo que ahora estamos oyendo tanto a través de los medios de comunicación. No se pueden regar jardines y parques, no está permitido llenar piscinas… Pero hay que decir que, ni en la fase uno ni en la fase dos, las restricciones o prohibiciones afectan a las actividades económicas, a excepción de la agricultura. La agricultura es una actividad que, como que su base es el agua, es la principal afectada, mucho antes de la aplicación del Decreto de la sequía, como es lógico.

Uno de los problemas del Decreto es que no hay el despliegue de la normativa, o sea, que toda la responsabilidad de la aplicación queda en manos de los ayuntamientos.

Sí, precisamente por ello, todos los municipios de más de 20.000 habitantes han hecho los planes de contingencia oportunos para adaptar el abastecimiento urbano de las ciudades a cada una de las medidas que prevé el decreto en sus fases.

¿Les preocupa el control que se pueda llevar en el ámbito municipal?

Como le decía, las medidas genéricas las define cada municipio… Lo que pasa es que, desgraciadamente, estamos en un escenario que, pese a haber sido previsto, colisiona con una realidad más tozuda que la peor de las situaciones proyectadas en enero de 2007. Por ello, la ciudadanía se hace preguntas que respondemos por medio de los ayuntamientos, la web, etc.

¿En cualquier caso, tenemos que estar preparados para posibles cortes domiciliarios?

En el sistema Ter-Llobregat, de donde se abastecen más de cinco millones de personas, o sea, el 80% de la población del país, teniendo en cuenta el nivel de los embalses, así como las obras y actuaciones de emergencia que estamos haciendo, el escenario de cortes, si no lloviese, se atrasaría hasta final de verano, o sea, a finales de agosto, principios de septiembre.

Antes comentaba que las actividades económicas urbanas están garantizadas. ¿Cómo se explica a un agricultor de Girona que perderá la cosecha por falta de agua, mientras en el gimnasio todo el mundo se ducha, o mientras se hace nieve artificial?

En realidad, cuando nos refiramos a actividades como campos de golf, gimnasios, nieve artificial y otros, estamos hablando de volúmenes porcentualmente muy poco significativos. De todas maneras, también está regulado y, cuando ha hecho falta, se han abierto expedientes sancionadores. Se están ejerciendo sistemas de control exhaustivos. En cualquier caso, el abastecimiento domiciliario, o sea de uso de boca, está garantizado.

En cuanto a la ciudadanía, ¿están satisfechos con la respuesta que ha tenido el llamamiento a ahorrar agua?

Sí, estamos muy satisfechos. Esta exigencia por las condiciones climáticas ha producido unos índices de ahorro, en Barcelona sobre todo, muy buenos, de los mejores de Europa.

Quién parece que no ha hecho tan bien los deberes es la Administración. Problemas como la fuga de la tubería del Ter duelen. ¿Por qué se ha llegado a esta situación si se había detectado mucho antes?

Mire, en esta cuestión hay diversas cosas que es preciso tener en cuenta. De entrada, mi primera reflexión es que hemos estado demasiado tiempo jugando con el agua como arma política y eso, para la planificación, ha sido fatal. Y, seguramente, todos los partidos políticos son culpables. Han faltado actuaciones para resolver la vulnerabilidad de la garantía de abastecimiento de agua. Catalunya tiene un problema de cuencas internas, y es que consumimos más de lo que podemos almacenar. Los consumos son casi equivalentes a la capacidad de almacenar y, por ello, no se han podido ejecutar con el ritmo adecuado todas las infraestructuras de abastecimiento de agua que se habrían tenido que hacer. Y eso tiene mucho que ver con el problema de la fuga de Badalona, porque esta fuga se había detectado el 1974.

Eso para el ciudadano es muy duro.

Evidentemente, y también para los profesionales que trabajamos en la Administración y en la ACA en concreto. Existe un proyecto del año 1989 para amortiguar el impacto de estas fugas, pero este proyecto ha ido dando tumbos… Hoy, la única solución es hacer una tubería en paralelo a manera de by-pass para no tener que cortar el agua a toda una población. Esta nueva tubería se inició el 2000 y se acabará el 2009. Como le digo, la imagen que hemos dado es nefasta, pero también tenemos que decir que no hay ninguna red estanca en el mundo. Hablar de pérdidas del 4% en una red de abastecimiento en alta, es bueno, a pesar de que las queremos reducir al 2%.

Pero estos hechos dan razones a aquéllos que se oponen a que venga en Barcelona agua de Tarragona, o a los regantes del Ter, o a los quién no ven nada claro el proyecto de conexión del Segre…

Mire, ahora no es el momento de hacer batalla política, que es lo que se está viendo en algunos lugares. Hace unos años, cuando llevamos agua del Ebro a Mallorca, nadie dijo nada… Tenemos que entender que ahora tenemos un enemigo común, que es la sequía. No es el momento de hacer referéndums, es momento de un alto el fuego. Estamos ante una crisis nacional.

Precisamente, ante la situación a qué se ha llegado, parece estéril el debate entre el trasvase del Ródano y las desalinizadoras. ¿No sería más lógico contar con las dos alternativas?

En primer lugar, para los que se suman a estas tesis, es preciso decir que, si la solución hubiese sido el trasvase del Ródano, ahora aún estaríamos esperando el agua, porque, en la mejor de las situaciones, estaría todo en obras y, por lo tanto, estaríamos mucho peor de recursos hídricos. Pero plantear la pregunta así es como ir al último capítulo sin haber leído nada antes. Primero hay una serie de capítulos, que los marca la Directiva marco del agua europea y que indica que es preciso una nueva cultura del agua. El Agua ya no es un recurso, sino una parte del medio. La realidad es que la consecuencia de la política de los ochenta ha llevado a una situación de insostenibilidad que el Ródano habría conseguido paliar, pero no solucionar. Para ello, primero es preciso una gestión diferente, que es lo que estamos haciendo con éxito. Creemos en medidas como el ahorro, la reutilización, la interconexión de redes...

¿Cuáles son estas medidas?

Esencialmente, además del ahorro del consumo, estamos hablando, de recuperación de acuíferos y de mejoras en los sistemas de potabilización y reutilización. O sea, todo aquello que se enmarca en lo que llamamos nueva política del agua. Pero, pese a esta nueva política, la garantía de futuro nos la dará la desalinización que, junto con el sumatorio de soluciones y actuaciones que ya estamos llevando a cabo, como por ejemplo recuperar pozos en desuso, potabilizaciones y regeneraciones específicas y, finalmente, la llegada de agua en barco, garantizará el suministro. En el horizonte del 2012, todas estas medidas, junto con la desalinización, permitirán una aportación de 300 hectolitros cúbicos.

Hace poco tiempo parecía que el ideal que se promovía era la casita unifamiliar fuera de Barcelona, con jardín, piscina… Ahora quienes viven así son insostenibles, irresponsables… Parece evidente que hay una falta de planificación y proyección del territorio que no facilita la gestión del agua.

Sí, es cierto, y el objetivo, precisamente, pasa por una buena planificación del territorio, pero eso no se arregla de hoy para mañana. Urbanismo, agricultura, industria, todo tiene que estar coordinado, y ahora no es así. Ciertamente, este desequilibrio en las cuencas internas es de difícil solución. Por ello es tan importante interconectar toda la red y todas las cuencas. Y no hablemos de trasvases, sino de interconexiones que sirvan para paliar problemas concretos.

Habla de la polémica con el Segre a su paso por la Cerdanya? Hay quién habla de un trasvase del Ebro encubierto…

Nunca podemos hablar de trasvase. Eso es mala fe. Como le digo, lo más lógico es que las cuencas de Catalunya estén interconectadas. Pero, en cualquier caso, en cuanto a la cuestión del Segre estamos hablando de una captación puntual, para resolver un problema puntual, nunca de un trasvase.

¿La agricultura es la que sale peor parada?

La agricultura es el gran consumidor, pero desde el mundo urbano no se puede criminalizar al sector del campesinado. Ellos no han elegido el modelo y no lo pueden cambiar. Trabajo les cuesta hacer cuadrar los números. Sin duda que el sector podría y tendrá que ser más eficiente, pero quién ha condenado a la agricultura a creer en los grandes abastecimientos ha sido la misma Administración, y eso ha sido un error. La agricultura no puede emprender el cambio de modelo necesario sin la ayuda de la Administración.

No se habla mucho de las comunidades de regantes y de su control. ¿Quién controla su gestión, que no siempre es del todo clara o esmerada? En más de un municipio de Catalunya vemos riegos destinados a la agricultura que sirven para mantener jardines verdes durante todo el verano…

Hay control. Otra cosa es que también es precisa la autocrítica. Históricamente, la Administración del agua ha dejado que las comunidades de regantes patrimonializaran un bien público. La despatrimonialización que ahora se tiene que emprender pasa por una reforma brutal de la ley de aguas. Pero eso aún no se ha podido hacer, ya que jurídicamente supone un problema importante.

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