España ocupa el quinto puesto a escala mundial en “huella hídrica”

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El 28 de octubre, WWF España presentó el Informe Planeta Vivo 2008 [pdf: 4.5 Mb], una publicación que analiza la salud del planeta. Los indicadores de la Huella Ecológica y del Indice Planeta Vivo evidencian el preocupante descenso de la diversidad biológica y la incapcidad del planeta para abastecer nuestro desmedido nivel de consumo.

Según WWF, el Planeta ha entrado en una crisis del crédito ecológico. Su origen es el aumento de la demanda de la humanidad sobre el capital natural, que ya ha superado en un 30 por ciento la capacidad de abastecimiento de la Tierra. El informe revela que la riqueza y la diversidad natural continúan decreciendo, a la vez que aumenta el número de países en situación de estrés hídrico. De hecho, el Informe Planeta Vivo incluye por primera vez la “huella hídrica”, variable que analiza el consumo de agua por persona, situando a España en la quinta posición a escala mundial.

Esta es la contundente advertencia que recoge la última edición del Informe Planeta Vivo de WWF, un documento de referencia que analiza distintos indicadores para medir la salud de la Tierra. Elaborado en colaboración con la Sociedad Zoológica de Londres (ZSL) y la Red de la Huella Global (GFN), y publicado cada dos años, este estudio se ha convertido desde 1998 en un termómetro preciso de la capacidad de la Tierra para continuar siendo un “planeta vivo”. Para ello, analiza dos parámetros, el Índice Planeta Vivo y la Huella Ecológica, a los que este año se ha sumado por primera vez una gran novedad: el estudio de la Huella Hídrica.

Este indicador complementa la información sobre el estado de la naturaleza y, en el caso de España, revela datos preocupantes. De hecho, nuestro país ocupa el quinto puesto a escala mundial en “huella hídrica”, es decir, en el volumen total de agua usada globalmente para producir bienes y servicios consumidos por los ciudadanos.

La huella hídrica aborda también la importancia del agua utilizada como materia prima en la producción. Por ejemplo, se necesitan 2.900 litros para fabricar una camiseta de algodón. Como media, cada persona consume 1.24 millones de litros de agua al año (la mitad de una piscina olímpica), aunque esto varía desde 2.48 millones de litros, por persona y año, en EEUU, a los 619.000 litros, en Yemen.

Por otra parte, El Índice Planeta Vivo, medida obtenida del estudio de la evolución de 5.000 poblaciones de 1.686 especies, ha descendido un 30 por ciento desde 1970. Esta dramática pérdida de nuestra riqueza natural está provocada principalmente por la deforestación y la transformación de los usos del suelo en los trópicos (el IPV Tropical ha disminuido un 51 por ciento).

Otros factores que atentan contra la biodiversidad son los impactos de los embalses, los trasvases y el cambio climático sobre las especies de agua dulce (cuyo IPV ha sufrido un descenso del 35 por ciento). De igual forma, la contaminación, así como la sobrepesca y la pesca destructiva en los ecosistemas marinos y costeros, figuran entre las amenazas de las especies marinas.

Las emisiones de carbono derivadas de la quema de combustibles fósiles y el cambio de usos del suelo son los factores fundamentales que provocan la huella humana y, además, están generando el cambio climático. El análisis de la huella ecológica, elaborado por la GFN, muestra que mientras la biocapacidad global (el área actualmente disponible para producir nuestros recursos y absorber nuestras emisiones) es de unas 2,1 hectáreas globales (hag) por persona, la huella ecológica por persona es de 2,7 hag.

Cada ciudadano de EEUU requiere una media de 9,4 hag (4,5 planetas, si la población mundial tuviera patrones de consumo estadounidenses), al tiempo que los ciudadanos de China utilizan una media de 2,1 hag por persona (un planeta). Por otra parte, España ocupa la posición número duodécima a escala mundial, detrás de Grecia y delante de Uruguay, con una huella ecológica global de 5,7 hag per cápita y un déficit ecológico del 338%, lo que significa que necesitaríamos casi 3,5 países más para mantener nuestras actuales demandas. Cabe destacar que los países con mayor huella ecológica nacional son EEUU y China, utilizando cada uno cerca del 21 por ciento de la biocapacidad del planeta.

La biocapacidad está distribuida de forma muy desigual: ocho países –EE.UU, Brasil, Rusia, China, India, Canadá, Argentina y Australia- tienen más de la mitad del total mundial. La población y las pautas de consumo hacen que tres de estos países sean deudores ecológicos, con huellas mayores que su biocapacidad nacional, EE.UU. (una huella 1,8 veces mayor que su biocapacidad), China (2,3 veces) e India (2,2 veces).

Esto contrasta con países como Congo, que tiene la séptima biocapacidad más alta por persona (13,9 hag) y una media de huella de sólo 0,5 hag por persona. Sin embargo, se enfrenta a un futuro de degradación de esta biocapacidad a causa de la deforestación y del incremento de la demanda de un aumento de la población y de las presiones de las exportaciones.

James Leape, Director General de WWF, hace un análisis de la situación actual: “El mundo está preocupado por las consecuencias de haber sobrevalorado sus recursos financieros. Sin embargo, lo que realmente amenaza a la sociedad es la crisis del crédito ecológico causada por infravalorar el capital ambiental, base de la supervivencia y la prosperidad.” Y Leape añade: “Muchos de nosotros mantenemos un estilo de vida y un crecimiento económico gracias al uso y la extracción del capital ecológico de otras zonas del planeta. Si nuestras demandas continúan a este ritmo, a mediados de 2030 necesitaremos el equivalente a dos planetas para conservar este estatus”.

Asimismo, el informe incorpora una serie de soluciones clave, llamadas “cuñas de sostenibilidad”. Según WWF, combinándolas estas podrían estabilizar, e incluso revertir, la tendencia alarmante hacia una mayor deuda ecológica y el desabastecimiento de nuestras fuentes naturales de recursos. En cuanto al reto ambiental más importante, el cambio climático, el documento muestra que la eficiencia energética, las renovables y la disminución de emisiones podrían satisfacer las demandas energéticas para 2050, reduciendo entre un 60 y un 80 por ciento las emisiones de carbono.

“Si el ser humano tiene la voluntad, encontrará también la forma de vivir con los medios que ofrece el planeta, asegurando a la vez el bienestar de la humanidad y los ecosistemas de los que depende”, concluye Juan Carlos del Olmo, Secretario General de WWF/Adena.

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