07/04/10 a las 7:09

Un estudio de la UA revela que las inundaciones y la sequía en el País Valenciano se repiten históricamente

La historia de la climatología en el Levante peninsular ibérico, en la que se alternan los períodos de sequía con las tormentas y temporales, se repite desde siglos atrás, por lo que es posible prever estos acontecimientos para poner en marcha técnicas con las que hacerle frente y minimizar su impacto.

Esta es la conclusión del estudio que presenta el catedrático de Historia Medieval, Historia Moderna y Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Universidad de Alicante, Armando Alberola Romá. Alberola desarrolla en el libro Quan la pluja no sap ploure cómo la actual situación, con bruscas oscilaciones climatológicas en todo el Levante peninsular ibérico, también se producía en los siglos XVIII y XIX. Así, el estudio de la historia y el clima permite adelantarse a los naturales acontecimientos meteorológicos, preverlos y poner en marcha técnicas con las que minimizar su impacto negativo sobre la agricultura, la economía, las infraestructuras y la vida de los ciudadanos de esta zona. Así, a la pregunta de qué nos depara la realidad actual, en la que las lluvias torrenciales se han venido produciendo a lo largo y ancho del País Valenciano en el otoño de 2009, al igual que en la reciente primavera, el catedrático responde que las hemerotecas dan fe de los hechos: campos de cultivo arrasados, infraestructuras destruidas o colapsadas, núcleos urbanos inundados, gentes privadas de sus hogares y pertenencias, sensación de inseguridad y desamparo.

La sequía ha sido siempre la principal preocupación de los campesinos del Levante peninsular ibérico. Los largos períodos de aridez se han visto, sistemática y bruscamente interrumpidos, con una cadencia casi anual, por precipitaciones de alta intensidad horaria en los meses de otoño y primavera. Estos episodios meteorológicos extremos han venido provocando a lo largo de la historia importantes inundaciones que han provocado sus víctimas y daños en infraestructuras y bienes de diferente tipo. El libro, de reciente publicación, analiza la grave contrariedad que supuso la alternancia entre escasez y abundancia hídrica durante el siglo XVIII en el País Valenciano. Apunta Armando Alberola que "lo que ahora conocemos como "gota fría" se rastrea sin ninguna dificultad en las fuentes documentales de la edad moderna (siglos XVI al XVIII)".

Además, en una época en que la agricultura era fundamental en la economía. Por este motivo, la sequía ha sido la causa de crisis agrarias e, incluso en algunos momentos, de crisis epidémicas y demográficas.
A lo largo de cuatro capítulos el catedrático de la UA pasa revista a la realidad climática del País Valenciano durante la Edad Moderna y sus “efectos colaterales” sobre la sociedad, la economía, la sanidad, la religiosidad popular o la ordenación del territorio. Cómo han convivido los campesinos con esta situación y cómo han ido enfrentado estos problemas, el obsesivo empeño de que no se desperdiciara ni una gota de agua, con las construcciones de pantanos como el de Tibi y azudes, la carencia y el exceso de agua, las tormentas torrenciales acaecidas en la ciudad de Valencia en octubre y noviembre de 1776 y la segunda parte del reinado de Carlos III hasta las vísperas de la guerra de la Independencia, conforman el contenido de los capítulos de la obra.

Quan la pluja no sap ploure, del catedrático Armando Alberola Romá, es resultado del proyecto de investigación 'Catástrofes naturales, ciencia, técnica y política en la España mediterránea durante el siglo XVIII', que ha sido financiado por el Ministerio de Educación y Cultura del Gobierno de España y los fondos FEDER. Constituye el último trabajo del proyecto que se cerró en diciembre (2006/09). Armando Alberola Romá dirige en la UA el “Grupo de Investigación en Historia y Clima”, que está constituido por un colectivo integrado por historiadores modernistas y geógrafos expertos en climatología y ordenación del territorio.

El título de la obra, que está extraído de un poema del cantautor Raimon, simboliza la fenomenología meteorológica extrema que se produce en el Levante peninsular ibérico y que es conocido como oscilación Maldá. Históricamente, está comprobado que este fenómeno se han venido produciendo en mayor o menor intensidad.

Fuente: UA

Comentarios

Juan Navarro (no verificado) Miércoles 14/07 a las 08:32

la distribución de corrientes de aire en la atmósfera y otras variables que inciden en todo tipo de fenómenos meteorológicos, están sujetas al azar. Por ello es de difícil predicción. En la UA hay un grupo de profesores que últimamente se están dedicando a fenómenos tales como el clima, la distribución ycalidad de las aguas, la contaminación de las mismas, que, sin ánimo de ser corporativo, necesitan de un conocimiento profundo de matemáticas (modelos), física (distribución de presiones y temperaturas y su influencia en el medio) y química (procesos de oxidación reducción y otros), del que dicho grupo carece. Me parece una temeridad decir que se pueden predecir las gotas frías. Bastaría ponerlo en un grupo de datos y calcular la recta de regresión. Como dato anecdótico, la Agencia Estatal de Meteorología llamó, hace unos años, al orden a uno de los miembros de ése grupo diciéndole que no generase alarma social con sus predicciones meteorológicas. Para meteorólogos, la AEMET o aquello mas español si de historia se trata Sr. Alberola, "Zapatero a tus zapatos".

La semana en un vistazo (11-07-10) | iAgua. Información y op (no verificado) Sábado 10/07 a las 02:13

[...] Inundaciones y sequías cíclicas [...]

Enrique Villuendas Gibert (no verificado) Lunes 05/07 a las 10:06

Si la Historia se ha ido repitiendo, porqué no se han tomado las necesarias medidas opara subsanar el problema. El mejor acuífero del Mundo, las dolomías del Jurásco, con caudales que podrían ser del orden de los 24 millones de litros/dia por pozo correctamente proyectado y desarrollado (simple tecnología que conozco y puedo demostrarlo), se halla, más o menos hundido, a lo largo y ancho de toda la Comunidad Valenciana (la mitad sureste de la Península Ibérica se halla geológicamente volcada al Mediterráneo). Existen pozos que lo explotan, pero en las zonas en que afloran ("donde se ven"), zonas altas colgadas de escasa capacidad de embalse y sujetas, en estiaje y sequía, a una escasa posibilidad de recarga potencial. Pero no se explotan los niveles hundidos ("donde no se ven"), de mayor capacidad de embalse y de gran recarga potencial: superficial y subterránea. Explotar estas aguas y cuando descenda la capacidad útil de embalse del acuífero, en los períodos de lluvias y de aguas superficiales y embalses a rebosar, hacer la recarga del, natural, limpio y ecológico embalse subterráneo; es decir, la explotación conjunta aguas superficiales-subterráneas. Y si lo que mola es hacer carreras de F1 y regatas, propongo la realización de carreras de máquinas de perforar; ganaría cada etapa (zona necesitada de agua) el pozo realizado con más caudal y la carrera final el equipo que mas millones de litros consiguiera. Crea la mayor expectación la perforación y aforo de un pozo. Una contradicción, la desaladora de Mutxamel (Alicante), con un coste de 50 millones de € y gran coste energético y medioambiental, se va a montar sobre el acuífero Jurásico (afloran próximas las calizas y margas del Cretácico Inferior). Yo me comprometería, con un coste máximo de 150000'€ (unos 2 pozos profundos), a conseguir el caudal de agua (que se pierde al mar) de buena calidad que se precisa para abastecimiento de Mutxamel y El Campello.

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