Nuevos datos sobre el límite entre el magma y el agua marina

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Científicos de la expedición «335 Superfast Spreading Rate Crust 4» del IODP («Programa integrado de perforación oceánica») han logrado recuperar un grupo de basaltos templados mediante calor que ofrecen una idea completa del límite entre el magma y el agua de mar, una descripción que no ha estado exenta de complicaciones.

En los trabajos finales del Hoyo 1256D del Programa de Perforación de los Océanos (ODP), una perforación científica profunda de más de 1 500 metros en la corteza ígnea bajo el lecho marino del Océano Pacífico, el equipo de investigación obtuvo testigos de una sección completa de la corteza oceánica intacta hasta los gabros (un grupo de roca ígnea máfica, intrusiva y de grano grueso químicamente semejante al basalto que supone el 66 % de la corteza oceánica) en uno de los emplazamientos de penetración de roca dura más profundos del planeta con fines de perforación científica oceánica, según indicó el IODP en un comunicado.

En cooperación con empresas de prospección, el equipo estudió, aclaró y cebó el Hoyo 1256D ODP para aumentar su profundidad.

La expedición, dirigida por el Centro Nacional de Oceanografía (NOC) de la Universidad de Southampton (Reino Unido) y por el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS), fue la cuarta de una serie desarrollada entre 2002 y 2005.

Según los científicos el mayor proceso activo en la Tierra es la intrusión de gabro. Al año se introducen en la corteza más de doce kilómetros cúbicos de magma nuevo procedente del manto y, añaden, los minerales, la química y las texturas de las rocas gabroides conservan el registro de los procesos sucedidos en las profundidades de las dorsales oceánicas, emplazamientos en los que se genera nueva corteza oceánica.

«La formación de corteza nueva es el primer paso en el ciclo terrestre de tectónica de placas», explicó el profesor Damon Teagle del NOC de Southampton. «Este es el mecanismo principal por el que surge material y calor desde el interior de la Tierra hasta la superficie del planeta. Y es el movimiento y las interacciones de las placas tectónicas de la Tierra las que impulsan la formación de montañas y volcanes, los terremotos y el intercambio de elementos (como el carbono) entre el interior de la Tierra, sus océanos y la atmosfera.»

Por su parte, Benoît Ildefonse del CNRS y la Universidad de Montpellier 2, declaró: «La comprensión de los mecanismos mediante los que se forman placas tectónicas nuevas ha sido uno de los objetivos más importantes y antiguos de la prospección científica oceánica, pero la escasez de muestras adecuadas ha frenado el avance en este sentido debido a que la perforación profunda (hasta más de 1 000 metros en la corteza oceánica) en lavas sin cristalizar y rocas intrusivas de la corteza oceánica sigue planteando retos técnicos de gran envergadura.»

El Hoyo 1256D ODP se sitúa a cerca de 900 kilómetros de la costa oeste de Costa Rica en el Océano Pacífico, y a 1 150 kilómetros al este de la cordillera volcánica submarina conocida como Dorsal del Pacífico Oriental. El hoyo se encuentra sobre corteza de 15 millones de antigüedad formada durante un avance «superrápido» de la antigua Dorsal del Pacífico Oriental en el que las placas recién formadas se desplazaban en direcciones opuestas a más de 200 milímetros por año.

«Aunque la velocidad de separación de 200 milímetros al año es significativamente más rápida que las más rápidas que se producen en la actualidad en nuestro planeta, la corteza de separación superrápida era un objetivo interesante debido a que los experimentos sísmicos en dorsales oceánicas activas indicaban que las rocas gabroides deberían formarse a profundidades mucho más someras que en cortezas formadas a velocidades de separación más lentas», explicó el profesor Teagle. «En 2005 recuperamos rocas gabroides a su profundidad predicha de aproximadamente 1 400 metros bajo el lecho marino, dando peso a la estrategia general de centrarse en zonas de separación superrápida.»

Fuente.- CORDIS

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