Anécdotas sobre Brasil (I): El Niño

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  • Anécdotas Brasil (I): Niño
    La crecida del río/lago Guaíba.

Sobre el blog

Águeda García de Durango
Responsable de Contenidos y Comunidad de iAgua.
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Las pasadas Navidades tuve la suerte de viajar a Brasil para pasar allí el Fin de Año. Concretamente, a los estados de Rio Grande do Sul y Santa Catarina, que en esos días se encontraban en pleno verano austral.

Muchos pensarán que menuda suerte pasar la Nochevieja en la playa. No negaré que es una expericiencia única, en especial sabiendo que cuando me subí al avión en Madrid las temperaturas rondaban los 6 grados y que me esperaba poco más de una semana con papás noeles en bañador adornando los escaparates en un paseo marítimo.

Pero no escribo este texto para contar lo maravillosas que son las playas brasileñas, que lo son, sino con la finalidad de reflejar algunas observaciones relativas al agua (deformación profesional) que fui encontrando en mis 9 días de estancia.

El primer detalle que, por motivos obvios, no escapó a mi atención, fue la lluvia que me recibió nada más pisar el suelo de Brasil. Mucho calor, sí, pero una buena cantidad de agua también. Mi anfitriona estaba muy disgustada con el tiempo, pues los anteriores veranos no se habían 'salido de la norma' y esperaba que este fuera igual: temperaturas rozando los 40 grados en Porto Alegre (donde la conjunción de ríos que la atraviesan se había transformado en una inmensísima masa de agua turbia fluyendo a toda velocidad), capital de Rio Grande do Sul, y algo más suaves en las playas de Florianopolis (Santa Catarina), donde viajaríamos días después. Y efectivamente, nos topamos con esas temperaturas pero con la contribución especial de 'El Niño', que da la vuelta al clima en Sudamérica cada pocos años.

No hay ríos así en España.

Por suerte, no llovió absolutamente todo el tiempo que pasé por allí, aunque diría que no hubo día que no cayeran al menos unas gotas. Para hacerse una idea, es como si lloviera casi sin parar los meses de julio y agosto en Madrid.

Soy consciente de que no es una reflexión con especial interés, pero experimentar El Niño en mis propias carnes me ha hecho ser mucho más consciente la locura climática en la que vivimos.

En la próxima entrega, hablaré de abastemiento y saneamiento del agua en la zona, considerada por los propios brasileños, por cierto, una de las más seguras y avanzadas del país.

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