Terremoto en Ecuador, conflicto en Siria: ¿cómo se trabaja agua y saneamiento en emergencias?

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  • Terremoto Ecuador, conflicto Siria: ¿cómo se trabaja agua y saneamiento emergencias?

Sobre el blog

Alberto Guijarro Lomeña
Ingeniero Industrial y Posgrado en Cooperación Internacional. Agua, saneamiento, desarrollo, sostenibilidad, RSE.
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Hace poco más de una semana un terremoto de 7.8 grados golpeó a la población de la costa de Ecuador, afectando a miles de personas, y recordándonos desastres similares sufridos en 2010 en Haití y 2015 en Nepal. En la actualidad se estima que unos 125 millones de personas se encuentran afectadas por desastres y conflictos que provocan situaciones de emergencia, una situación que se ha incrementado a lo largo de las últimas décadas, y que en casi el 80% de los casos se originan por conflictos armados, como en el caso de Siria.

Los objetivos de una actuación en emergencias se basan en la prevención y el alivio del sufrimiento humano y la preservación de la vida y de la dignidad de las personas afectadas por una crisis, y en estas situaciones el agua y saneamiento son, una vez más, elementos imprescindibles para una intervención efectiva.

Para conocer un poco más sobre el papel del agua y del saneamiento en las emergencias he hablado con Jesús Baena Izquierdo, coordinador WaSH del pool de emergencias de Acción contra el Hambre, ONG con amplia trayectoria en este ámbito. Aquí están sus aportaciones (¡gracias, Jesús!).

Pregunta. Las 24 primeras horas tras una crisis son cruciales para iniciar las bases de una intervención efectiva. ¿Cuáles son las primeras decisiones y actuaciones que deben llevarse a cabo?

Respuesta. Las primeras actuaciones siempre están encaminadas a entender el contexto. Tienen lugar delante del ordenador, revisando la información que ya se haya producido y otras fuentes que te ayudan a entender la situación.

A partir de ahí empiezan las primeras decisiones que tienen que ver con el aprovisionamiento, la movilización de stocks y los recursos humanos. Inmediatamente llegan las decisiones que tienen que ver con las opciones técnicas: en WaSH en emergencias no hay soluciones mágicas que funcionen siempre (ni siquiera las plantas potabilizadoras portátiles, en las que tanto se suele confiar) sino que hay que adaptar mucho la respuesta.

En Níger, para responder a la crisis de refugiados y desplazados por el conflicto con Boko Haram se hace desinfección, rehabilitación y perforación de sondeos. En el tifón Haiyan en Filipinas, se optó por potabilización centralizada con plantas portátiles, pero la mayor parte de la respuesta consistió en distribución de desinfectantes que se utilizaban a nivel de domicilio. El catálogo de posibilidades es muy amplio.

P. A pesar de que cada crisis presenta elementos específicos, y como comentas, cada intervención debe adaptarse totalmente al contexto local y a las características de cada una, ¿cuáles son los elementos fundamentales comunes de una respuesta ante una emergencia?.

R. La primera actuación fundamental en terreno es la evaluación de necesidades. Tiene lugar directamente en el terreno recogiendo datos pero también en las reuniones de coordinación con otros participantes en la respuesta. Casi al mismo tiempo se puede dar una primera respuesta rápida que suele tener forma de distribución, entregando directamente kits de materiales a la población afectada. Esto sirve para contener rápidamente las necesidades más apremiantes hasta que se decide cómo llegar mejor a los afectados.

Una vez que llegan los datos se decide un plan de acción y esto se hace de forma rápida pero sin obviar a los interlocutores clave: primero las poblaciones afectadas que deben tener todo el protagonismo posible en la toma de decisiones, las autoridades locales que conocen mejor que nadie el contexto, el resto de participantes en la respuesta y los técnicos de Acción Contra el Hambre (AcH).

Este plan de acción debe contener un esbozo de lo que se hará más adelante, en la fase de rehabilitación y la estrategia de salida. La respuesta a la emergencia puede durar unos tres meses, pero el programa completo puede durar años: en Filipinas hemos trabajado muy intensamente hasta año y medio después del tifón Haiyan. Y digo un esbozo porque luego se concretará más. Lo que se hace en emergencias es siempre técnicamente más sencillo, se busca la efectividad y el pragmatismo en contraposición a los programas que se desarrollan después de la crisis, que son técnicamente más complejos y que deben alinearse con las políticas públicas (o propiciarlas si no existen) y con la estrategia de diferentes agencias de cooperación, consorcios de ONGs, etc.

Esta parte está liderada por el departamento técnico, que está formado por técnicos que tienen una amplia experiencia en la región y que están muy bien conectados con los agentes locales. Digamos en pocas palabras que los “emergencistas” actuamos y pensamos rápidamente, y los que siguen piensan mucho y actúan más lentamente orientados al largo plazo.

P. Estamos acostumbrados a ver en medios de comunicación las actuaciones que se ponen en marcha una vez se produce un conflicto o desastre, pero no todo el mundo sabe que la actuación en emergencias en muchas ocasiones comienza antes. ¿Qué se hace antes de las crisis y cómo se aborda el ámbito del agua, saneamiento e higiene?

R. En Acción contra el Hambre estamos presentes permanentemente en más de 40 países y se aprovecha esta presencia para elaborar planes de preparación y contingencia con los que intentamos anticiparnos a las emergencias que sobrevendrán. Esto es lo que hacemos antes de las crisis, trabajar en esta preparación interna que siempre involucra a agentes externos como autoridades y ONG locales. Estos planes contienen información muy práctica sobre abastecimiento, gestión de stocks o contratos con suministradores que nos permite movilizarnos rápidamente en caso de emergencia, y nos prepara para las emergencias que puedan producirse en estos países. Para el resto del mundo, el equipo de emergencia se prepara para despliegues autónomos, y se hace un seguimiento y se trabaja en la priorización de las crisis que se producen para saber dónde tenemos que estar.

Por otro lado, y en el marco de los proyectos regulares que AcH lleva a cabo en estos países, se trabaja en apoyar la resiliencia de las comunidades que pueden sufrir desastres. Esto es, mejorar la capacidad que estas comunidades tienen para resistir los efectos negativos de los desastres. En WaSH esto se consigue mejorando las estructuras de gestión local y comunitaria, creando equipos de respuesta local y de alerta temprana, creando infraestructuras de agua y saneamiento orientadas a resistir el impacto de los desastres naturales o los conflictos, equipando los centros de evacuación con infraestructura sanitaria, etc…

P. Existen crisis que no están provocadas por situaciones puntuales como el inicio de un conflicto bélico o un desastre natural, sino por una situación más prolongada como una sequía. ¿Cuáles son los aspectos diferenciales en estos casos?.

En las emergencias de tracto lento como las sequías son fundamentales los sistemas de alerta temprana y el monitoreo constante. Por ejemplo en Centroamérica fortalecemos los sistemas de alerta temprana y vigilancia con los sitios centinela, que es un sistema de monitoreo de base comunitaria que permite anticipar situaciones de vulnerabilidad y hacer frente a los efectos de una crisis alimentaria desde antes de que se produzca. Apoyamos a las instituciones para que puedan poner en práctica estos sistemas de análisis.

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Como vemos, el trabajo en agua y saneamiento en el ámbito de las emergencias difiere mucho de las intervenciones de largo plazo encaminadas a la generación de condiciones que garanticen los derechos humanos al agua y al saneamiento, pero constituyen un espacio fundamental para la preservación de la vida y dignidad de personas afectadas por desastres o conflictos.

Desde mi punto de vista los gobiernos nacionales y la comunidad internacional deben ser ágiles y efectivos en la respuesta a estas emergencias, pero a la vez no olvidar que es preciso actuar sobre las causas ambientales o políticas que están detrás de las crisis humanitarias.

A finales de este mes (los días 23 y 24 de mayo) tendrá lugar en Estambul la primera Cumbre Humanitaria Mundial (¡ya era hora!), en donde esperemos que se generen los compromisos necesarios para hacer frente a los retos existentes para abordar las causas y consecuencias de las emergencias.

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