Agua por encima de nuestras posibilidades

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Sobre el blog

Alberto Vizcaíno
Consultor especializado en instrumentos de gestión para la sostenibilidad e indicadores ambientales, autor del blog Productor de Sostenibilidad.

Quien más, quien menos en algún momento de nuestra formación todos hemos estudiado el ciclo del agua, que hace de ésta un recurso renovable, o eso tenemos implantado en el imaginario colectivo. Todos los ríos van a parar al mar, pero el mar nunca se llena. El sol evapora el agua que la atmósfera transporta hasta que se concentra en nubes que la devuelven en forma de precipitaciones.

Pero en los últimos tiempos estamos viendo que no es suficiente. La velocidad a la que consumimos y contaminamos el agua la convierte en un recurso cada vez más escaso. Y el agua que retorna a la atmósfera va dejando en el océano todo aquello que la acompañó en su viaje. Es algo en lo que deberíamos pensar todos los días, pero que no podemos olvidar en el día mundial del agua en un año como este en el que se relaciona con el desarrollo sostenible.

Su capacidad como disolvente universal nos ha invitado a utilizar el agua para deshacernos de todo tipo de contaminantes

Si el desarrollo sostenible es la capacidad de satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades tenemos que plantearnos muchas cosas. La generación presente en nuestro entorno económico tiene que pensar seriamente qué necesidades quiere satisfacer para permitir a otras generaciones presentes en el plantea, así como a las generaciones futuras, seguir satisfaciendo sus necesidades relacionadas con el agua.

El uso irresponsable del agua, esa maravillosa molécula cuyas propiedades físico químicas hacen posible la vida tal y como la conocemos, hipoteca las posibilidades de satisfacer las necesidades de las generaciones presentes y futuras.

Su capacidad como disolvente universal nos ha invitado a utilizar el agua para deshacernos de todo tipo de contaminantes, desde los restos biológicos de nuestro día a día a productos químicos que poco a poco van pasando a formar parte de listas de sustancias prohibidas. El agua los arrastra cañería abajo, los hace pasar por depuradoras, los lleva a nuestros ecosistemas acuáticos, suelos y aguas subterráneas.

Hacemos un uso insostenible del agua y las señales están por todas partes. Una clara son los avisos de la Unión Europea a España o Grecia, dos países que, al menos, tienen en común que no están depurando sus aguas residuales urbanas conforme a los criterios de la Directiva 91/271/CEE del Consejo, de 21 de mayo de 1991, relativa al tratamiento de las aguas residuales urbanas. En este sentido el problema no es sólo el incumplimiento legal, también el hecho de que la directiva que no cumplimos ni siquiera contempla algunos de los retos actuales de los vertidos urbanos.

Superado el problema higiénico - sanitario de la contaminación fecal, la carga orgánica o la presencia de nitrógeno en las aguas residuales urbanas, el modo de vida de las ciudades aporta cada vez más y mejores contaminantes. En este capítulo encontramos desde sustancias estupefacientes a todo tipo de moduladores endocrinos de efecto hormonal.

La falta de previsión al respecto hace que estos contaminantes salgan de nuestras ciudades a nuestros ríos, donde los hemos detectado por su capacidad de alterar la reproducción de nuestros peces. Quizá el auge de los contaminantes emergentes es un aviso que nos indica que deberíamos plantearnos una aplicación más estricta del principio de cautela. ¿Podemos soltar por nuestras cañerías sustancias que no sabemos depurar?

El tiempo se nos agota. En su viaje de vuelta al mar el agua va dejando cantidades de contaminantes que se acumulan en los ecosistemas. Aún cuando consiguiésemos depurar todos nuestros vertidos hasta valores seguros tenemos un legado de contaminación acumulado en las cadenas tróficas de todo el planeta. Así comer según qué tipo de pescado parece ser una amenaza a la salud.

Quizá es hora de concienciarnos y enseñar a nuestros hijos que renovable y abundante no quiere decir que podamos despilfarrarlo o dejar de prestarle atención

Y los vertidos directos tampoco son la única amenaza para el agua. Una sociedad acostumbrada al consumo intensivo de tecnología de usar y tirar genera presiones insostenibles sobre los recursos minerales. La tala indiscriminada y la minería ilegal ponen en riesgo la disponibilidad de agua potable en las zonas del planeta que nos abastecen de materias primas baratas para fabricar dispositivos baratos que contaminarán el agua donde la industria informal de la recuperación de materiales extrae esos recursos que nosotros llamamos residuos. Nuestros dispositivos electrónicos generan sed y liberan contaminantes que acaban en los peces con los que alimentan a nuestros hijos en el comedor del colegio.

La alimentación sólo es posible si disponemos de suelo fértil y agua suficiente para cultivar las especies vegetales que están en la base de nuestra dieta. Y pese a los avisos en forma de inundaciones que nos alertan de la necesidad de dejar de ocupar los valles fluviales con infraestructuras, industria o viviendas, seguimos empeñados en creernos capaces de dominar los procesos no lineales que rigen el comportamiento de los cauces y caudales de agua. Como si construir una tubería fuese a resolver un problema de mala planificación o no tuviésemos malas experiencias relacionadas con el embalse de agua.

Con los mejores terrenos de cultivo sepultados bajo el asfalto de autopistas y ciudades nos hemos visto agotando reservas subterráneas y salinizado acuíferos costeros para cultivar alimentos sin suelo y bajo plástico.

Ese plástico al que le damos las más variadas aplicaciones de usar y tirar, generando cantidades ingentes de un residuo que acaba degradándose en los más diversos lugares del planeta, contaminando todos ecosistemas oceánicos y costeros.

El agua es víctima de nuestro modelo de consumo. No se trata sólo de garantizar un volumen mínimo diario de agua potable a nuestros vecinos. Se trata de evitar que el mercurio de la extracción de oro en Perú hipoteque la salud de todas las personas que viven aguas debajo de las explotaciones que nos proveen de este material. Incluidos los consumidores de atún. O de prevenir que los metales pesados de nuestros dispositivos móviles acaben en los filetes de panga que recorre en planeta hasta llegar a nuestra mesa.

Un gesto tan sencillo como sustituir las botellas de plástico de todos los usos en los que nos sea posible, previniendo la generación de residuos de envases y creando hábito de reutilización, puede ayudarnos a consumir el agua de un modo más sostenible. Y a prevenir la prevención de microplásticos que acabarán en nuestras playas y en las cadenas tróficas.

Quizá es hora de concienciarnos y enseñar a nuestros hijos que renovable y abundante no quiere decir que podamos despilfarrarlo o dejar de prestarle atención. Un gesto tan sencillo como llenar un vaso de agua tiene importantes consecuencias. Y no podemos ignorarlas si queremos avanzar en un modelo de desarrollo sostenible.

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