Ciclo del agua planetario, la dimensión vital que apenas comenzamos a comprender

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Sobre el blog

Antonio Aretxabala
Geólogo y profesor en la universidad de navarra, además de Delegado del ICOG.
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La Tierra es un sistema interactivo complejo. Cuando alteramos el clima, también alteramos la tierra firme. Pocas personas fuera (e incluso dentro) de las ciencias de la Tierra piensan que nuestro planeta es un sistema interconectado. La mayoría de los científicos creen que lo que pasa arriba en la atmósfera está completamente desconectado de lo que pasa bajo sus pies. Las actuales teorías científicas dominantes sobre las causas de los sucesos sísmicos, volcánicos o tectónicos, se han concebido como si el movimiento espacial de la materia mineral fuera el único acontecimiento a tener en cuenta. No es de extrañar que ninguna de las teorías, hasta ahora, haya resultado realmente satisfactoria incluso para el pensamiento de orientación más mecanicista.

Thales de Mileto, (624-546 a.C.) observó ya hace 2.600 años que cada masa de tierra acababa siempre sobre el agua. A partir de ello dedujo que el conjunto de la Tierra debería estar como flotando en una cama de agua, de la que además ha surgido. Cuando ocurre algo en esa agua recibimos ondas y temblores. Es la primera teoría científica sobre el origen de la sismicidad. En realidad nunca ha sido abandonada y en cada época ha ido acompañando a los paradigmas que han dominado al respecto, desde los castigos divinos hasta la tectónica de placas.

Thales sentencia  así desde hace ya casi tres milenios que esos movimientos del agua sobre la que flotan los continentes los experimentamos como terremotos. Pero la verdadera importancia de su pensamiento radica en el hecho de que él fue el primer pensador conocido en buscar respuestas naturalistas y racionales a las preguntas fundamentales. Así, Thales en lugar de achacar que los objetos y acontecimientos que atribuyen a los caprichos de los dioses esos eventos naturales, se los adjudica al propio movimiento del mundo físico. En especial al movimiento de uno de los cuatro elementos: el agua.  Al hacerlo, él y los filósofos posteriores de la Escuela de Mileto sentaron las bases del futuro pensamiento científico y filosófico en todo el mundo occidental que hoy vuelve a sus raíces.

La cantidad de agua bajo la superficie de la Tierra podría superar ¡tres veces! los océanos de la superficie de nuestro planeta

¿Tanta razón tenía Thales? Pues parece que así es. Esta semana se publica en Nature el trabajo de un equipo de geólogos de la Universidad de Columbia (EEUU) liderado por Yaakov Weiss en el que analizan las inclusiones fluidas traídas a la superficie por diamantes recogidos en varias zonas de la corteza y que corroboran la incisiva mirada del sabio griego. La mayoría de los diamantes nacen en profundidades cercanas a los 200 ó 300 km y, según se van formando atrapan líquidos salinos de su entorno: el manto superior. Como la química de estas inclusiones fluidas no cambia según los diamantes viajan hacia la superficie terrestre, obtenemos una valiosísima información sobre el manto, una región profunda e inaccesible.

La cantidad de agua bajo la superficie de la Tierra podría superar ¡tres veces! los océanos de la superficie de nuestro planeta. Los investigadores de Northwestern y Nuevo México encontraron el año pasado bolsas llenas de magma situadas a unos 650 kilómetros por debajo de América del Norte, una firma probable de la presencia de agua en estas profundidades. El descubrimiento sugiere que el agua de la superficie de la Tierra puede ser impulsada a tan grandes profundidades por las placas tectónicas, causando finalmente la fusión parcial de las rocas que se encuentran profundamente en el manto. Se presentó entonces el descubrimiento de un gran océano de varios kilómetros bajo la superficie de la Tierra. El minerálogo Steve Jacobsen y el sismólogo Brandon Schmandt, encontraron bolsas profundas de agua a cientos de kilómetros bajo América del Norte. El estudio combinó los experimentos de laboratorio de Jacobsen en el que estudia la roca del manto bajo las altas presiones simuladas de 600 kilómetros debajo de la superficie de la Tierra con las observaciones de Schmandt, utilizando grandes cantidades de datos sísmicos de la red sísmica americana, una densa red de más de 2.000 sismógrafos. Por otro lado Michael E. Wysession, profesor de la Universidad de Washington de ciencias terrestres y planetarias, en colaboración con el ex-estudiante graduado Jesse Lawrence (ahora en la Universidad de California, San Diego), analizaron 80.000 ondas en más de 600.000 sismogramas y encontraron un gran área en el manto inferior de la Tierra, debajo de Asia oriental, donde el agua es el amortiguador, o atenuante, de las ondas sísmicas de los terremotos.

Los procesos geológicos de la superficie de nuestro planeta, como son los terremotos o las erupciones volcánicas, son un gesto de lo que está sucediendo a cientos de kilómetros bajo nuestros pies, muy lejos de nuestra mirada, pero ahora puede ayudar a explicar la gran cantidad de agua líquida en la superficie de nuestro planeta habitable.

No cabe duda de que estamos viendo ya las evidencias de un ciclo del agua que abarca a todo el planeta. Los científicos hemos estado buscando esta agua profunda que faltaba para explicar muchas cosas desde hace décadas, ahora hemos dado un paso más hacia su encuentro y comprensión. Gracias a esta dinámica se sostiene nuestra casa global y toda la vida del planeta, corroborando así la clarividencia de Thales de Mileto. Como afirma Jacobsen: “debemos estar agradecidos por esta gran reserva, si no estuviera allí, estaría sobre la superficie de la Tierra, y la cima de las montañas sería la única tierra que se vería sobresalir.”

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