Preparando la Cumbre del Clima en París

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Sobre el blog

Antonio Aretxabala
Geólogo y profesor en la universidad de navarra, además de Delegado del ICOG.
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  • Preparando Cumbre Clima París

Septiembre comienza con la primera reunión en Bonn para negociar aspectos variados de la cumbre de París en torno al cambio climático y las medidas energéticas a tomar. Obama, que ha convertido la lucha contra el calentamiento global en su nueva bandera, realiza una excursión en barco por el Parque Nacional de los Fiordos de Alaska para ver los efectos del cambio climático de primera mano, así apoyará a Shell en las prospecciones del Ártico que tanta lucha ecologista está generando, subrayando las severas medidas de seguridad a que obligará toda actividad en zonas tan vulnerables del planeta. La encíclica del Papa Francisco, 'Laudato Si’', es ya un best-seller en círculos científicos, generando una semana sí y otra también algún artículo o programa de radio o televisión.

Los océanos se están convirtiendo en verdaderas bombas de relojería calorífica que ya generan cada vez reacciones más extremas y violentas.

De aquí a diciembre vamos a ver mucha actividad medioambientalista, vamos a escuchar muy a menudo esos conceptos de cambio climático, calentamiento global, nuevo modelo económico, tasa de retorno energético...

Parece que nuestros mandatarios quieren dar una imagen veraz de preocupación con este enorme problema, pero si profundizamos un poco, vemos que son muchos los casos en que no van más allá del susto que provocan los estudios al respecto, como el más reciente de la NASA: desde 1992, el mar ha subido una media de ocho centímetros, 23 en el último siglo, y no solo por derretimiento del hielo: el mar está más caliente y, por lo tanto, dilatado. Los océanos se están convirtiendo en verdaderas bombas de relojería calorífica que ya generan cada vez reacciones más extremas y violentas.

Una imagen muy difundida por quienes alertamos sobre lo que viene, y que utilizamos para explicar y concienciar de la urgencia de tomar decisiones cuanto antes sobre el calentamiento global, es la de la langosta que descansa plácidamente al fondo de una olla: cuando hierve ya es demasiado tarde para escapar. Ilustramos así una incapacidad biológica basada en fuentes neurológicas para reaccionar ante los lentos, a escala humana, eventos geológicos que amenazan la supervivencia de nuestra especie, pero que en parte sabemos que son fruto de nuestras actividades.

Responsabilidad humana

Sin embargo, en el público en general se detecta una apatía fundada en que el problema es muy complejo, e incluso hay quienes no creen en él, a pesar de un consenso científico del 98%, el mayor de la historia. También sabemos que el restante 2% es sospechoso de trabajar para sectores energéticos con intereses cortoplacistas. Esa apatía se sostiene en el presupuesto de que los demás no hacen 'su parte', lo cual nos exime de hacer la nuestra. Asimismo, se alimenta de la percepción de que no podemos hacer frente a unos eventos geológicos tan poderosos: al fin y al cabo, esta casa común que nos sustenta ha cambiado y seguirá cambiando, y nos precede en su dinámica como seres humanos.

El ser humano puede hacer mucho para luchar contra el cambio climático. Cuando poco a poco llegamos a los cien millones de desplazados climáticos, cuyas tierras ya son estériles, sabemos que urge planificar nuestras ciudades, sobre todo las más vulnerables. Desde 2010 más de la mitad de la población mundial ya vivimos en ciudades, toda una nueva experiencia para la vida en el planeta. Cada vez más, las ciudades -enormes núcleos ansiosos de energía, alimentos, servicios, mercancías…, y productores de desechos- configuran una 'urbanosfera' (de la que muchos dirigentes aún no se han percatado) cuya continuidad y sostenibilidad debe ser articulada por el propio ser humano.

En un contexto de decrecimiento constante de los insumos energéticos netos, en un mundo donde las tasas de retorno energético van siendo cada vez menores, adquieren un papel protagonista la eficiencia, el nuevo urbanismo basado en la resiliencia, el ahorro y, sobre todo, como bien dice el Papa Francisco, el exigible cambio de mentalidad con respecto a nuestra casa común.

Es probable que la última era geológica que nos enseñaron en las escuelas, el Cuaternario Holoceno, haya dado paso ya al Antropoceno, la era en que el esculpido y la dinámica del planeta corren en buena parte de la mano de anthropos. En nuestra mano está el demostrar que las estructuras disipativas y autoorganizadas inteligentes pueden preservar el medio que las sustenta y así no destruirse mutuamente; que las estructuras disipativas no siempre acaban en plagas agotando el medio para desvanecerse.

El ser humano debe ahora demostrar que su inteligencia supera a la de los seres unicelulares, aquellos que perecen en un matraz cuando agotan el sustento, cuando después de su fenomenal multiplicación geométrica, basada en la disponibilidad inmediata pero finita de recursos, pasan por fases de autodestrucción escalonadas hasta que los agotan, toxifican el medio, y desaparecen…

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