Compensación de la huella hídrica: una mitigación sólida para un recurso líquido

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Avina
El objetivo principal de Avina es contribuir a cambios concretos y relevantes para un desarrollo más sostenible en América Latina.
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  • La medición de la Huella Hídrica nos ayuda a obtener información acerca de cuánta agua consumimos.

La incidencia de las actividades productivas sobre los efectos que produce el cambio climático en los ecosistemas es innegable. Mientras que en un hemisferio una ola polar amenaza las vidas de miles de habitantes y congela economías enteras, el otro convive con altísimas temperaturas que en muchos lugares han batido records históricos. Un mismo ecosistema, como el Gran Chaco Americano, puede sufrir sequías e inundaciones con tan solo meses de diferencia. Ante estos escenarios extremos, emerge la Huella Hídrica como sistema para medir los impactos en un recurso vital como lo es el agua, y orientar iniciativas para mitigar efectos y compensar daños al planeta.

Ante los escenarios extremos, emerge la Huella Hídrica como sistema para medir los impactos en un recurso vital como lo es el agua

El concepto más utilizado para medir el impacto de las actividades humanas y productivas en el cambio climático es la Huella de Carbono, que mide la cantidad neta de Anhídrido Carbónico (CO2) que se emite a la atmósfera como producto de un proceso humano o industrial.

Sin embargo, existe otro concepto menos conocido pero igual de efectivo en su medición del impacto, como lo es la Huella Hídrica, que fue introducido por el profesor Arjen Hoekstra de UNESCO-IHE en el año 2002 y refinado y perfeccionado en los años subsiguientes. La Huella Hídrica es un indicador de uso de agua y se define como el volumen total (directo o indirecto) de agua dulce consumida, evaporada o contaminada por la sociedad, medida por unidad de tiempo en el caso de los individuos y comunidades, o por unidad de masa en caso de las empresas.

Son tres los tipos de Huella Hídrica:

  • La huella hídrica azul se refiere al consumo de los recursos de agua azul (agua superficial y subterránea) a lo largo de la cadena de suministro de un producto.
  • La huella hídrica verde se refiere al consumo de los recursos de agua verde (agua de lluvia).
  • La huella hídrica gris se refiere a la contaminación y se define como el volumen de agua dulce que se requiere para asimilar la carga de contaminantes más allá de las concentraciones naturales del lugar y la calidad del agua.

La medición de la Huella Hídrica nos ayuda a obtener información acerca de cuánta agua consumimos y cuanta agua contaminamos en nuestros procesos productivos. Esta información es posible calcularla a nivel del individuo, de una empresa u organización, y de una comunidad o país.

Se calcula, por ejemplo, que para producir un kilogramo de huevos se requieren 3.300 litros de agua (toda el agua que consumen las gallinas, más el agua para limpiar los gallineros, etc.). Para producir 1 kilo de carne vacuna se requieren 15.500 litros de agua (aunque esto varia con el clima, el tipo de ganado, la alimentación suplementaria y otras variables).

Un país puede tener Huella Hídrica positiva si “exporta” agua virtual a través de los productos que envía fuera de su sistema 

Es posible, incluso, hacer los cálculos con un enfoque global. Un país puede tener Huella Hídrica positiva si “exporta” agua virtual a través de los productos que envía fuera de su sistema o Huella Hídrica negativa si “importa” agua a través de los productos que compra y consume. Tomemos el caso de Japón, que tiene una huella hídrica de 1.150 metros cúbicos per cápita y cuyo balance es negativo en 65% porque “importa” más agua al adquirir bienes y servicios, que el agua que “exporta” con sus productos.

Mitigación y Compensación

La medición de Huella Hídrica nos permite también establecer la situación de consumo o afectación del recurso hídrico y sirve como base esencial para el desarrollo de estrategias que permitan su optimización o compensación.

Toda empresa o actividad consume mucha agua en la generación de productos o en la provisión de servicios, lo que se conoce como la Huella Hídrica de una empresa. Muchas veces esta agua se vuelve no disponible para el consumo humano luego de los procesos a los que es sometida, por ejemplo por la contaminación sufrida por el uso humano o por procesos industriales que la desnaturalizan. Pero también se puede producir la pérdida de disponibilidad del agua por la “exportación” de esa agua a través de la producción de bienes o servicios, tales como tomates, naranjas, sandías, bebidas embotelladas que llevan mucha agua para fuera del sistema. El público consumidor exigirá cada vez más que se mitigue o se compense la utilización de un “recurso público”, el cual queda desnaturalizado luego de su utilización, y premiará las iniciativas empresariales que traten de reducir el impacto con inversiones que demuestren un compromiso duradero. Muchas veces, la mera descontaminación, ya de por sí costosa, no es suficiente para diferenciarse de los competidores. Es necesario mitigar o compensar socialmente la externalidad negativa del accionar empresarial. Por fortuna, ya existen herramientas para hacerlo de manera eficiente, costo-efectiva y con inclusión social.

Una de las maneras más eficientes de mitigar la Huella Hídrica es a través de acciones efectivas para favorecer y acelerar la recarga de los acuíferos, de donde se está extrayendo agua, casi siempre con balance negativo para el acuífero. Existen mecanismos para acelerar esta recarga, como por ejemplo la plantación de árboles en laderas o la instalación de reductores de velocidad en cañadones- por donde circula el agua muy rápidamente y por ende, no permite que se infiltre en el suelo para recargar el acuífero. Instalando barreras para reducir la velocidad, tales como camellones, terrazas, tapias, u otros mecanismos físicos que reducen la velocidad de escorrentía del agua, se fuerza al agua a infiltrarse en el suelo y a recargar los acuíferos. Las hojas y ramas de los árboles también disminuyen el impacto de las gotas de lluvia cuando llegan al suelo, evitando la erosión y aumentando la infiltración. Las raíces de dichos árboles penetran el suelo, lo vuelven más poroso y por lo tanto, éste recibe y almacena mejor el agua. Todo esto, en conjunto, mejora la capacidad de recarga de agua en el acuífero.

Ejemplos de proyectos de compensación

En el marco de la alianza entre Avina y Coca-Cola South Latin, la Iniciativa +AGUA apoya los siguientes proyectos:

  • En las sierras de la provincia de Córdoba, Argentina, se impulsan una serie de proyectos que favorecen el desarrollo del bosque nativo. Esta estrategia es muy importante ya que, de la salubridad del ecosistema nativo, depende que se produzca una adecuada infiltración del agua en los suelos y niveles de agua subterránea, indispensable para el abastecimiento del recurso en una zona climáticamente muy vulnerable. Se están llevando adelante dos proyectos de forestación con especies nativas, y un proyecto que promueve una estrategia integral de recuperación del bosque nativo, a través de acciones de fortalecimiento de la lucha contra incendios -principal factor de afectación- reforestación, control de especies exóticas, entre otros aspectos. Por último, avanza una iniciativa que promueve la recolección de agua de lluvia a través de aljibes o reservorios individuales, en poblaciones con limitaciones de disponibilidad del recurso para consumo.
  • En Chile se apoyan dos proyectos en el mismo sentido, uno en la región Metropolitana, en San Pedro de Melipilla, que tiene como objeto el desarrollo de obras que faciliten la infiltración completa en suelos y acuíferos del agua precipitada, y otro en la Región de Coquimbo, de forestación con especies nativas en regiones muy vulnerables respecto del equilibrio de los acuíferos.
  • En la región de Ancash en Perú se está desarrollando una iniciativa que tiene por objeto la optimización del funcionamiento de plantas de tratamiento de aguas residuales en pequeñas comunidades localizadas en el ámbito de las Cordilleras Blanca y Negra. Este aspecto es esencial para mejorar las condiciones de vida y salubridad de la población, y para preservar la calidad de agua de las cuencas hídricas, en particular el río Santa.

La empresa Villavicencio, del grupo Danone, y la ONG Banco de Bosques en Argentina, se unieron para crear el primer parque nacional de ese país por suscripción pública, conocido como “La Fidelidad”. Este es un ecosistema que representa el bosque seco subtropical más grande y con mayor biodiversidad del mundo. Para eso organizaron la campaña “Dejá tu Huella, una Reserva por más Reservas”, mediante la cual, durante dos meses, por cada botella vendida, la empresa se comprometió a proteger un metro cuadrado de bosque chaqueño nativo, para así contribuir en la lucha contra la deforestación. Tras la exitosa campaña –respaldada por la conducta preferencial del consumidor a la hora de elegir el agua envasada que adquiría- se anunció la protección de 22 millones de metros cuadrados de bosque en la zona del futuro parque nacional.

La cosecha de agua de lluvia es un mecanismo simple de acumulación y almacenamiento de agua que, increíblemente, no se ha generalizado como debiera, ya que forma parte de un cambio cultural sobre la gestión del agua que, se podría decir, está en sus inicios. Ella consiste en recoger con canaletas y cañerías el agua que llega a los techos de las casas y almacenarla en unas cisternas o tanques reservorios, para consumo humano o animal, durante el tiempo de sequía. Una experiencia pionera en ese sentido es la de la Articulación del Semi Arido (ASA) en Brasil, aliados de Avina, que ha logrado que sus Programas “1 Millón de Cisternas” y “Una Tierra, Dos Aguas”, se conviertan en política pública en Brasil. A través de esta iniciativa, el ASA ha logrado ya que más de 3,5 millones de personas aseguraran su acceso al agua y se acercaran a una mayor seguridad alimentaria, en un proceso de convivencia con el Semi Árido.

En Costa Rica, la Fundación FEMSA está favoreciendo el trabajo de las organizaciones comunitarias que quieren preservar el origen de sus aguas, a través de la compra de las cabeceras de agua y de la reforestación de sus laderas y cuencas. El Instituto Nectandra desembolsa los créditos ecológicos a las Juntas de Agua, que se deben repagar en cinco o diez años, sin intereses, con los cuales se compran las tierras y se realizan las actividades de forestación o pagos por servicios ambientales. Los intereses se pagan de manera social, al comprometerse dichas agrupaciones a hacer trabajos de educación y de mejoramiento del ecosistema, para favorecer el uso sustentable del recurso.

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