¿Cómo adaptarse a los impactos del cambio climático en los recursos hídricos? Una respuesta de México

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Sobre el blog

Colin Herron
Actualmente Gerente del Programa de Agua Dulce en México y el Norte de Centroamérica para The Nature Conservancy (TNC)
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  • Un artículo de Colin Herron: Asesor internacional independiente en agua y cambio climático

El propósito de este blog no es entrar en la polémica de si o no el cambio climático existe. Para poder decir que toda certeza científica que el cambio climático está ocurriendo, necesitamos contar con un período de observación de más larga data. Pero mientras tanto, no nos podemos quedar observando datos para categorizar los cambios que actualmente estamos viviendo, ya que sí tenemos pruebas de que la variabilidad climática natural se ha estado acentuando en intensidad y frecuencia en años recientes, y que el agua es el principal medio a través del cual los impactos del cambio climático se manifiestan en los sistemas humanos y naturales. Por lo anterior, en este blog se argumenta que lo que menos importa es el nombre que se le ponga a este cambio en la variabilidad climática – lo que sí importa es cómo predecir y adaptarse mejor a estos cambios.

Para decir con certeza que el cambio climático está ocurriendo, necesitamos un período de observación más largo. Mientras tanto, no nos podemos quedar observando datos para categorizar los cambios.

Tomemos el ejemplo de México; un país naturalmente vulnerable a los cambios en el clima, ya que el 15% de su territorio, el 68.2% de su población y el 71% de su PIB se encuentran altamente expuestos al riesgo de los impactos adversos directos del cambio climático, según datos del Banco Mundial. En los tres últimos años el país ha vivido por lo menos tres condiciones hidrometeorológicas extremas consecutivas, que han tenido cuantiosos costos económicos para el país:

  • 2010 fue el segundo año más lluvioso en México desde hace 70 años, conllevando inundaciones extremas. El costo de los daños se estiman en los 5.3 mil millones de dólares (CEPAL, 2010)
  • A inicios del 2011 y en septiembre del mismo año, se tuvieron heladas atípicas, las más graves en los últimos 55 años. Los daños de las primeras heladas se estiman en 2.4 mil millones de dólares en nueve estados, únicamente en el sector agrícola (UNAM, 2011) y el costo de las segundas heladas se estimaron en 392 millones de dólares en seis estados (Diario Respuesta, 2011);

A finales del 2011 y hasta mediados del 2012, se sufrió en el país la peor sequía en los últimos 70 años, cuyo costo en el sector agrícola se estimó en 1.3 mil millones de dólares (USDA, 2012).

Las inundaciones, las heladas y la sequía no son atribuibles directamente al cambio climático, siendo fenómenos que ocurren con cierta frecuencia, y que además se deben a condiciones tanto climáticas como humanas. No obstante, la intensidad de estas condiciones en años recientes sí llama la atención, y sin reflexionar excesivamente sobre los causantes, se requiere forzosamente una mejora en la gestión de los recursos hídricos, de forma integral con otros esfuerzos de adaptación, para remediarlas. Claro, algunos pueden decir, resulta muy fácil decir eso en términos abstractos, pero siendo tangible, ¿qué forma deben tomar estas medidas? Y ¿cómo un país como México enfrenta estos impactos?

La Conagua, a través de la OMM, me encomendó el catálogo y análisis de las medidas implementadas en México para encarar la problemática del agua y cambio climático.

La Comisión Nacional del Agua de México (Conagua), a través de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), encomendó a un servidor a finales del año pasado para analizar las medidas que se han implementado en años recientes para encarar esta problemática en el país. Dicho análisis se cristalizó mediante dos productos: un catálogo de las acciones de agua y cambio climático en México en los últimos seis años, agrupando 118 acciones en la materia, y un documento de análisis y recomendaciones, disponible en español e inglés. Ambos productos presentan una visión de la riqueza de acciones emprendidas a diferentes escalas, con tecnologías apropiadas para la problemática en cuestión, haciendo uso de medios de financiamiento innovadores, y con el propósito de incrementar a la vez la base de conocimiento y la respuesta institucional, que en todos casos requiere de una cooperación y una coordinación estrecha entre diferentes actores, tanto dentro como fuera de la llamada “caja de agua”. 

Entre las principales conclusiones de este análisis está el hecho de que, ante la incertidumbre sobre los impactos a futuro del cambio climático, pero ante la certeza de que el país en la actualidad está sufriendo pérdidas multimillonarias por eventos hidrometeorológicos extremos y procesos de evolución lenta – pérdidas que son más severas por los rezagos que tiene México en materia de desarrollo y agua – la comunidad de agua en México parece estar enfocando sus acciones principalmente en adaptarse a los impactos de dichos eventos extremos en el corto plazo, antes de concentrarse en prioridades de mediano y largo plazo. O en otras palabras, México se está adaptando a la variabilidad climática actual, más no aun plenamente al cambio climático a futuro. Al adoptar este enfoque en el presente, resulta interesante observar que se está incrementando la resiliencia ante impactos futuros, confiriendo beneficios múltiples a la inversión económica realizada en medidas de adaptación en materia de agua. En este orden de ideas, cabe señalar que la mayoría de las acciones en el catálogo se pueden justificar plenamente con o sin la ocurrencia del cambio climático, siendo lo que se podría llamar “business-as-usual”.

México se está adaptando a la variabilidad climática actual, más no aun plenamente al cambio climático a futuro.

La adaptación al cambio climático es un proceso en marcha, en el que inciden factores económicos, tecnológicos, sociales, demográficos, ambientales y de gobernanza. Por lo tanto, debe ser abordado desde una perspectiva interdisciplinaria y multinivel, que requiere claramente que los gestores del agua adopten una visión mucho más amplia del lugar preponderante del recurso hídrico en los procesos de desarrollo sostenible, una visión que se podría calificar como “fuera de la caja de agua”. En este sentido, el propósito de este esfuerzo es no solamente compartir la información al interior del país (para poder “puentear” las divisiones clásicas entre los diferentes órdenes de gobierno y los sectores al interior de un mismo gobierno, y entre éste y el sector privado, la academia y la sociedad civil), sino también compartir los avances logrados con otros países que están enfrentando el mismo reto. Ésta es la visión desde México - ¿cómo están abordando esta problemática en los demás países de la región? 

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