La participación pública, esa gran desconocida

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Sobre el blog

Eduardo Lafuente
Eduardo Lafuente es Ingeniero de montes de la Comisaría de Aguas de la Confederación Hidrográfica del Segura.

Hace unos meses se celebró quizás el evento más importante para los profesionales que tenemos la suerte de trabajar en y para el medioambiente, el Congreso Nacional de Medio Ambiente, el CONAMA.

Dentro de la extensa programación dedicada al sector del agua hubo una jornada sobre Planificación Hidrológica cuya última sesión era “Participación pública y gobernanza”. Curiosamente, pasamos de un auditorio  que estaba totalmente completo, con muchos de los máximos responsables del agua, a otro escenario casi “desierto”, con más del 80% de las sillas vacías. Recordaba algún episodio del reciente debate del estado de la nación.

La participación pública es una tarea compleja, que necesita tiempo y recursos

Una de las primeras preguntas que se hicieron fue que cómo se analizaba la situación y la importancia de la participación pública en el proceso de planificación hidrológica que había culminado con la redacción de los planes hidrológicos de cuenca. La respuesta fue clara, simplemente había que mirar la ocupación de la sala en ese preciso momento. Eso ya era  suficientemente revelador del interés que tal tema suscita.

Cuando uno aprueba una oposición y entra de funcionario, llega cargado de ilusión y con ciertos ideales de defender el bien público, aplicar correctamente las leyes que tenemos y emplear todos esos vastos conocimientos aprendidos en nuestro moderno y eficaz sistema educativo (por favor que no se me tome al pie de la letra todo lo que digo). La conclusión es que como buenos funcionarios aplicaremos la ley con el rigor necesario, e intentaremos diseñar y ejecutar de la mejor manera posible esos grandes proyectos/obras que tenemos entre manos o en la cabeza  (últimamente son todos en la cabeza). Nadie nos habló jamás de qué es la participación pública en un proyecto más allá de que era un tipo de consulta pública que generalmente quedaba sin respuesta y que más que una mejora era un trámite que había que pasar.

Desgraciadamente nunca nos enseñaron a ver la gran complejidad que puede tener hasta la actuación más pequeña, la gran diversidad de actores implicados y lo necesaria que es una buena dosis de capacidad de negociación.

Hace unos años se fraguó la llamada Estrategia Nacional de Restauración de Ríos (ENRR), que se ha aplicado a veces con más ganas que recursos en muchos proyectos de restauración (y digo restauración, no limpiezas, dragados, encauzamientos, etcétera, que serán o no necesarios pero jamás serán restauraciones ambientales) ejecutados por las Confederaciones Hidrográficas. Dentro de la ENRR, uno de los pilares principales al hilo de lo que establece la Directiva Marco del Agua es la participación pública y por ahí empezamos a trabajar.  

Las primeras reuniones nos sirvieron para comprender que la participación pública es una tarea compleja, que necesita tiempo y recursos y que muchas veces más vale no hacer nada antes que hacer y meter la pata. Además la cuenca del Segura no es precisamente una de las más fáciles en cuanto a gestión dada la escasez del recurso.

El resultado, tras más de una asamblea digamos “complicada” , fue que los proyectos se mejoraban con este proceso. Pero nos faltaba algo, nos seguía faltando algo. Se demostraba que esos “enemigos” que de entrada tememos (regantes, ecologistas y demás usuarios del río), muchas veces pueden convertirse en aliados aportando una visión distinta pero totalmente compatible con nuestro objetivo y que lejos de ser una piedra en el camino, son una importante ayuda y fuente de conocimiento a la hora de abordar la redacción de los proyectos.

Tuvimos la suerte además de tener compañeros de otras Confederaciones Hidrográficas donde la participación pública es un pilar (por ejemplo ese mítico proyecto del río Órbigo llevado a cabo por la Confederación del Duero o algún otro desarrollado por la Confederación del  Tajo), por lo que pudimos aprender rápidamente de ellos.

Y llegó el año 2013 y empezamos a trabajar en el proyecto Segura Riverlink (www.segurariverlink.eu). Para nosotros era un proyecto ambicioso, que toca temas como la conectividad fluvial, restauración ambiental o eliminación de especies exóticas, pero lo realmente novedoso para nosotros, era quizás la importancia que se le iba a dar a la participación pública  e inmediatamente relacionado con ello,  a la custodia del territorio y al voluntariado.

A día de hoy llevaremos más de 40 reuniones con propietarios de fincas, concesionarios, arroceros, asociaciones ecologistas y decenas de actividades de lo  más variopinto (desde limpiar frezaderos, a concursos de pintura, plantaciones con voluntarios o marchas en bici).

Podríamos decir que ha sido un camino de rosas, que normalmente la gente acepta sin problemas lo que sugieres, que tienen gran confianza en nuestra Confederación,  que son muy participativos o que no hemos cometido ningún error técnico en el proyecto. Pero no, lo cierto es que nos hemos equivocado, nos hemos disgustado porque venía poca gente a las actividades, no hemos desesperado al ver que no conseguíamos llegar a un determinado público objetivo y así podríamos seguir. Pero siempre hemos conseguido aprender  algo de nuestros errores y nunca hemos dudado de que la mejor opción para desarrollar nuestros objetivos es que la gente participe, entienda, aprenda, disfrute, crea en el proyecto y que finalmente lo divulgue .

Para nosotros resulta impagable todo lo que hemos aprendido en estos meses, como la gestión del coto arrocero de Calasparra, y ya somos capaces de entender (y nos ha costado), cuáles son los principales problemas y reivindicaciones que tiene el colectivo de regantes. Y tampoco me cabe duda de que ahora ellos conocen un poco mejor a esos barbos autóctonos que circulan por el río o la importancia que tenía esa sauceda que desapareció quizás no hace tanto tiempo.

No siempre vamos a estar de acuerdo ni éste será posible, pero se ha abierto un canal de comunicación del que se beneficiarán los proyectos venideros (www.ripisilvanatura.eu) y que servirá para que la información fluya en los dos sentidos, se han tendido puentes. La administración no deja de ser un instrumento de los ciudadanos y para los ciudadanos. Cada acuerdo de custodia fluvial firmado entre una entidad de custodia (muchas veces asociaciones ecologistas)  y un  propietario de una parcela adyacente al río, un regante con muchas veces un uso intensivo de la tierra, es un ejemplo de lo que debería ser el desarrollo sostenible. Para nosotros era impensable la buena sintonía que existe en el proyecto entre actores que parecían antagónicos, cuando muchas veces tienen objetivos parecidos (uno es,  que el río esté en el mejor estado posible). Los agricultores en muchos casos están empezando a cultivar en ecológico y a veces son asesorados por las mismas asociaciones ecologistas, da prueba de la madurez que tienen los dos colectivos.

El título del concurso se refería a la implicación de la gestión del agua en el desarrollo sostenible. Pues bien, si tenemos alguna posibilidad de mejorar esa gestión para conseguir el desarrollo sostenible,  pasará por abrir a la participación pública ACTIVA (se nos quedan cortos y burocratizados esos Consejos del Agua) a todos los sectores implicados, tanto en pequeños proyectos como en complejos procesos de planificación hidrológica, con todas las diferencias y particularidades que tiene cada uno, y reconociendo que participación no es “monopolización” y que la Administración debe tener la última palabra; pese al esfuerzo, merece la pena.

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13 de Octubre, 2013