Las inundaciones en España: ¿podemos hacer algo más?

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Sobre el blog

Félix Francés
Catedrático de Universidad en la UPV y Director del IIAMA, ha dirigido más de un centenar de proyectos de I+D+i en el área de la Ingeniería del Agua.
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  • Inundación masiva del río Ebro entre Novillas y Pina del Ebro, 2 de marzo de 2015.
    Inundación masiva del río Ebro entre Novillas y Pina del Ebro, 2 de marzo de 2015.

Recientemente un periodista me preguntó si se podían evitar las crecidas del río Ebro. La respuesta fue que “evidentemente no”. En realidad la pregunta estaba mal hecha, ya que lo que nos tenemos que cuestionar es si podemos reducir el riesgo de inundación, en cuyo caso la respuesta pasa a ser claramente que sí.

Las inundaciones son un fenómeno natural, cuyo impacto sobre las personas y sus propiedades puede ser muy negativo. En los países desarrollados las inundaciones masivas actualmente causan ninguna o muy pocas muertes y son fundamentalmente un problema económico. De hecho, en estos países la mayor parte de las muertes se producen en situaciones de avenidas relámpago, cuando personas o conductores tratan de cruzar barrancos por badenes inundables o rescatar su coche aparcado en una calle (que discurre por lo que antiguamente era un cauce)… y las aguas acaban por llevarse a la persona, al coche y a su propietario. Es decir, la resolución de los problemas de las inundaciones masivas en España debe tener un enfoque fundamentalmente económico, mientras que para reducir el número de víctimas, tenemos que concentrarnos en las situaciones generadas por las avenidas relámpago.

Rescatando coches durante una crecida del río Palancia a su paso por Sagunto, 23 de marzo de 2015.

Las crecidas que pueden generar inundaciones podremos reducirlas, pero nunca eliminarlas del todo por grandes que sean nuestras inversiones en infraestructuras de defensa. Además, no hay que perder de vista que los ríos necesitan las inundaciones para el mantenimiento de sus ecosistemas fluviales en estado natural. Por ejemplo, hemos demostrado en investigaciones recientes que sin el efecto destructivo de una gran crecida la vegetación de ribera desaparece y su espacio pasa a ser ocupado a largo plazo por la vegetación terrestre.

Habitualmente se confunde riesgo y peligrosidad, cuando técnicamente son términos diferentes. Se entiende por riesgo de inundación a la combinación probabilística entre su peligrosidad (determinada por su frecuencia y por su magnitud) y la vulnerabilidad de los elementos antrópicos que pueden verse afectados (daños económicos e intangibles que se pueden producir en función de la magnitud de la inundación) en función de su exposición a la inundación. Es por tanto un valor medio, que si se calcula en términos económicos tendrá unidades de euros al año. O si se está evaluando el riesgo de pérdida de vidas humanas, el resultado será de muertes al año.

Esquema conceptual del riesgo de inundación.

Como bien se indica en la Directiva Marco del Riesgo de Inundación(1) o anteriormente en el PATRICOVA(2), el objetivo frente a las inundaciones tiene que ser la reducción del riesgo, es decir, reducir el impacto esperado de las inundaciones, tanto económico como intangible. Por tanto, la consecución de este objetivo puede ser vía la reducción de la peligrosidad (normalmente con medidas de tipo estructural como son presas, encauzamientos, motas, … pero también la reforestación) y/o mediante la reducción de la vulnerabilidad y de la exposición (cambios de uso del suelo, zonas de sacrificio, sistemas de alerta y emergencia, planificación territorial, seguros, etc.). Es clara la efectividad de las medidas estructurales y siempre hay que tenerlas en cuenta a pesar de su fuerte impacto ambiental, pero las medidas no estructurales también pueden ser efectivas. Veamos algunas de ellas.

Dentro del proyecto ROOM FOR THE RIVER(3), entre otras cosas comprobamos que la reforestación es una actuación que disminuye fundamentalmente la magnitud de las crecidas más frecuentes (que son las que más contribuyen al riesgo) y que en es una medida que puede ser más efectiva que la construcción de un embalse con capacidad equivalente al aumento de retención que genera el bosque. Un embalse equivalente es más barato (lo que se traduce en una mayor eficiencia económica) y entra en funcionamiento inmediatamente (el bosque tiene que crecer), pero puede tener impactos ambientales y sociales no admisibles. Por contra, el bosque tiene otros servicios ecosistémicos que ayudan a compensar su menor eficiencia. Debemos tener en cuenta todas las ventajas e inconvenientes de todas las actuaciones posibles para tomar la decisión adecuada.

Las crecidas que pueden generar inundaciones podremos reducirlas, pero nunca eliminarlas del todo por grandes que sean nuestras inversiones en infraestructuras de defensa

Un sistema de alerta en tiempo real disminuye los daños económicos y de víctimas, por que se reduce la exposición de los bienes y de las personas en el momento de la inundación. También son útiles en el caso de crecidas lentas, como las generadas por fusión de nieve, en la medida que permite un vaciado preventivo de los embalses de cabecera para incrementar la laminación de la crecida; es decir, en este caso el sistema de alerta disminuye la peligrosidad de inundación de forma activa. Un sistema de alerta requiere de una red de observación, de una predicción meteorológica a corto plazo (especialmente con las avenidas relámpago), de modelos que nos transformen las predicciones meteorológicas en calados en la zona de inundación y de un sistema de puesta en marcha de los planes de emergencia. En España, AEMET ya realiza predicciones meteorólogicas suficientemente precisas, los SAIH recopilan adecuadamente la información hidrometeorológica y tenemos un buen sistema de Protección Civil, pero queda mucho por hacer en cuanto al empleo de modelos hidrológicos e hidráulicos para la predicción en tiempo real, y en cuanto a la incorporación de la incertidumbre en la toma de decisiones.

Calados máximos para 100 años de período de retorno por desbordamiento del barranco de Beniopa al norte de Gandía, según el SNCZI.

Pero por encima de todo, la medida más efectiva es la planificación territorial: no situar los elementos más valiosos y más vulnerables en las zonas de mayor peligrosidad. Es más, hay que dejar que el río ocupe de su espacio forma natural o incluso con zonas de sacrificio artificiales, para que el efecto de laminación de la zona inundada se mantenga o sea mayor hacia aguas abajo. Pero ojo, no se puede caer en la prohibición total ya que, por ejemplo, existen muchos municipios que son inundables casi en su totalidad y puede que no sea admisible socialmente su traslado. En este sentido, la Normativa Urbanística del PATRICOVA debe ser considerada como pionera en el establecimiento de condicionantes “razonables” a las limitaciones de usos en zonas inundables.

Es la evaluación adecuada del riesgo la que nos permite adoptar las decisiones más adecuadas dentro de un plan de gestión del riesgo de inundación. Estos planes de gestión son el objeto de la tercera fase de la Directiva Marco de del Riesgo de Inundación, deben estar finalizados este año para las zonas de inundación que se seleccionaron en la primera fase y se requiere su revisión cada 6 años. A escala regional, esta evaluación permite priorizar las actuaciones y valorar la reducción general obtenida con un plan a gran escala, mientras que el estudio en detalle en una zona de inundación permite justificar o no la inversión en medidas estructurales y la comparación de medidas para su selección. Así, uno de los resultados que obtuvimos en el PATRICOVA fue que no tenía ningún sentido económico la realización por parte de la administración pública de nuevos encauzamientos fluviales fuera de las zonas urbanas ya consolidadas. Es decir, los encauzamientos son siempre efectivos si están bien diseñados y con técnicas de eco-ingeniería se puede limitar su impacto ambiental, pero no son eficientes económicamente en zonas rurales.

La reforestación es una actuación que disminuye fundamentalmente la magnitud de las crecidas más frecuentes

Además, los planes de gestión del riesgo deben plantearse a escala de cuenca hidrológica, fundamentalmente para no cometer errores. El incremento de la capacidad de desagüe de un tramo mediante dragado, encauzamiento, motas o diques empeora la situación aguas abajo, lo cual hay que tenerlo en cuenta en una visión integral del problema. Es mucho mejor tener un plan de emergencia para toda una zona de inundación, que un plan de emergencia para cada municipio de forma descoordinada.

Recuerdo perfectamente un reportaje de televisión sobre las inundaciones del Ebro de febrero de 2003, en las que una mujer lloraba ante la cámara delante de su vivienda unifamiliar inundada, diciendo entrecortada y amargamente que le pilló por sorpresa la crecida y que “… si hubiera sabido que era inundable no la habría comprado”. La información y aprender a convivir con el río debería ser la primera y principal medida. En el primer caso, el PATRICOVA, otros programas regionales y el SNCZI(4) han supuesto un avance significativo. En el segundo caso, nos queda mucho por hacer.

Referencias:

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