¿Cómo será el consumidor de agua potable del futuro?

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Sobre el blog

Francisco Javier Salguero
Ingeniero Industrial y Máster en Ingeniería Hidráulica y Medio Ambiente. En la actualidad, se encuentra especializándose en hidráulica urbana.
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Hace unos días me topé con un estudio llamativo. Se trataba de un informe realizado por Amadeus y Future Fundation en el cual intentan perfilar cómo serán los viajeros en el año 2030. Por ejemplo, el viajero cultural (cultural tourist) busca conocer la forma de vida tradicional de un lugar o su comida original, o el viajero de negocios (obligation meeter), pretende llegar a tiempo a una reunión y volver a casa, entre otros.


A raíz de este estudio, y llevando esta idea a nuestro terreno, me pregunté cómo sería el consumidor de agua potable del futuro. Complicado saberlo.

Es un estudio de antropología nada trivial, y sobre el cual no he encontrado nada al respecto. Así que lo único que se me ha ocurrido es preguntar a los más sabios del lugar, a los ancianos. Ellos pueden echar la vista atrás 60-70 años y recordar qué había entonces y cuál ha sido la evolución hasta hoy.

En los años 40, poco después de la Guerra Civil Española, en el pequeño municipio de Sax (Alicante) no contaban con los sistemas de distribución que existen hoy en día. Cuando se quería agua era necesario pasear hasta la fuente pública más cercana, llenar los cántaros y volver a casa. Cada cual se llevaba lo necesario para beber, cocinar o lavarse. En todos los cascos urbanos existían multitud de fuentes, por ejemplo las fuentes de los chorros (1936) o del Bordoño en Villena. Y es importante citar que el uso de estas fuentes era de todo tipo, podían beber tanto humanos como animales, con lo que la calidad del agua no era un criterio muy presente. Eran otros tiempos.

Fueron pasando los años, los servicios se fueron mejorando, ampliando e instalando redes de tuberías. Gracias a ello, los puntos de suministros ubicados en las fuentes públicas fueron dejando paso a pequeños grifos instalados en las entradas de las casas. Así, ya no era necesario el paseo diario hasta la fuente más cercana.

Conforme las redes de distribución fueron abarcando todas las calles, las instalaciones de tuberías interiores también se fueron adentrando en cada casa hasta colocar tantos grifos como cada uno quería. Una vez que se disponía de agua, esta era potable ya que así lo decían los servicios municipales y, por lo tanto, se podía beber sin problema alguno. Los cortes en el suministro no eran muy frecuentes pero normales y aceptables. Se han dado casos, no obstante, en otros municipios españoles y hasta no hace muchos años, en los que el servicio de agua se cortaba una vez por semana para que aquel vecino que tuviera que realizar trabajos de fontanería sobre la red municipal los pudiera hacer sin problema.

Actualmente, la mayoría de los ciudadanos cuenta con un suministro continuo y de calidad. Pero, ¿cómo serán sus exigencias en el año 2030? Puede ocurrir que se vuelvan más exigentes desde el punto de vista de la calidad del agua, que requieran otras composiciones químicas (agua a la carta como ofrece la cantidad de aguas embotelladas que se encuentra en el mercado), que penalicen las interrupciones puntuales en el servicio o que una sequía prolongada les haga valorar este elemento como realmente se merece. Quién sabe.

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