El agua en Colombia, no es un juego de El Niño

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El fenómeno de El Niño mantiene en jaque y en alerta permanente a la población y autoridades de la República de Colombia, donde hay zonas donde especialmente se sienten los rigores de una larga sequía, como es la región Caribe y donde las consecuencias van desde la desnutrición y muerte de niños de las poblaciones indígenas wayuu, en la agreste Guajira a las dificultades de suministro en grandes poblaciones y, graves problemas ecológicos en los cauces de los ríos por la falta de caudal, finalmente, una crisis energética sin precedentes para un país extremadamente dependiente de la energía hidroeléctrica de unas presas que cada vez cuentan con menos caudal, y cuya venta de la empresa pública ISAGEN, ha causado una notable controversia en los últimos meses.

Los niveles de los principales ríos del país, Cauca y Magdalena (el primero desemboca en el segundo y éste a su vez en la costa Caribe, en la populosa ciudad de Barranquilla) están muy por debajo de sus niveles medios y en algunos casos en mínimos históricos (Fuente: IDEAM) , lo que agrava aún más la situación de la contaminación del río, donde la concentración de elementos nocivos aumenta ya que el nivel de vertidos no disminuye. Algo sin precedentes en los últimos veinte años.

A día de hoy, ya ha restricciones nocturnas de varias horas en varios sectores de grandes urbes como Cali, y en otras capitales departamentales y municipios como Tolima, Huila, en Zarzal y que incluso han provocado el desplazamiento de población (más de trescientas personas. Fuente: Defensoría del Pueblo de Colombia) en zonas rurales como los Montes de María hacia el Carmen de Bolívar, para buscar sustento en el entorno urbano donde ya no pueden cultivar yuca, ñame, ni otros alimentos básicos. El riego, allí donde existe como en la cuenca del río Guatapurí (Valledupar) ha sido también restringido, limitando las concesiones al 50% de los caudales otorgados para las fincas de regadío, ya que el nivel del río está en menos de la mitad de lo habitual.

Sin embargo, sigue habiendo tomas ilegales para las cuáles se ha pedido la intervención de la Fiscalía lo cual agrava aún más si cabe la situación.

Donde la situación es extrema es en las humildes rancherías wayuus. Este pueblo nativo localizado en La Guajira ha visto como la falta de agua, alimentos y la desnutrición, ha provocado la muerte de niños de esta etnia, sin que las autoridades hayan logrado hasta ahora afrontar la situación con garantías para los menores indígenas, avergonzando a la burocracia local y a la comunidad en general.

Las ciénagas del caribe y sus caños, como la ciénaga grande de Santa Marta, que alberga el Santuario de Flora y Fauna del mismo nombre, el Parque Natural de la Isla de Salamanca, junto al estuario del Río Magdalena, se encuentran a la mitad de capacidad y están encendidas todas las alertas. Una prolongación o agravamiento de la situación podría en riesgo el intercambio de agua dulce y salada, el desove de especies, y el asentamiento de especies migratorias de este sitio Ramsar por el aumento de la salinidad que también podría afectar a la mortalidad de mangles, ya afectados en los últimos años por la contaminación y la deforestación e incendios. Dice el refrán que llueve sobre mojado, pero ojalá fuera literal.

Entre las medidas de urgencia, los departamentos de Bolívar (Cartagena de Indias), La Guajira (Riohacha) y Atlántico (Barranquilla) se han declarado en calamidad pública para liberar fondos de urgencia e invertir en mejoras para bombear agua, así como optar a obtener ayudas de las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR) y la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) con camiones abastecimiento de agua en camiones a las poblaciones más afectadas.

Lejos de solucionarse a corto o medio plazo, el Gobierno de Juan Manuel Santos se enfrenta a un desafío que excede lo climático entendiéndose como la falta de lluvias. En un país donde el 65% de la producción eléctrica es de origen hidroeléctrico la afección prolongada de la sequía provoca un nefasto bucle en el cuál hay que dirimir el equilibrio entre el abastecimiento y el racionamiento. Sumado a la escasez de agua, dos averías en las principales hidroeléctricas del país. En las últimas semanas, el Gobierno ha implementado medidas de estímulo para el ahorro energético, que penalizan los excesos de consumo y bonifican el ahorro en los hogares y comercios. En estos momentos se estiman ahorros entre el 1-2%, con un objetivo planteado por el Presidente Santos de 5%, ello, a priori, evitaría racionamientos en el suministro hasta el mes de mayo, época para la cual se espera finalice el episodio de El Niño actual. En el sector industrial es otro cantar, la utilización de sus propias fuentes de energías repercutirá directamente en una mayor utilización de combustibles fósiles proporcionados a través de las diferentes refinerías del país.

Los desafíos a los que se enfrenta Colombia invitan a serias reflexiones sobre su planeamiento futuro, natural, energético y social, observados desde múltiples puntos de vista, y cuyas conclusiones deberían sentar las bases de su desarrollo futuro.

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