De la revolución industrial a la revolución energética en Colombia y la región LAC

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Sobre el blog

Jhoanna Cifuentes Gómez
Comunicadora y facilitadora internacional para la Región Andina de Red+vos. Voluntaria en la Red Nacional de Jóvenes de Ambiente del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible. Miembro de Jóvenes Iberoamericanos.
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El Cambio climático es un fenómeno que ha existido desde siempre, sólo que en los últimos años se ha acelerado. Aproximadamente desde la segunda mitad del siglo XVIII con la Revolución Industrial y sus consecuentes cambios como el uso de los medios de transporte, la utilización de las máquinas, el asentamiento en nuevos territorios o el crecimiento poblacional, no sólo trajeron consigo avances en términos de mayor productividad y un sentido de “progreso” para aquellos países que lograron impulsar sus economías de esta forma, sino que el uso de combustibles fósiles en los procesos productivos y demás actividades humanas, también han provocado hasta el día de hoy, un aumento creciente en las emisiones de los Gases de Efecto Invernadero (GEI) que en sus consecuencias más conocidas, produce afectación en la capa de ozono –encargada de mantener una temperatura adecuada para que garantizar la vida en la tierra- generando un aumento gradual de la temperatura que es conocido como calentamiento global. Esto significa, fenómenos del niño y la niña más largos y más frecuentes, inviernos más fuertes, sequías más largas o veranos más calientes (Vea: Las cicatrices del calentamiento global desde la revolución industrial).

En este caso, si nos ponemos a pensar en que gran parte de esta problemática ha sido consecuencia de los tipos de fuentes energéticas que se han venido usando desde entonces, podríamos también decir que una gran opción sería pensar en otras fuentes de energías distintas a las provenientes de los combustibles fósiles. Hoy en día, denominamos a estos tipos de energías alternativas como “energías renovables” o “energías limpias”. Por un lado, está el hecho de que las energías no renovables, como su nombre lo indica, son limitadas, su capacidad de regeneración es muy lenta, pero sobre todo, durante su extracción, procesamiento, comercialización y final uso y disposición provocan graves afectaciones al planeta. Entre las fuentes de energía no renovables encontramos el carbón, el petróleo, el gas natural y la energía nuclear.

Estas razones, han puesto al mundo a buscar otros tipos de fuentes de energía, cuyo interés –como ya se mencionó- no sólo radica en solucionar una escasez del producto, sino en responder a una reducción urgente y necesaria de las emisiones de GEI a nivel local, regional y global, buscando fuentes de energía renovables y limpias. Las energías renovables, son aquellas que se aprovechan de recursos considerados inagotables como el sol (solar), el viento (eólica), los cuerpos de agua como embalses, ríos (hidráulica) y mares (mareomotriz), la vegetación (biomasa) o el calor interno de la tierra (geotérmica).  

Estas fuentes de energía no convencionales, han venido posicionándose poco a poco en varios países, pero aquellos ubicados en la zona tropical son los que más potencial poseen

Estas fuentes de energía no convencionales, han venido posicionándose poco a poco en varios países, pero aquellos ubicados en la zona tropical son los que más potencial poseen por ventajas como: mayor cantidad de horas de luz solar recibida durante el día (potencial eólico), gran cantidad de vegetación (potencial en biomasa) y variedad de cuerpos de agua (potencial hidráulico y mareomotriz). En el caso de América Latina y el Caribe, el BID indica que muchos países de la región son líderes a nivel mundial en la explotación de algunas fuentes de energía como la hidroeléctrica y la proveniente de los biocombustibles, pero la hidroeléctrica apenas alcanza el 30% de su capacidad y otras como la eólica, la solar o la geotérmica, apenas están siendo evaluadas e incorporadas en algunos sectores.

En Colombia, la matriz energética se basa principalmente en energía hidroeléctrica (más del 70%) gracias a la riqueza en fuentes de agua que posee el país, pero con potencial geotérmico al contar con tres grandes cordilleras del sistema montañoso de los Andes, potencial eólico por zonas con fuertes vientos (como la guajira) y potencial en energía solar. Este porcentaje en el uso de energía hidroeléctrica en Colombia es muy importante, sin embargo, es necesario analizar otros impactos sociales y ambientales que los proyectos hidroeléctricos han provocado en diferentes regiones, por lo que se requiere implementar otras fuentes de energía que no generen tales impactos en las comunidades (Vea: hidroeléctrica del Quimbo es un desastre ambiental y económico; Afectados por la hidroeléctrica de Ituango).

                     Producción de electricidad en Colombia por fuente de energía para el 2012. Fuente: UPME (2012, citado en fedesarrollo.org, 2013).

En términos generales, se puede decir que es necesario impulsar una revolución energética en materia del uso de aquellas fuentes de energía renovable que garanticen el menor impacto posible en las comunidades y territorios, aprovechando el potencial que poseen las diferentes regiones del planeta, garantizando no sólo una disponibilidad de energía constante y por ende mayor bienestar, sino aportando a la lucha frente al cambio climático.

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