"La cuestión del saneamiento tiene una característica colectiva que la diferencia del agua"

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Sobre el blog

Jorge Castañeda Pastor
Activista multi-causa. Aquí me muevo por los derechos humanos al agua y el saneamiento
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  • " cuestión saneamiento tiene característica colectiva que diferencia agua"

Sigo entrevistando a gente vinculada al mundo del agua y el saneamiento para dar puntos de vista alternativos al de ONGAWA. En este sentido, la sexta conversación en azul y marrón tiene como protagonista a Óscar Flores Baquero, Doctor en Ingeniería Ambiental por la Universitat Politècnica de Cayalunya con una tesis que aporta herramientas y metodologías para la medición de la implementación del Derecho Humano al Agua y el Saneamiento.

Aquí os dejo lo que me contó hace unos días:

Pregunta: ¿Qué opinas sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible en general y del número 6, el de agua y saneamiento, en particular?

Respuesta: Es una pregunta bastante amplia. Se presta a explayarse.

La primera reflexión inevitable al respecto es ¿qué podemos esperar de otra nueva agenda de desarrollo firmada por jefes de estado como los que conocemos? El documento está cargado de bonitas palabras. Posiblemente el más trabajado, integrado y ambicioso de cuántos conocemos. Pero, ¿qué hay detrás de estas palabras? Por lo pronto esas mismas personas que firman y se comprometen con los ODS son las que cierran las puertas a refugiados, firman tratados comerciales que sólo benefician a los sectores menos necesitados y atacan y arrestan a miles de manifestantes y disidentes pacíficos por todo el mundo. En algunos casos incluso apoyan directa o indirectamente el asesinato de personas que han estado luchando por la defensa de derechos humanos. Comportamientos que suponen violaciones evidentes de los derechos humanos. A pesar de lo “participativo” del proceso, considero que muy pocas personas se sientan realmente entusiasmadas con esta agenda para “transformar nuestro mundo”.

Aunque el contenido supone un gran avance en relación a la agenda previa (ODM), se observan claramente las imperfecciones y los sesgos del documento. Esta agenda sigue tomando como punto de partida el mismo sistema económico neoliberal que ha servido para perpetuar la exclusión económica y social y el deterioro continuo del medio natural. En ella no aparece nada en relación a la necesidad urgente de una redistribución de la riqueza, de una rendición de cuentas efectiva de las grandes empresas para evitar abusos por parte de éstas o en relación a los obstáculos estructurales que impiden un desarrollo sostenible bien entendido. Como curiosidad, llama la atención que la palabra multinacional sólo aparezca en el documento para expresar la necesidad de contar con este tipo de aliados para lograr avanzar en el cumplimiento de los 17 objetivos proyectados. Además las empresas transnacionales aparecen en la meta 12.6 donde se anima a éstas a portarse bien. Como con miedo. En vez de exigir y regular como toca. El documento se jacta de buscar la realización de los derechos humanos, pues yo echo en falta un enfoque basado en violaciones de derechos. Violaciones de las obligaciones por parte de los Estados de cumplir pero sobre todo de respetar y proteger esos derechos humanos.

En relación al objetivo 6 y tomando en consideración lo comentado hasta ahora: me hubiera gustado leer que alguna de las metas pretende solucionar el problema de las desconexiones de usuarios por impagos, de la contaminación y el despojo del recurso hídrico en comunidades dependientes del mismo por parte de la minería, la agroindustria, o los megaproyectos (como es el caso de las grandes presas). Algo que nos permita medir el cumplimiento de sus responsabilidades por parte de los Estados. Se puede pensar que algunas de estas cuestiones van más allá del posible alcance de esta agenda. Que para ello existen otros mecanismos como GLAAS (desarrollado por ONU-Agua). El problema es que tampoco GLAAS aborda todas las cuestiones relevantes desde un punto de vista de derechos humanos. Además, lo más preocupante es que tanto unos mecanismos como otros afirman que usan el marco conceptual del derecho humano al agua y el saneamiento pero casualmente son siempre los mismos elementos del contenido del derecho los que quedan excluidos. Por tanto olvidados. Y ya se sabe: lo que no aparece en objetivos, no se mide en indicadores. Cae al pozo del olvido.

Sin obviar las limitaciones estructurales y de contenido del documento expresadas pero reconociendo que el mundo sería un lugar mejor si se cumplieran todos los objetivos propuestos, me preocupa lo mismo que preocupaba a Malala Yousafzai y a tantas otras personas: ¿mantendrán los firmantes sus compromisos? Además, ¿qué medidas se van a tomar para dar seguimiento a los mismos y cómo se diseñarán? ¿Cómo de participativo y transparente será el proceso de implementación? ¿Se va a exigir a los jefes de estado algún tipo de mecanismo de rendición de cuentas?

P: Las estadísticas mundiales muestran un considerable avance en materia de acceso al agua desde 1990. Por ejemplo, en 2010 se alcanzó la meta de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y el dato más reciente muestra que las personas sin acceso se han reducido hasta los 663 millones. ¿Cuál debería ser entonces el principal reto para los próximos años?

R: Para responder a esta pregunta primero hay que entender bien qué significa ese número. Cómo se ha definido el indicador que se ha utilizado para el seguimiento de la meta planteada en los ODM. Se trata de un indicador basado en un criterio de acceso puramente tecnológico. Es una visión simplista de la realidad que ha sido ampliamente criticada. Una visión donde se asume que un grupo de tipologías de acceso suministrarán un agua de consumo que cumplirá unos criterios mínimos de calidad físico-química que se denominan mejoradas y otro grupo que no los cumple y por ello se consideran no mejoradas. Las familias que consumen el agua de fuentes del primer grupo son contabilizadas como personas con acceso. Pero claro, en este planteamiento hay ciertas deficiencias. Muchas personas están computando como personas con acceso pero están consumiendo agua contaminada, provista de forma estacional, con baja continuidad o pagando tarifas excesivas por el servicio, entre otras. Además, los ODM han sido ampliamente criticados por promover y favorecer una ampliación del servicio desigual e inequitativa, lo cual ha perpetuado ciertas dinámicas discriminatorias. El contenido del derecho humano debe ser tomado en consideración para definir el nivel de servicio, así como para planificar intervenciones en base a criterios de equidad y no discriminación. Esto se ha empezado a considerar en esta nueva agenda. Sólo queda por ver cómo se acaba midiendo en la práctica. Además, en relación al proceso y poniendo el foco en los proveedores de servicio se debería asegurar que éstos cumplen sus responsabilidades tomando en cuenta criterios de transparencia, participación y rendición de cuentas.

P: Cuando se habla de la triada agua – saneamiento – higiene, éste último componente –la higiene- parece el menos relevante de los tres y en numerosas ocasiones queda eclipsado por los otros dos. ¿Es realmente menos importante? ¿Cómo contribuye la promoción de higiene al desarrollo y la lucha contra la pobreza?

R: Evidentemente no es menos importante. El impacto en la salud es enorme. Innumerables documentos lo demuestran y explican. En la actualidad no existe ninguna duda al respecto y cualquier actor que trabaje en el sector ya lo sabe. Otra cuestión es que se destinen los recursos necesarios para avanzar también en este sentido. Hay que tener en cuenta que el trabajo en materia de higiene no requiere grandes infraestructuras y por tanto no se movilizan cuantiosas inversiones en ejecución de obras, operación y mantenimiento de infraestructuras. Por tanto, existe un margen mucho menor para beneficios económicos y por ello, el interés en estas cuestiones ha sido claramente inferior a pesar de conocerse desde hace tiempo su enorme impacto en salud.

P: Desde diferentes ámbitos, incluido Naciones Unidas, se viene hablando desde hace años de romper el silencio sobre el saneamiento, de visibilizar la problemática como primer paso para alcanzar soluciones. ¿Qué se puede hacer para contribuir a este objetivo?

R: La cuestión del saneamiento tiene una característica colectiva que la diferencia del servicio de agua. De hecho es uno de los elementos que diferencian el derecho humano al saneamiento del derecho humano al agua. Imaginemos un caso hipotético de egoísmo extremo: una comunidad de vecinos donde todas las familias tienen acceso al servicio de agua menos una. Ninguna de las familias conoce la situación de la familia en cuestión o si la conocen no hacen nada por ayudarla. Simplificando las consecuencias, digamos que en este caso sólo se vería afectada la salud de los miembros de esa familia. El resto de familias seguiría disfrutando del agua en su grifo sin importarle la crítica situación de sus vecinos. En cambio, la situación es distinta en un escenario donde todas las familias cuentan con un sistema de saneamiento menos una. En ese caso, en pocos días, toda la comunidad de vecinos empezaría a sufrir las consecuencias de la carencia en la familia discriminada. Las heces y orina se esparcirían por el portal y la escalera. También en el patio común y en la azotea. Los problemas sanitarios no tardarían en afectar a todos los miembros de la comunidad.

Como a menudo la sociedad global está demostrando comportamientos individualistas y egoístas, se podría visibilizar el carácter colectivo de este problema mundial para intentar sensibilizar y quizá despertar el instinto animal de apoyo mutuo que parece estar en peligro de extinción en nuestra especie.

P: ¿Qué podemos hacer como ciudadanía para contribuir a que los derechos humanos al agua y al saneamiento sean una realidad universal?

R: Antes de nada, me gustaría aclarar que considero que toda persona debería poder acceder a unos servicios básicos de agua y saneamiento. Pero creo firmemente que el fin no justifica los medios. Dicho esto. Creer en el derecho humano al agua y el saneamiento tal y como es entendido por Naciones Unidas es confiar y exigir (o exigir y confiar) en que papá Estado, como titular de obligaciones, va a cumplir con sus responsabilidades al respecto. Por una cuestión filosófica, reforzada por las evidencias del día a día, no me siento muy identificado con un planteamiento estadocentrista como el propuesto por los derechos humanos. Además, el derecho humano al agua y saneamiento es antropocentrista en su propia definición lo cual, bajo mi punto de vista, tampoco encaja adecuadamente con los problemas globales a los que nos enfrentamos. Por último, según aclaraciones de la anterior relatora especial de NNUU, este enfoque no entra en contradicción con el hecho de que una empresa privada pueda ser la proveedora del servicio. Sin entrar en detalle en esta cuestión controvertida, para mí es otro motivo crítico por el cual no creo que sea el discurso por el que combatir.

Me parece interesante el enfoque del filósofo Gilles Deleuze que Maite Larrauri nos ayuda a entender en su colección filosofía para profanos. Según Deleuze el discurso de los derechos humanos dice: “hay que desearlos porque es bueno y es justo”. Sin embargo, el de la revolución dice “es bueno porque lo deseo”. Y es otra cosa, es una creación lo que de ahí surge, y una creación victoriosa, al margen de que no tenga porvenir. Devenir revolucionario es inventar el derecho, no reclamar su falta. Creo que nos encontramos en un momento muy pobre de consciencia. Como ciudadanía, un poco de revolución en este sentido contribuiría bastante a la mejora de la situación.

P: ¿Podrías destacar alguna campaña, acción o iniciativa relacionada con los derechos humanos al agua y al saneamiento?

R: El derecho humano al agua y al saneamiento se está interpretando de una forma simplista como un mero derecho a la provisión de unos servicios. Lo cual está trivializando estas palabras. Cualquiera se quiere apuntar al carro del derecho humano al agua y el saneamiento. Grandes empresas transnacionales que están violando no sólo el derecho humano al agua y el saneamiento sino otros tantos derechos humanos (alimentación, salud, al desarrollo, a un ambiente sano) de miles de comunidades se enorgullecen de sus contribuciones al cumplimiento de este derecho humano sin temblarle la voz, por el simple hecho de invertir unas migajas en construir algunas infraestructuras. Si leemos con cariño la observación general 15 donde se desarrolla el contenido del derecho, nos damos cuenta que su alcance va más allá que la mera provisión de un servicio. Tiene vínculos con otros derechos. Debería proteger a las personas más vulnerables. Como luchó por ello y está tan reciente su asesinato, destaco el trabajo de Berta Cáceres en relación a las violaciones de los derechos humanos de los indígenas Lenca en Honduras. 

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