¿Se puede ser feliz sin saneamiento?

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Sobre el blog

Jorge Castañeda Pastor
Activista multi-causa. Aquí me muevo por los derechos humanos al agua y el saneamiento
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  • ¿Se puede ser feliz saneamiento?

En 2012 Naciones Unidas proclamó el 20 de marzo como el Día Internacional de la Felicidad como parte de su reconocimiento de la felicidad y el bienestar como objetivos y aspiraciones universales de los seres humanos. Es decir, que podemos decir que se confirma algo en lo que probablemente todos coincidimos: que todas las personas quieren ser felices.

En lo que quizá no estemos todos de acuerdo es en cómo conseguir la felicidad. En ONGAWA nos hemos preguntado si ese estado de grata satisfacción espiritual y física tiene algo que ver con el acceso al saneamiento. Algunos datos parecen indicar que sí que hay cierta relación (evidentemente no es la única).

Según el Informe Mundial de la Felicidad de 2016, los 10 países más infelices del planeta son: Burundi, Siria, Togo, Afganistán, Benín, Ruanda, Guinea, Liberia, Tanzania y Madagascar. Si cruzamos esos datos con los del informe de 2015 del Joint Monitoring Program podemos ver que la mayoría de ellos tienen graves problemas de acceso al saneamiento y a la higiene. Por ejemplo, Togo, el tercer país más infeliz es también el 5º con peores tasas de acceso a saneamiento mejorado; Benín, el 5º más infeliz, es el 8º peor si tenemos en cuenta las tasas de defecación al aire libre; y Liberia que ocupa el 8º puesto por la cola en cuanto a felicidad es el segundo con menor disponibilidad de instalaciones en el hogar para lavarse las manos con agua y jabón.


En Dinamarca, Suiza, Islandia, Noruega, Finlandia, Canadá, Holanda, Nueva Zelanda, Australia y Suecia, los 10 más felices, la población que tiene acceso a saneamiento mejorado roza siempre el 100%.

Cuando se habla de felicidad suele medirse a través de la Felicidad Nacional Bruta que se basa en cuatro pilares: el desarrollo socieconómico sostenible e igualitario, la preservación y promoción de valores culturales, la conservación del medio ambiente y el buen gobierno. Este índice se mide a través de un cuestionario que tiene en cuenta nueve dimensiones: bienestar psicológico, uso del tiempo, vitalidad de la comunidad, cultura, salud, educación y diversidad medioambiental.

Si analizamos algunas de esas dimensiones podremos ver que la conexión con el saneamiento es más que evidente:

Saneamiento y diversidad medioambiental: el vertido de aguas residuales y materia fecal sin tratar, relacionado con la ausencia de saneamiento mejorado, tiene un impacto altamente contaminante, especialmente en las aguas subterráneas y superficiales. Según el World Water Development Report de 2015, se estima que el 90% de las aguas residuales de los países en desarrollo se vierte directamente en los ríos, lagos o en el mar.


Saneamiento y educación: cuando los retretes e instalaciones de lavado de manos no respetan la intimidad, no parecen seguros o simplemente no existen la asistencia a la escuela se ve afectada, especialmente en el caso de las niñas adolescentes que no pueden gestionar con privacidad su higiene menstrual.


Saneamiento y salud: según un estudio llevado a cabo en 60 países en desarrollo, dos terceras partes de las escuelas primarias carecen de instalaciones de saneamiento, a pesar de que sabemos que en más del 40% de los casos de diarrea que sufren los escolares la transmisión se produce en la escuela y no en el hogar. La defecación al aire libre es una de las principales causas de diarrea, que supone anualmente alrededor de 750.000 muertes de menores de 5 años. Cada 20 segundos muere un niño como resultado de un saneamiento insuficiente y el 80% de las enfermedades en los países en desarrollo están provocadas por un acceso poco seguro al agua y por un saneamiento inadecuado.


Saneamiento y bienestar psicológico: “El saneamiento, más que muchas otras cuestiones de derechos humanos, evoca el concepto de la dignidad humana; se debe considerar la vulnerabilidad y la vergüenza que tantas personas experimentan cada día cuando, una vez más, se ven obligadas a defecar al aire libre, en un cubo o una bolsa de plástico. Es lo indigno de esta situación lo que causa vergüenza” dijo Catarina de Albuquerque en 2010 sobre este tema.


Saneamiento y uso del tiempo: la falta de saneamiento obliga a las personas a utilizar su tiempo de un modo poco productivo y gratificante, ya sea haciendo cola para usar las letrinas públicas o, en el caso de la defecación al aire libre, buscando un sitio aislado para hacer sus necesidades. Cada año, mujeres y niñas de todo el mundo pierden 97.000 millones de horas buscando un lugar seguro para defecar, tiempo que no invierten en trabajar, estudiar, descansar o a la cultura.


Si te he convencido de que el saneamiento forma parte de la felicidad, no te olvides de contarlo en redes con el hashtag #CagaFeliz.

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