Desarrollo sostenible

0
62

Sobre el blog

Jorge Chamorro
Ingeniero especialista en tratamiento y depuración de aguas y en desalación.

¿Que es el hombre para que te acuerdes de él,

el ser humano, para darle poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,

lo coronaste de gloria y dignidad;

le diste el mando sobre las obras de tu mano,

todo lo sometiste bajo sus pies.

(Salmo 8)

Creo que el auténtico problema de nuestra relación con la naturaleza es que nos hemos tomado este salmo al pie de la letra y utilizamos más los pies que la cabeza y el corazón.

La definición de sostenible que hace la RAE (dícese de lo que puede mantenerse por sí mismo) es bien clara. Sin embrago, cuando anteponemos el término desarrollo, la cosa se complica. El desarrollo sostenible es un concepto que, de tan manido, se ha convertido en algo indefinible. Dependiendo del interlocutor la interpretación que se hace está condicionada por sus creencias.

Es más, se ha convertido en un arma arrojadiza que los diferentes interlocutores sociales blanden cuando quieren menospreciar o atacar las ideas de los otros. Quedas muy bien cuando ante la exposición de un posicionamiento de alguien comentas: “Pero eso no es desarrollo sostenible”. Ya no tienes que dar más explicaciones, la idea del otro queda estigmatizada.

En consecuencia, lo primero que debemos de dejar claro es que entendemos por desarrollo sostenible.

Olvidándonos de los pies, existen dos fuerzas muy potentes en el interior del ser humano: la primera de ella le lleva a investigar en terrenos inexplorados y a asumir riesgos, es la que nos hace avanzar en el campo tecnológico y mejora nuestro nivel de vida; la segunda le lleva a amar la naturaleza y a conservar aquello que le causa no solo placer, sino que le permite vivir.

La experiencia señala que a mayor calidad de vida, los costes necesarios para mantener la sostenibilidad de esa calidad de vida son más elevados

Desde siempre, el ser humano ha utilizado los recursos naturales para mejorar su calidad de vida. A medida que el número de personas crecía en el mundo y la presión demográfica alcanzaba el umbral que pone en peligro la capacidad de la naturaleza para reponer sus recursos naturales, se empezó a tener conciencia de que el desarrollo por sí mismo nos podía conducir a un callejón sin salida.

Así se empezó a hablar de desarrollo sostenible, concepto que inicialmente gustaba más a unos que a otros pero que, al final, acabo aceptado por todos, esos sí a cambio de  matizaciones interesadas y divergentes.

La ausencia de entender el punto de vista del otro, ha hecho que, tras varias décadas de  vida el desarrollo sostenible se haya convertido en un campo de batalla entre los diversos actores sociales.

El desarrollo sostenible está íntimamente ligado a la calidad de vida, a la economía y a la responsabilidad.

Nuestro nivel de vida está basado en un consumo de los recursos naturales y, para cada individuo, el nivel de calidad de vida es muy diferente. Por ejemplo, para nuestros antepasados, disponer de agua en la fuente del pueblo  era el no va más, ya no tendrían que ir al río a por ella (aunque eso sí, habría que seguir bajando al río a lavar la ropa), es más, algunos vecinos vieron la posibilidad de sustento en cobrar a cambio de llevar agua a los propios domicilios: nacieron los aguadores. Para nuestros abuelos esto no parecía suficiente y calidad de vida era sinónimo de tener agua corriente en casas. Luego ha venido el agua caliente, la piscina, el jacuzzi, etc. ¿Dónde está el límite?

Lo primero que hay que establecer es cuál es el nivel de vida que queremos para nuestra generación y, muy importante, para las generaciones futuras. Por ejemplo, en los servicios del Ciclo Integral del Agua (CIA) es importante establecer:

  • Dotaciones por habitante: mínimas y máximas
  • Calidad del agua potable: mínimas y máximas
  • Calidad del agua depurada: mínimas y máximas

Lo segundo es valorar económicamente cuales son los costes en los que se incurre para mantener esa calidad de vida y los costes asociados a la sostenibilidad. Mientras que los costes asociados al nivel de vida son fácilmente entendibles para todos los actores sociales (eso no quiera decir que estén de acuerdos con ellos), los asociados a la sostenibilidad son rechazados o, directamente, ninguneados.

La experiencia señala que a mayor calidad de vida, los costes necesarios para mantener la sostenibilidad de esa calidad de vida son más elevados.

Los defensores del nivel de vida no quieren contabilizar los costes de la sostenibilidad para que no se ponga de manifiesto lo que realmente cuesta ese nivel de vida. Los defensores de la sostenibilidad aducen que esta no tiene casi costes si se baja el nivel de vida. En lo único que están de acuerdo, ambas posturas, es en no contabilizar o minimizar los costes de la sostenibilidad. Así nos ha ido.

Seamos valientes, definamos que nivel de vida queremos para cada servicio: Aire, agua, disposición de residuos, transporte público, etc., y cuáles son los costes asociados para que  sea sostenible. A lo mejor empezamos a entendernos entre todos y a buscar lo mejor para nuestra generación y para las futuras.

Como consumidores tenemos una gran responsabilidad individual que nos obliga a comprometernos con las generaciones futuras

No quiero terminar sin resaltar que, a nivel individual y para cada persona, desarrollo sostenible es COMPROMISO. Cuando alguien me habla de desarrollo sostenible lo primero que hago es preguntarle cuál es su compromiso: a que está dispuesto a renunciar para reducir su huella en la naturaleza y permitir que las generaciones futuras lo disfruten. He encontrado desde respuestas altruistas y comprometidas hasta caras de asombro: ¿Cómo, que el desarrollo sostenible significa que yo tengo que comprometerme?, No hombre, yo me refiero a que hay que acabar con la energía nuclear, potenciar las energías renovables, reducir el tráfico en la ciudad, etc. No, yo voy de compras en coche, es que el transporte público me agobia. ¿Cuántos de nosotros aceptaríamos que cuando nos compramos un móvil nos lo entregaran sin su correspondiente caja de cartón?

A ver si nos aclaramos, el desarrollo sostenible requiere un COMPROMISO a nivel personal, es algo que nos atañe en primera persona y no es una posición virtual que queda muy bien cuando las mencionamos en nuestras conversaciones.

Volviendo al CIA, como consumidor creo que el desarrollo sostenible te compromete, entre otras cosas a:

  1. No consumir más agua que la estrictamente necesaria, aunque mis recursos económicos me permitan disponer de mayor cantidad
  2. Estar dispuesto a pagar más por el servicio del Ciclo Integral del Agua (CIA): abastecimiento, saneamiento y depuración, para:
    • Que la gente con menor recursos tengan acceso a una cantidad de agua diaria digna(60 l/hab/d)
    • Que no se despilfarren recursos a través de las pérdidas en red por un mal estado de las redes de distribución.
    • Que no se contaminen las aguas subterráneas por filtraciones en la red de saneamiento
    • Que se preserven la calidad de los riso mediante la depuración de las aguas residuales
    • Potenciar el uso del agua regenerada
  3. No incorporar a las aguas residuales residuos inadecuados: Aceites, toallitas,  plásticos, palillos de los oídos, colillas, etc.
  4. Cerrar cualquier grifo, ducha o fuente de agua que me encuentre abierta

Para terminar, una reflexión: Nuestra calidad de vida actual está basada en un uso farmacológico importante, que incorpora a las aguas residuales muchos de estos compuestos con la  consiguiente afección a la fauna de nuestros ríos. Tenemos dos caminos: dejar de utilizar tantos fármacos o gastar más recursos en eliminar su presencia en las aguas residuales. ¿Cuál es el camino que nos lleva al desarrollo sostenible?

En resumen, como consumidores tenemos una gran responsabilidad individual que nos obliga a comprometernos con las generaciones futuras. En nuestras manos están el permitirlos disponer de un nivel de vida bueno a cambio de renunciar a parte del nuestro.

Comentarios