Así funcionan los tubos del trasvase en Orihuela

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Sobre el blog

José Luis Nicolás
José Luis Nicolás es jefe del área de gestión del trasvase Tajo-Segura.
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El sifón del Segura, de Orihuela, o simplemente los tubos, como comúnmente se conoce en la zona, es una obra emblemática del postravase Tajo-Segura y forma ya parte del paisaje de Orihuela y toda la Vega Baja. Es difícil que sus dos tuberías de 2,35 metros de diámetro interior y 5,2 kilómetros de longitud, montadas sobre 200 pilares de seis metros, pasen desapercibidas. Tras surgir a cien metros de altura en la sierra de Orihuela, descienden hasta la huerta y comienzan su camino en dirección a Hurchillo, donde terminan elevándose de nuevo por el monte del mismo nombre. En casi toda la travesía son acompañados por una carretera muy frecuentada por los habitantes de Orihuela y la comarca y los viajeros entre Murcia y la costa alicantina, lo que ha convertido esta obra hidráulica en todo un símbolo del lugar.

Vista enfrentada del sifón con su inicio en la sierra de Orihuela a la izquierda y la subida a Hurchillo, al final, a la derecha

Pero, ¿cómo funcionan los tubos del trasvase? ¿Por qué se construyeron así? ¿Sabemos cuánta agua pueden transportar? Y ¿por qué de vez en cuando aparecen vistosas fugas que crean géiseres sobre la huerta oriolana?

El gradiente de temperatura es sin duda el gran enemigo del sifón de Orihuela

El sifón del Segura forma parte de la margen izquierda del postravase y proporciona recursos hídricos a las valiosas zonas productivas de la Vega Baja y el campo de Cartagena. Fue diseñado por el ingeniero Alfonso Botía Pantoja, y terminado en 1976 por la Unión Temporal de Empresas Bernar Pareja, Tamese y Abengoa. Es una obra que funciona mediante el clásico sistema de los vasos comunicantes. Las aguas procedentes del trasvase surgen de la sierra de Orihuela procedentes de un túnel a cien metros de altura. Una vez bajan por la falda de la montaña, finalizan su trasiego por la huerta y se vuelvan a elevar en el monte Hurchillo, descargando sus valiosos recursos hídricos 16 metros por debajo de su punto inicial. Este fenómeno se denomina pérdida de carga, y en realidad bastarían unos milímetros de diferencia para garantizar el flujo de agua entre ambos puntos, pero se necesita que el cambio en altura sea al menos de 14 metros para que las dos tuberías puedan transportar los 30 metros cúbicos por segundo que permite su caudal máximo.

Estos tubos llevan casi 40 años funcionando, pero no fue la única opción contemplada en un principio. Existen tres soluciones para salvar un valle: un acueducto, que habría requerido pilares de unos cien metros de altura, un terraplén continuo de la misma altura o un sifón. Elegida esta última alternativa, que contaba con la ventaja de no tener que reponer servicios transversales (carreteras, acequias, etc.), había que decidir si se enterraban las tuberías o se elevaban. Enterrarlas implicaba trabajar en un suelo muy inestable por el paso del río Segura y el Reguerón. Así, se decidió situarlas sobre pilares. De hecho, la naturaleza del suelo hizo necesario también utilizar pedraplén compactado para estabilizar los pilares en las zonas más cercanas al río.

Otra decisión importante fue utilizar dos tuberías en lugar de una. Montar un solo conducto, de casi cinco metros de diámetro, habría resultado mucho más complicado, y su fabricación se debería haber hecho en el mismo lugar, por la imposibilidad de transportar estructuras tan grandes. Además, la elección de la tubería doble incrementa las posibilidades de mantener el suministro en caso de un problema técnico o durante las labores de mantenimiento.

Panorámica con los tres tipos de pilar utilizados

La longitud total de cada uno de los tubos es de 5.200 metros y están formados por tuberías de 96 metros de largo unidas mediante junta de dilatación. Cada tubería, a su vez, se levanta sobre cinco pilares, cuyo sistema de sujeción es de viga continua en cuatro tramos. Esto quiere decir que todos los pilares no funcionan igual: el pilar situado justo en el centro de la tubería es fijo, mientras que los dos siguientes a derecha e izquierda son deslizantes (para permitir el movimiento de la tubería) y los dos de los extremos son deslizantes también y cuentan además con juntas de dilatación. Así, las presiones a las que está sometida cada tubería, sobre todo por el incremento y la disminución de la temperatura, son menores.

El gradiente de temperatura es sin duda el gran enemigo del sifón de Orihuela. Las diferencias entre los valores máximos y mínimos llegan a superar los 25 grados centígrados diarios, generando en el metal de las tuberías contracciones y dilataciones que desajustan las juntas entre tuberías. Como dato curioso hay que señalar que las inclemencias meteorológicas se hacen notar mucho más en el tubo derecho, situado más al sur y por tanto más expuesto al sol del atardecer.

Como consecuencia, las juntas de dilatación se van aflojando poco a poco hasta sufrir pérdidas. Cuando la separación entre las tuberías es lo suficientemente grande, las 10 atmósferas de presión a las que está sometida el agua que circula por los tubos genera espectaculares fugas que, sin embargo, se consideran despreciables en cuanto a pérdidas del recurso. Hay que tener en cuenta que si el agua que se pierde saliera en gran cantidad, debería llegar a elevarse unos cien metros (descontando algo por el rozamiento del aire) merced a la fuerza de más de cien metros de diferencia de altura entre las montañas y el valle. Sin embargo, estos géiseres temporales difícilmente superan los cinco metros, si bien sí resultan peligrosos para el tráfico rodado en la carretera paralela.

Pérdida de agua en una de las juntas dañada por el continuo cambio de temperaturas

Por estos motivos, las labores de mantenimiento y renovación de materiales en el sifón de Orihuela son continuas. Se podría considerar que los tubos son una obra viva, que necesita atención permanente. Estos trabajos incluyen la sustitución de los sistemas de las juntas, así como tratamientos con pinturas antifuga tanto en exterior como en el interior de las tuberías.

Además, no hay que olvidar otro sistema de seguridad con el que cuenta el sifón. Al principio de cada tubo hay instalada una chimenea de equilibrio, que funcionan como una especie de ventosas gigantes que expulsan el aire del interior de las tuberías y evitan de este modo la cavitación.

Chimeneas para evitar la cavitación, en la salida de los tubos de la sierra de Orihuela

Se trata, en fin, de una infraestructura consolidada que permite llevar el agua hasta Alicante y el Campo de Cartagena gracias a otras ramificaciones. Tiene defectos, sin duda, pero con controles y trabajos de mantenimiento garantiza un funcionamiento eficiente durante muchos años.

Contenido extra: ofrecemos aquí tres planos con datos técnicos de la obra que pueden servir para ampliar la información. Estos planos se conservan y pueden ser consultados, junto con mucho material más, en el archivo de la Casa del Agua de Santomera, propiedad de la CHS.

Perfil completo de los tubos

Plano para la reforma del inicio del sifón

Mapa hidrográfico de la zona en la que se encuentran los tubos del trasvase

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