¿Notáis el mal olor?

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Sobre el blog

Jose Manuel Gómez
Ambiéntologo. Trabajando en ONGAWA, Ingeniería para el Desarrollo Humano. Comunicación, sostenibilidad y desarrollo.
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En el verano de 1853 el parlamento británico tuvo que cerrarse porque los distinguidos señores que allí se reunían no soportaban el olor a mierda que emanaba del Río Támesis, desbordado tras recibir los residuos de todo Londres. Algo fallaba. El capitalismo era ya un motor acelerado de producir riqueza y el crecimiento económico no tenía precedentes. Sin embargo los índices de mortalidad infantil se disparaban en los barrios pobres como consecuencia de la falta de servicios de agua y saneamiento. En Londres, igual que en otras ciudades industriales como Boston o París, morían entre 160 y 180 niños de cada 1000, la mayoría a causa de diarreas e infecciones.

Hizo falta mucho más que aquel verano caluroso en el que la mierda desbordó el Támesis y el mal olor forzó la clausura de los debates sobre el estado del reino para que las cosas cambiaran. Políticos reformistas, sindicatos y médicos se movilizaron en sonoras campañas – "no basta con producir riqueza: es importante que los niños no mueran" -, pero fue la extensión del derecho al voto a las clases pobres lo que provocó que las instituciones gubernamentales realizaran inversiones en saneamiento que redujeron drásticamente en un par de décadas la mortalidad infantil. Los malos olores no fueron suficientes (pañuelos perfumados, ventanas cerradas,…). Hubo que reclamar derechos para resolver el problema.

Han pasado un puñado de generaciones y el capitalismo parece hoy tener más que ver con inmanencias y flujos sutiles de información que con motores y vertidos, pero por algún motivo ahí siguen las periferias, esta vez globales, con tasas de mortalidad infantil inquietantemente parecidas a las de aquellas primeras ciudades industriales: Angola,  157 niños menores de 5 años muertos por cada mil nacidos vivos, Sierra Leona, 120; Somalia, 137.

La Asamblea de Naciones Unidas reconoció en 2010 el saneamiento básico como derecho humano y los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible incluyen entre sus metas el saneamiento para todos . Pero 2.400 millones de personas viven en el mundo sin saneamiento básico y 1.000 siguen defecando al aire libre.

¿No notáis el mal olor?

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