La "Trampa" de la Eficiencia en el uso del Agua - 2

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Sobre el blog

Juan Gómez de la Torre Barúa
Maestría en Innovación Agraria, tesis sobre cambios en medios de vida con llegada del agua a Tupicocha. Actualmente trabajando de manera independiente. Lograr trabajar por un mundo donde el agua y las sociedades siempre se perciban interrelacionados.
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  • "Trampa" Eficiencia uso Agua - 2

En la entrada anterior, comenzamos a tratar un tema de mucha importancia por lo que significa el concepto de Eficiencia en el sector agua. En la parte 1 de esta entrada del blog, se redactaron varios puntos que sería importante volver a recordar:

  • El Agua se "hace" en relación con los grupos humanos, quienes entran en contacto con éste elemento. El agua tiene y adquiere significados y sentidos diferentes para cada grupo y persona humana con quienes entra en relación. 
  • Esta relación aparece y se da en un contexto particular, como por ejemplo cuando uso el agua para "lavar" su auto. En éstos contextos, al agua se le otorga características. En el ejemplo anterior, el agua moja el capote del automóvil, para poder enjuagar el jabón que utilice para limpiar el carro que utilizo día tras día para llegar a mi trabajo. 
  • El contexto es una construcción social. Al igual que el agua se "hace", el contexto también se construye. Esta construcción se hace en un tiempo y lugar específico, y son las personas quienes interactúan los que le imprimen un sentido a ese contexto.  
  • La Eficiencia es un concepto que manifiesta nuestra relación con el agua. El uso eficiente del agua significa que vamos a acercarnos a esta sustancia bajo ciertos parámetros. Aquí es donde, precisamente, comenzamos a dilucidar la "trampa" de la Eficiencia.

¿Qué significa hacer un uso eficiente del agua? No hay que pensar mucho en esto tampoco, dado que el concepto de eficiencia es uno de los pilares de la gestión hoy en día. Se refiere a "relación entre los recursos utilizados en un proyecto y los logros conseguidos con el mismo". Es decir, con qué recursos cuento y qué he logrado hacer con ellos. Uno se hace más eficiente cuando, con menos, haces más. En un mundo donde se considera que el acceso al agua es cada vez más limitado (ya calculamos nuestra huella hídrica para ver cuánta agua gastamos y cómo podemos disminuir este uso), este concepto se hace cada vez más fundamental.

Sin embargo, ¿es la eficiencia en el uso del agua, una práctica necesaria y correcta para todos los contextos en donde poblaciones se relacionan con esta sustancia? Mejor dicho, ¿es siempre bueno hablar de la eficiencia en la gestión del agua? Si entendemos la eficiencia como un comportamiento humano, se puede entender que es una relación culturalmente delimitada: es la manera en que un grupo humano comprende su relación con el agua y lo expresa al mundo entero; más aún, esta relación es particular a dicho grupo que lo maneja. Lo interesante de la relación eficiente con el agua es que ahora es global. 

La eficiencia en el uso del agua también se ha compartido y continua compartiéndose aquí en el Perú, a través de múltiples canales: la Autoridad Nacional del Agua y su Cultura del Agua; a través de proyectos de inversión que construyen represas y reservorios que embalsan enormes cantidades de agua para hidroeléctricas; en nuestras casas donde hemos disminuido la cantidad de agua que usamos para lavar nuestros platos, nuestros dientes, nuestras caras. Y en San Andrés de Tupicocha, cuando las familias dedicadas a los cultivos de alfalfa y frutales, riegan sus terrenos para producirlos.

Entonces, ¿dónde reside la trampa? Primero, contextualicemos. San Andrés de Tupicocha es un distrito en la sierra del departamento de Lima, una región en la zona central del Perú. Se ubica entre los 3300 y 3800 metros sobre el nivel del mar (msnm), en la parte central de la cordillera de los Andes en el Perú. Tienen un sistema de riego cuyos orígenes se remontan a épocas precolombinas. Este sistema, llamado Amunas, es una forma en que la comunidad accedía - y sigue accediendo - a cierta cantidad de agua en época seca; el agua es embalsada en pequeños reservorios durante la época de lluvias (1). Las amunas forman parte de la historia actual de la comunidad y son reconocidos por todos como una de las maneras en que pueden acceder al agua en época de estiaje (la época cuando no llueve). Es la acción de filtración que permite determinar que este sistema se pueda seguir desarrollando en la vida de los pobladores Tupicochenses. Pero esta forma de regar está en peligro de extinción y esto reside en la eficiencia.

En San Andrés de Tupicocha la idea del uso eficiente del agua para riego se ha venido implementando desde hace años (los primeros reservorios de gran tamaño fueron construidos hace más de 20 años). Para que un usuario haga un uso eficiente del agua, "no la puedes perder" (dejar que escurra, naturalmente, por las laderas de la montaña por ejemplo). Perder el agua significa que, cuando se traslade de un punto A hacia un punto B, mediante los canales revestidos de cemento, esa agua no puede filtrarse por alguna grieta. Esta pequeña descripción va demostrando la existencia de otro sistema de riego que también se utiliza en este distrito: el sistema de Reservorios. Los reservorios se asocian directamente con la eficiencia en el uso del agua.

Si es que analizamos los conceptos utilizados en ambos sistemas, encontramos una contraposición. Es decir, el mismo mecanismo que alimenta al sistema de Amunas, la filtración del agua, sería un mecanismo que más bien se concibe como uso ineficiente del agua en el sistema de Reservorios. Esta es la primera parte de la trampa: La eficiencia en el uso del agua, en un contexto como el de San Andrés de Tupicocha, genera un desmedro a formas culturalmente diversas de gestionar los sistemas de riego, como las Amunas. Y los efectos se vienen notando en este lugar. Sin embargo, si es que el sistema de reservorios no funciona con eficiencia, sus prácticas agrícolas podrían verse afectadas. No se puede negar la importancia que tiene la eficiencia en sistemas de riego como el aquí mencionado, pero su forma de comprender la relación con el agua está comenzando a marginar prácticas que son culturalmente diferentes.

Sin embargo, en un mundo donde hay cada vez mayor escasez de agua dulce, ¿podemos quedarnos con los brazos cruzados y aducir a la relatividad cultural como un elemento para la inacción en el acceso, distribución y uso del agua? Inversamente, ¿debemos transmitir el uso eficiente como una catequesis religiosa, sin preocuparnos por los efectos que esta transmisión tendría sobre otras formas culturalmente relevantes de relacionarse con el agua? Lo primero que se debería considerar es que el uso del concepto de eficiencia está cargado de significados que se aplican a ciertos contextos culturales, sociales, políticos, económicos, etc., y que debe ser revisado cada vez que se aplique en otro contexto.

Personalmente, creo que debemos estar muy atentos a las implicaciones que una transmisión descontextualizada de conceptos tan globales y drásticos, como la eficiencia en el uso del agua, supondría para grupos culturalmente distintos en cualquier parte del mundo. Se hace necesario, entonces, que planteamos una mirada mucho más pertinente, culturalmente, para comprender cómo se relacionan - los grupos que son diferentes a nosotros - con el agua.

 

(2) Las amunas funcionan juntando el agua a partir de las quebradas (riachuelos cercanos y/o dentro del terreno comunal), donde la desvían hacia unas acequias horizontales - no tienen inclinación - que permite que el agua se filtre a través del suelo. El agua discurre por las rocas en la montaña y nace en pequeños pozos o embalses que las comunidades construyeron (y reconstruyen) años atrás.

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