El agua en Ibiza

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Sobre el blog

Juan Mateo Horrach
Ingeniero Industrial por la ETSEIB, UPC. M.B.A. por IESE. Postgrado en Inversión y financiación UPM. Ingeniero Industrial del Servicio de Residuos del Consell de Mallorca en excedencia. Ingeniero consultor. Profesor asociado UIB.
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En estos últimos días se ha hablado mucho del problema del agua en Ibiza. Lo extraño es que no se hubiera hablado antes del tema, porque la historia arranca de lejos. Déjenme que les haga un breve resumen.

Ibiza, como todos sabemos, goza de un clima mediterráneo muy agradable, y que se caracteriza entre otras cosas, por sus periódicos episodios de sequía. Antes de la llegada del turismo, la isla vivía en un relativo equilibrio hídrico, pero esto hace mucho tiempo que se acabó, porque las estancias turísticas, medidas como número de pernoctaciones, que es lo que realmente cuenta a la hora de medir el impacto que generan los turistas, representan más del 40% de la población residente medidas en términos anuales, con puntas en verano, que es cuando la demanda de agua es más elevada, del 300%. Así, no hay equilibrio natural que valga.

En los años 90 se construyó la desaladora de Ibiza, con una capacidad aproximada de 2,8 Hm3/año. También en los 90 se construyó la desaladora de Sant Antoni, con una capacidad real de 1 Hm3/año. Dos anécdotas al respecto.

Antes de la llegada del turismo, la isla vivía en un relativo equilibrio hídrico

La desaladora de Ibiza está situada justo enfrente de la central eléctrica de Ibiza. Sin embargo, la energía eléctrica de la desaladora se generaba mediante un motor marino de combustión interna.

La desaladora de Sant Antoni tenía capacidad para producir 2 Hm3/año, pero no tenía conexión eléctrica con potencia suficiente para ello. 

El último episodio serio de sequía ocurrió en el 2000-2001. Se diseñó un plan para asegurar el suministro de agua para toda la isla, mediante la mejora de la planta de Ibiza, aumentando su capacidad a 3,5 Hm3/año, se mejoró la planta de Sant Antoni, dándole la potencia suficiente y ampliando su capacidad hasta 4 Hm3/año, y se aprobó por el ministerio de medio ambiente la construcción de la planta de Santa Eularia, inicialmente prevista para 3,5 Hm3/año, y ampliada durante su construcción hasta 5 Hm3/año. Además de lo anterior, se diseñó un anillo que debía intercomunicar las tres plantas, para permitir la optimización del suministro a toda la isla. Estamos hablando de una capacidad total instalada de 12,5 Hm3/año, a lo que habría que sumar las plantas privadas que algunas empresas turísticas instalaron para su propio consumo.

El consumo anual urbano que establece el vigente plan hidrológico para Ibiza es de 16,01 Hm3/año, por lo que se dispone de una capacidad de desalación superior al 80% de la demanda total. No obstante, las tramitaciones y diferentes enredos retrasaron los proyectos. Ibiza y Sant Antoni no quedaron operativas al 100% hasta 2010, mientras que Santa Eularia no ha llegado a ponerse en marcha por falta de acuerdo en la financiación del agua producida. El anillo que debe intercomunicar las tres plantas también está pendiente de finalizar, aunque se encuentra muy avanzado.

Además de lo anterior, también merece la pena comentar el saneamiento del agua. El parón general llevado a cabo por la administración en materia de inversiones en depuración, sumado a la incompetencia reinante a todos los niveles, ha supuesto un grave paso atrás. En Ibiza ello es especialmente sangrante en las depuradoras de Ibiza y de Santa Eularia. La primera, tras 20 años buscando una nueva ubicación y mientras tanto funcionando de forma deficiente, parece que finalmente será licitada por el Ministerio, si no prospera un nuevo parón que se cierne sobre ella. Santa Eularia también lleva su personal via crucis, y ahora, en plena crisis del agua, parece que se han activado las alarmas que deberían haberse activado hace más de 10 años. Como conclusión, las aguas depuradas, es un decir, no pueden ser aprovechadas para usos secundarios sustituyendo extracciones de agua de primera calidad, y se evacuan al mar, con un grado de contaminación superior al permitido por la vigente normativa de vertido.

Sin embargo, como la sequía disminuyó y por tanto la disponibilidad de agua subterránea aumentó aparentemente, dejó de ser una prioridad resolver el problema. Ahí está el gran error.

Primero porque la situación hídrica de la isla no se arregla tan fácilmente, con unos pocos años de bonanza hídrica. Son demasiados años de extracciones a mansalva, que han provocado una salinización de los acuíferos tremenda. La recuperación requeriría una parada de las extracciones en zonas salinizadas por mucho tiempo, para recuperarse adecuadamente del tremendo stress al que las han sometido durante décadas.

Ibiza y Sant Antoni no quedaron operativas al 100% hasta 2010

Segundo, y no menos importante en términos de efectos reales, como que los precios no aumentan porque se mantiene el mismo esquema de suministro, a base en buena parte de extracciones de agua subterránea crecientemente salinizada, la asignación de un recurso escaso se hace de forma irracional, y la población en su conjunto no percibe el problema.

Se hace necesario por tanto poner a funcionar todos los recursos alternativos disponibles al 100%, sustituyendo extracciones, aplicando precios progresivamente más caros, en tarifas escalonadas que permitan por una parte mantener un precio asequible para los consumos normales, y por otra, escalones crecientemente elevados para compensar el coste total del recurso, según establece la Directiva Marco del Agua.

También es preciso racionalizar las inversiones, dando prioridad a las más necesarias, aplicando criterios de análisis coste-beneficio, siempre manteniendo la correspondiente evaluación ambiental.

Como se puede ver, no estamos hablando de nada revolucionario. Simplemente aplicar el sentido común, la racionalidad económica y la tecnología disponible, para redundar en una mejora global a medio y largo plazo, beneficiosa para todos y coincidente con las normas nuestras y europeas. También podemos añadir que lo dicho se puede aplicar en el resto de islas Baleares.

Las externalidades negativas, derivadas de la irracionalidad, los intereses particulares por encima del interés general, la falta de visión, y la falta de decisión, solamente benefician a unos pocos, que son siempre los mismos. Pero ni siquiera sus hijos o nietos saldrán beneficiados si se mantienen las condiciones actuales.

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