Atlantropa: Historia de un supercontinente utópico

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Lluís Sala
Biólogo especializado en regeneración de aguas y sostenibilidad. Música, fotografía, cultura, viajes, idiomas. Intentando aprender y procurando compartir. Nuevo reto: ser padre.
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Es probable que nunca antes hayáis oído hablar del proyecto Atlantropa (https://vimeo.com/92381391). Yo tampoco, hasta que por casualidad, navegando por Internet, me crucé con un artículo que hablaba de los planes de un visionario arquitecto alemán llamado Herman Sörgel. Entre 1928 y 1952, año en que murió, Sörgel estuvo trabajando en la planificación de la construcción de un supercontinente en el que ubicar una nueva sociedad de base tecnológica y pacifista donde la barbarie no tuviera cabida. Sus vivencias en la Alemania del período entre las dos Guerras Mundiales, en las que fue testigo del auge y del horror del nazismo, junto con el vertiginoso desarrollo de la ciencia y de la tecnología de aquella época, le hicieron plantear una solución faraónica y radical con la cual dar respuesta al concepto de Lebensraum -la necesidad de expansión territorial de Alemania para asegurar su supervivencia, una idea muy presente en la sociedad alemana de la época y a la cual Hitler quiso dar respuesta invadiendo Polonia y Rusia-.

En su proyecto Atlantropa, Sörgel imaginó un mar Mediterráneo cerrado por dos gigantescas presas en sus extremos, una en el estrecho de Gibraltar y otra en los Dardanelos, con las cuales evitar la entrada de agua procedente del Atlántico y del Mar Negro, respectivamente, y al mismo tiempo generar una ingente cantidad de energía hidroeléctrica con la que abastecer al nuevo supercontinente. Dado que en su conjunto los ríos que desembocan en el mar Mediterráneo no aportan un caudal de agua suficiente con el que compensar la evaporación, dichas presas favorecerían la progresiva reducción del volumen de agua del mar, lo cual a su vez iría aumentando la superficie de tierra firme disponible para ser utilizada por el hombre. La idea de Sörgel se basaba en la teoría, hoy en día confirmada por la ciencia, según la cual lo que hoy conocemos como el mar Mediterráneo fue durante un tiempo, entre hace unos 5 y 6 millones de años, tierra firme, la cual fue inundada por el océano Atlántico a través del estrecho de Gibraltar al final de la última glaciación. Su plan, pues, trataba simplemente de restaurar lo que había sido el orden natural de las cosas en el pasado, recuperando unas tierras hoy en día sumergidas y aprovechando la situación para la generación de energía.

Según los cálculos de Sörgel, la disminución del nivel del mar podría llegar hasta los 100 metros en el Mediterráneo Occidental y hasta los 200 metros en el Mediterráneo Oriental, lo cual generaría una superficie de nueva tierra de unos 660.000 km2, una superficie un 30% mayor que la de España. En esta reconfiguración del litoral del sur de Europa y del norte de África, Sicilia quedaría tan cerca de Túnez que se podría construir una nueva presa con la que separar el Mediterráneo oriental del occidental y que a su vez serviría de puente entre ambos continentes, lo que permitiría un fácil desplazamiento de la población europea y la colonización del continente africano. Allí, además, Sörgel tenía planes de construir dos presas en el río Congo para crear un mar interior que suavizara el clima africano y lo hiciera más soportable para los europeos.

Sin embargo, y de forma un tanto sorprendente, en su momento nadie reparó en los graves problemas ambientales que, de llevarse a cabo, el proyecto Atlantropa hubiera generado. Por un lado, el fragmentado mar Mediterráneo se iría convirtiendo progresivamente en una serie de lagos gigantescos hipersalinos al estilo del Mar Muerto, puros desiertos biológicos acuáticos en los cuales ya no sería posible la pesca, fuente de alimento y de riqueza actualmente para millones de personas. Por el otro, los terrenos ganados al mar serían de difícil recuperación para la producción de alimentos, ya que su elevadísima salinidad impediría su aprovechamiento agrícola, a la vez que las sales llevadas por el viento convertirían dichas zonas en inhóspitas para la vida humana, tal como lo son hoy en día los terrenos desecados que hasta hace pocas décadas ocupaban las aguas del Mar de Aral.

Herman Sörgel vivió en Munich, donde había un bullicioso ambiente intelectual y político, un caldo de cultivo ideal para que germinaran ideas de todos los tipos y de todas las tendencias, incluido el nazismo, ideología que detestaba por ser diametralmente opuesta a su pacifismo militante, pero a la que en 1933 se había acercado en vano, buscando promotores para llevar a la práctica su plan. En las tertulias de los cafés muniqueses empezó a dar forma a su idea, sobre la que empezó publicando textos dispersos con el nombre de Panropa, hasta que fue cogiendo forma y se convirtió en un proyecto único y completo, Atlantropa, cuya construcción duraría unos 150 años y generaría puestos de trabajo para millones de personas de varias generaciones. El proyecto global incluía las gigantescas instalaciones de producción de energía hidroeléctrica, gestionadas por un organismo independiente que tendría la facultad de cortar el suministro a quien osara poner en riesgo la paz. La imaginación de Sörgel también preveía para Atlantropa la construcción de megaciudades de diseño futurista en la nueva línea de costa, la presa-puente que comunicaría Sicilia con Túnez o los canales que permitirían a las antiguas ciudades portuarias llegar hasta el mar.

Durante un tiempo, especialmente en el período entre las dos guerras mundiales, la fascinación por el proyecto Atlantropa se apoderó de una buena parte de la intelectualidad muniquesa. Gracias a ello Sörgel pudo rodearse de un equipo de diseñadores con el que realizar esquemas, proyecciones y planos de lo que deberían ser las ciudades, las infraestructuras y, en definitiva, la vida en Atlantropa. También dispuso de apoyo financiero, lo que le permitió crear su propio Atlantropa Institute con el que promovió el proyecto con menguante éxito hasta su muerte en 1952. La debacle en que la Segunda Guerra Mundial sumió a la sociedad alemana y la promesa de una nueva fuente de energía literalmente inagotable que suponía el desarrollo de la energía atómica fueron apagando la que una vez fuera la vivaz llama del proyecto Atlantropa, cuyos archivos pueden ser visitados y consultados en el Deutsche Museum de Munich.

El proyecto Atlantropa ha sido objeto de estudio a nivel académico y ha generado multitud de artículos, en los cuales se han analizado desde las infraestructuras propuestas hasta las ciudades dibujadas, pasando por las políticas implícitas en el diseño de un proyecto con ambición de transcendencia planetaria como éste lo fue. En la red se puede ver un extraordinario documental de 57 minutos de duración sobre Atlantropa, gracias al cual nuestra imaginación puede volar al lado de la de Herman Sörgel y contemplar lo que fue el proyecto, irrealizado, de toda su vida.

Versión resumida y narrada en italiano del documental sobre Atlantropa.

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