Entre gigantes

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Sobre el blog

Lluís Sala
Biólogo especializado en regeneración de aguas y sostenibilidad. Música, fotografía, cultura, viajes, idiomas. Intentando aprender y procurando compartir. Nuevo reto: ser padre.
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A lo largo de la vida hay momentos de toma de conciencia ante situaciones transcendentales y/o inolvidables. Creo que también es así en nuestra carrera profesional, o al menos eso me pareció el pasado 19 de marzo de 2013 cuando asistí a la entrega de los premios que cada año otorga en Barcelona la Associació Catalana d’Amics de l’Aigua (Asociación Catalana de Amigos del Agua).

Ese día se daban unos premios que consistían en unos sencillos pero apreciados diplomas de reconocimiento a personas cuya trayectoria profesional en el mundo del agua había sido (y aún es) destacada y ejemplar, especialmente en Cataluña. Allí estaban para recogerlos los catedráticos Josep Dolz y Joan Armengol, autores de una publicación relativamente reciente (primavera de 2012) sobre los recursos hídricos de Cataluña; Sergi Mingote, alcalde de Parets del Vallès y presidente del Consorci para la Defensa de la Conca del Besòs, que celebraba 25 años de existencia; y Paulino García, Antonio Palacios, Ramon Arandes y Joan Gaya, todos ellos recientemente jubilados y a los cuales se premiaba por su dilatada y fructífera trayectoria profesional. La mesa estaba presidida por el profesor Rafael Mujeriego y entre el público además había representantes de colegios profesionales, técnicos de consultorías y antiguos y actuales altos cargos de varias administraciones hidráulicas catalanas, entre otro público diverso y seguramente también notablemente cualificado.

Aunque ya conocía algo de sus trayectorias profesionales, a medida que se iban leyendo currículums, citando méritos y entregando premios fui consciente de su verdadera dimensión. Eran personas que no estaban allí por ninguna coyuntura política, sino porque objetivamente lo merecían. La inteligencia real, palpable, demostrable, del mundo del agua en Cataluña estaba en su mayor parte concentrada allí ese día. El ambiente era de alegría, de cordialidad y de satisfacción entre personas que habían sido colegas durante muchísimos años y que además parecían ser buenos compañeros, quizás amigos y todo. Flotaba en el ambiente que así debía ser.

En los momentos que vivimos no andamos sobrados de referentes, al contrario, los necesitamos más que nunca

Los homenajeados eran personas que habían ideado, desarrollado y comandado algunos de los proyectos relacionados con la gestión del agua de mayor envergadura en las útlimas décadas, sobretodo en el área metropolitana de Barcelona, haciendo la vida más segura, salubre y confortable a millones de ciudadanos. Profesionales ejemplares que pusieron su talento, sus energías y su rigor al servicio de la sociedad en la que vivían y que, me da la impresión, nunca se cuestionaron si su cultura del agua era vieja o nueva, porque no era lo sustancial. No tenían un credo por satisfacer, sino proyectos concretos por llevar a la realidad para resolver problemas también concretos. Porque la calidad de vida de que disfrutamos (mejorable, pero nada despreciable) se basa más en la concatenación de pequeños pasos con sentido que en enmiendas a la totalidad y en virajes de rumbo de 180 grados, algo a lo que las infrastructuras no suelen adaptarse demasiado bien, como desgraciadamente todos hemos podido comprobar.

La principal alma de la asociación, su presidente Xavier Latorre, habló poco pero muy claro. Expuso los objetivos que él y la asociación que preside tienen marcados a medio plazo y entre ellos destacó la necesidad perentoria de impulsar un pacto catalán del agua que solucione, o al menos que mejore, la precariedad en la que se encuentra la garantía del abastecimiento en el área metropolitana de Barcelona, para evitar que se repitan episodios como los de finales del 2007 e inicios del 2008. Pensé que si dicho problema sólo dependiera de personas como las que había reunidas en esa sala, en un plazo relativamente breve de tiempo tendríamos sobre la mesa un pacto, que se respetaría, y del cual emanarían una serie de soluciones, acertadas técnicamente y con un coste-beneficio acorde con los recursos económicos del territorio que debiera recibir las infrastructuras, porque ésta y no otra ha sido la forma con la que han actuado durante su etapa profesional.

En los momentos que vivimos no andamos sobrados de referentes, al contrario, los necesitamos más que nunca. Debemos recoger el testigo que nos pasan y comprometernos a librarlo con igual ejemplaridad a los que nos sucederán. Sirvan pues estas líneas como modesto y sincero homenaje a todos ellos, por haber ayudado e inspirado a tantas personas y porque aún habrá muchas más a quien ayudar e inspirar. Es reconfortante el viaje cuando se lleva a cabo entre gigantes. 

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