La ciudad desbordada. A propósito de la jornada de ADECAGUA

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  • Panamá City. Foto Lorenzo Correa.
    Panamá City. Foto Lorenzo Correa.
  • "La ciudad es en primer lugar un centro, es decir, un complejo individualizado nítidamente, con una gran cohesión arquitectónica, que se opone al campo y que ejerce funciones territoriales. Por lo tanto, una verdadera ciudad posee consistencia histórica y se define por una gran densidad". André Corboz, 1994.

Sobre el blog

Lorenzo Correa
Webmaster en futurodelagua. com Practitioner PNL. Master en Coaching con PNL. Executive & Life Coach.
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A finales del presente mes de febrero (el día 26 concretamente), ADECAGUA celebrará en Barcelona una interesante jornada sobre la gestión de las aguas pluviales en zonas urbanas. Tan sugerente tema me invita a escribir algo que pueda servir como modesta contribución y aliento personal a tan oportuna idea.

A escribir sobre las sensaciones que nos producen los episodios de inundación, que en mi caso, hacen brotar espontáneamente el recuerdo de episodios similares, generándonos una nítida imagen del poder de la naturaleza y de nuestra indefensión ante cualquier muestra de su enorme poderío.

El drenaje urbano comienza a ser la asignatura pendiente de quienes gestionan las inundaciones

Indefensión, matizo, ante la complicada y cara en el entorno urbano “domesticación” a la que se refería Joaquín Costa* y ante las perniciosas secuelas del mal funcionamiento en avenida de las redes de saneamiento urbano.

Sin olvidar un aspecto fundamental pero aún poco tratado como es la “limpieza” de los cauces “domesticados” (los urbanos) para evitar que los materiales autóctonos y alóctonos acumulados en sus cauces (desde sofás y coches a cañas vegetación leñosa) provoquen desbordamientos y afecciones a las estructuras domesticadoras…. y a los ribereños, claro

Cuando esto sucede (por desgracia cada vez más a menudo), el ser humano es auténtico y se propone no olvidar nunca la lección aprendida… hasta que, pasado un tiempo sin sobresaltos, el olvido vuelve a enseñorearse de todo y comienza de nuevo el ciclo. La inundación, el tsunami, la sequía, el huracán, cualquier fenómeno natural imprevisible o difícil de prevenir, no es más que la sensación que provoca automáticamente el recuerdo y nos pone en nuestro sitio.

Es el aviso que la Dea Mater, nos envía para que no olvidemos nunca las obligaciones que, como madre, tenemos con ella. Una inundación es un desbordamiento, una salida de la madre que es el cauce. En el caso de las grandes urbes costeras, es una invasión de las cotas más bajas por el agua dulce que el mar no deja salir, porque él se empeña en entrar, con la fuerza de la marea y la altura del oleaje en tempestad. Cotas naturales rebajadas por el trazado del metro, de los estacionamientos subterráneos, cauces cubiertos por las actuaciones urbanísticas, terrenos impermeabilizados por asfalto, tejados, hormigón. Se rediseña la costa perjudicando el drenaje, mientras que el nivel del mar sigue invariable ¿qué esperamos que suceda aquí cuando llueve con intensidad?

El drenaje urbano comienza a ser la asignatura pendiente de quienes gestionan las inundaciones. Intuyo que habrá que estudiar mucho, que habrá que equivocarse mucho y aprender de los errores, para aprobarla. En las zonas rurales, ya estamos sacando buenas notas, pero en las ciudades….

No existe solución técnica alguna que garantice el riesgo cero ante avenidas extraordinarias con un coste asumible por la sociedad. Los parámetros que definen la hidrología de las cuencas cambian continuamente, a causa del continuo cambio en las costumbres, pues el “geometrismo enervante” aparece, sobre todo en sociedades afectadas de cierto deterioro ecológico, en las que los edificios, cultivos, plantaciones forestales, etc., tienen tendencia a la linealidad, mientras que la naturaleza y los cauces siempre tienden hacia lo curvo. Cambian, como he indicado anteriormente los usos del suelo, impermeabilizando grandes superficies de cuenca y ocupando con el metro o los parkings su subsuelo. O a causa de incendios forestales, que provocan un importante incremento del volumen de arrastres de materia vegetal y materiales sueltos en avenida y de la influencia que ellos producen sobre les estructuras de comunicación que cruzan los cauces y sobre las obras de cobertura.

La recuperación del respeto al cauce y a la cuenca, unida a la posibilidad actual de utilizar la técnica en beneficio de todos, apunta una solución viable y asumible, nunca milagrosa. Para ello, hemos de interiorizar, comprender y valorar las medidas a adoptar, lo que supone, allí donde aún es posible, limitar les actuaciones que puedan incrementar los riesgos en caso de inundación, dejar franjas de terreno con amplitud suficiente para permitir el paso de caudales de avenida con la mínima afección a vidas y bienes de gran valor económico o estratégico, produciendo el efecto de “descompresión natural del cauce”, ya que cuando esta descompresión es obligada por causas naturales, solo nos queda el recurso de la queja y la reclamación, que en muchos casos no podrá jamás recuperar el valor de lo perdido, sobre todo cuando sean vidas humanas. Para empezar a dar los primeros pasos en este sentido, la sociedad, protagonista de la adopción de soluciones importantes en cualquier sistema democrático, debería adoptar, recuperando la idea original del "sacrificio ritual", actitudes tendentes a la paulatina toma de conciencia de las personas y organismos que la representan, hasta llegar al convencimiento de que hay que tomar decisiones que, sin duda, desde la costumbre imperante, suponen un sacrificio, sobre todo económico, para algunos. Estas medidas son, entre otras, que la modificación del perfil natural del terreno provocada por cualquier obra futura en zonas limítrofes con los cauces, (polígonos industriales, urbanizaciones, edificios de viviendas de primera o segunda residencia, vías de comunicación), tenga en cuenta la existencia de estos cauces y su elasticidad periódica, imposible de predecir con exactitud, incluyendo en su proyecto un estudio hidrológico e hidráulico, con un nivel de detalle e importancia, como mínimo similar a la imprescindible definición topográfica del terreno, necesaria para cubicar el movimiento de tierras, definir y situar las estructuras previstas. El correcto diseño del drenaje longitudinal de las aguas pluviales hasta su definitiva conexión con el cauce público, la definición de la sección de cobertura de estos cauces necesaria para la eficaz comunicación de viales, que siempre debe permitir el acceso al su interior para su limpieza. Tanto el trazado de la red de saneamiento como las obras de drenaje transversal, deben estar proyectadas con el máximo respeto al cauce, sobre todo si éste es torrencial y no dispone de estaciones de aforo que aporten datos fiables de caudales de avenida.

No existe solución técnica alguna que garantice el riesgo cero ante avenidas extraordinarias con un coste asumible por la sociedad

En zonas adyacentes a cauces fuertemente afectadas por la urbanización, sólo puede adoptarse una línea de actuación: Información ciudadana, porque los usos permitidos o recomendados en zonas inundables sean lo menos peligrosos posible. Delimitar y señalizar con claridad estas zonas, en los tramos en los que una gran avenida pueda ser peligrosa para las personas. Incentivar la contratación de seguros y, por parte de la Administración, redactar planes directores de avenida de las diferentes cuencas, en los que se determinen los tramos más peligrosos y se definan las correcciones estructurales y no estructurales a adoptar.

En la jornada de ADECAGUA se tocarán todos los palos, desde el diseño de redes a la prevención de la contaminación, de gestión aternativa mediante sistemas de drenaje sostenible al marco legal europeo y.. claro, los tanques de tormenta, que merecen capítulo aprate: ideales si hay donde situarlos y sabiendo que su construcción y mantenimiento (gasto de energía en bombeo y reubicación de los sedimentos en lugares inocuos) son muy costosos ¿Quién lo va a pagar? La respuesta ha de quedar muy clara a la ciudadanía para evitar sorpresas Muros y barreras: bienvenidos sean, si además de evitar la entrada del agua, permiten que salga la contenida en su interior, procedente de la lluvia intramuros o de los caudales invasivos del desbordamiento. Si el agua no sale por sí sola después del episodio, hay que sacarla y eso cuesta dinero. Cuidado con la falsa seguridad que dan las obras de defensa. Asumamos que siempre habrá riesgo y definamos como salir de ahí en el peor de los casos y a qué cota debemos almacenar los bienes más preciados.

En resumen, cuanto más información se tenga, y mejor señalizada esté la franja de riesgo, menos problemas habrá y si los hay serán de menor importancia. Mientras no se adopten estas medidas, cada vez que una tormenta se concentre sobre una pequeña cuenca drenada por un cauce torrencial, densamente poblada, volveremos a leer los mismos titulares en los periódicos, a los que desgraciadamente nos vamos acostumbrando. Aquí y en Nueva York. Celebro la iniciativa de ADECAGUA y espero obtenga un éxito de participación como el que le auguro por la oportunidad de tratar este apasionante tema.

*”Domestiquemos los ríos con el freno de los diques y la cadena de los canales”

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