La savia de las rocas

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Sobre el blog

Pedro Arriaga
Doctor Ingeniero Industrial y profesor en la Universidad del Pais Vasco (Ingeniería Nuclear y Mecánica de Fluidos). Docente en la gestión de Recursos Hídricos y Mecánica de Fluidos.
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Si, ya lo sabemos, ahí abajo hay mucha agua. Según informes de organizaciones mundiales expertas en estos menesteres, por cada litro de agua dulce que vemos en nuestros ríos y lagos se esconden cincuenta en acuíferos y otras formaciones geológicas.

Conocemos la importancia y disfrutamos de las vistas que nos ofrecen los grandes ríos que circulan por nuestra superficie. El río Amazonas que con una longitud de 7.020 km es el más caudaloso del planeta y transporta una quinta parte el agua dulce del planeta desde los Andes peruanos hasta el océano Atlántico. El río Nilo con 6.671 km y el Yangtsé, desde el Tíbet, con sus 6380 km o del río Mississippi y el río Amarillo con longitudes de 6.270 km y 5.464 km respectivamente. Todos ellos drenan cuentas con más de un millón de kilómetros cuadrados transportando caudales de varios miles de metros cúbicos por segundo. Algo sorprendente y necesario a la vez para nuestras vidas.

Lo que la tierra esconde no es menos atractivo a mis sentidos. Una reserva y riqueza escasamente difundida, que quizás por ello llama tanto mi atención.

A lo largo de los años la naturaleza ha generado formaciones geológicas que han albergado en su seno lagos que de no ser identificados podrían pasar inadvertidos. El Reed Flute Cave, en China y situado a 240 m. de profundidad o Lechuguilla Cave, en Estados Unidos con 193 km. de largo y a 489 m. de profundidad.

Tres de los ríos subterráneos más largos del mundo están bajo el suelo de la Riviera Maya (en gran parte tienen una mezcla de agua dulce y salada) desembocando en el mar Caribe:

  • El río Sac Actun con 155 kilómetros de longitud.
  • El sistema Ox Bel Há, con más de 146 kilómetros de longitud.
  • El sistema Dos Ojos, con casi 58 kilómetros de longitud.

En la isla filipina de Palawan se encuentra el río subterráneo de Puerto Princesa con 8,2 kilómetros de longitud.

Bajo el propio Amazonas otro río subterráneo (Hamza) de 6 mil kilómetros constituye una reserva de agua de gran valor. A una profundidad de mas de 2.000 metros (entre 2.000 y 4.000 metros), también desemboca en el océano Atlántico, a 200 kilómetros de la costa, debido a un talud continental.

Mientras el ancho del Amazonas fluctúa entre uno y 100 kilómetros, el del río subterráneo varía entre 200 y 400 kilómetros. Las aguas en el Amazonas avanzan a razón de 0,1 a 2 metros por segundo, pero las aguas del Hamza son mucho más lentas, de 10 a 100 metros por año.

Incluso bajo un gran mar como es Mar Negro, escondido en sus profundidades, discurre un río submarino que corre 350 veces más rápido que el Támesis (los antiguos navegantes solían lanzar pesos a las profundidades para poder impulsar sus embarcaciones cuando el viento escaseaba). Otros de esta tipología se encuentran en la desembocadura de los grandes ríos como el Mississippi. Discurren a más de 100 metros de profundidad y con un ancho de varios kilómetros avanzan por miles de kilómetros internándose en el océano. Sobre el lecho marino depositan grandes cantidades de sedimentos y transportan nutrientes y otros compuestos que propician el desarrollo de vida.

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