Necesidad e ingenio

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  • Necesidad e ingenio

Hay un refrán que dice “la necesidad es la madre de la invención”. Y otro, “la escasez hace valer”. Estos refranes plantean ideas distintas, pero relacionadas: lo que es escaso vale más y sólo deberían poder obtenerlo los mejores. Al momento de escribir estas líneas, en México el proyecto de presupuesto de egresos de la federación plantea una fuerte reducción a la CONAGUA: más del 36% de su presupuesto total y cerca del 70% sólo en el programa que subsidia las inversiones de capital. Escasean los recursos, pero en lugar de surgir la innovación financiera y técnica, hay un riesgo grave de caer en la rebatinga y el cabildeo como mecanismos para capturar subsidios en detrimento de la eficiencia y equidad en el gasto.

La reducción sostenida de los subsidios a la inversión ha sido la tendencia durante años. A pesar de ello, poco han cambiado las prácticas de planificación y ejecución de las inversiones en el sector. Las contrapartes federal y estatal, que aportan recursos, tratan de cubrirse mediante la imposición de complicados requisitos ex ante, pero conforme avanza el año, se enfocan en no dejar presupuesto sin ejercer. Los ejecutores, usualmente municipios y operadores, por su parte, se ven obligados a ejercer los recursos en estrechos márgenes de maniobra hacia el final del año, con tal de "no perderlos". En consecuencia, los recursos no siempre son asignados y ejercidos de manera oportuna, equitativa, suficiente ni eficiente. La eficiencia del gasto es, en general, baja, como lo ha mostrado recientemente un estudio del Banco Mundial.

Tampoco ha cambiado mucho la manera en la que los organismos operadores registran, controlan y deciden cómo administrar y optimizar sus ingresos y gastos operativos. Las tarifas son definidas bajo techos convencionales tasados conforme a la inflación, mientras que la eficiencia de recaudación mejora gradualmente, conforme se dispone de recursos para mejorar la medición, el registro y la cobranza. Ante la falta de recursos, algunos operadores implementan estrategias emergentes para reducir costos y aumentar ingresos en el corto plazo, aunque normalmente su actividad es dominada por la gestión y ejecución de recursos de inversión en infraestructura.

Actualmente se implementa, con apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo, el Programa de Desarrollo Integral de Organismos Operadores de Agua y Saneamiento (PRODI), con iniciativas novedosas como el rango de población que atiende, su enfoque a inversiones no sólo de capital sino en eficiencia operativa que generen impactos de corto plazo, y con criterios de asignación de subsidios que gradualmente consideren dichos impactos. También se busca crear o consolidar la capacidad de generar indicadores de desempeño que permitan dar seguimiento plurianual a la aplicación de los planes, así como desarrollar capacidades para diversificar las fuentes financieras.

No obstante lo anterior, el sector sigue sujeto a las demoras que genera la articulación de las acciones en un esquema de concurrencia financiera, planeación y ejecución fragmentado, bajo supervisión centralizada y operación discontinua, con flujos de dinero e información que van y vienen durante el año, corte presupuestal anual y fuerte incertidumbre, lo que impide en los hechos ajustarse a una programación integral de largo plazo. Muchas empresas municipales de agua y saneamiento siguen planificando cada ejercicio sin saber cómo se comportarán ni cuándo llegarán los ingresos operativos ni los subsidios de inversión, y en gran medida ello se debe a condiciones que les son ajenas. Es difícil pensar en cómo puede ser sostenible una empresa imposibilitada de prever con cierta confiabilidad sus flujos futuros de ingresos operativos y sin más opciones para financiar sus inversiones de capital, que acudir a subsidios sujetos a procedimientos complicados, con reglas impredecibles, limitados, inestables y no asociados a metas de desempeño verificadas.

Bajo la perspectiva de crecientes restricciones presupuestales, hoy es más necesario que nunca empezar a idear esquemas financieros completamente nuevos; ensayar fórmulas de financiamiento que induzcan sistemas “bancables”, con una dinámica interna sana y rentable, y un financiamiento diversificado, ágil, asociado a resultados de impacto y desempeño y cercano al ámbito de ejecución. La gestión urbana del agua no será sostenible mientras el sistema de financiamiento no tenga mínima suficiencia, estabilidad, eficiencia económica, equidad, oportunidad y simplicidad. La empresa es difícil, pero las ventajas que puede acarrear para el sector en términos de estabilidad e impacto en el bienestar social justifican emprender desde ahora ese esfuerzo de profunda innovación institucional.

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