De la competición a la cooperación en la gestión del agua: del reto a la oportunidad

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Sobre el blog

Sandra Ricart Casadevall
PhD in Experimental Sciences and Sustainability (GRMATIG, Universitat de Girona). EuWatHer Project (UNIVE-UdG). EU research expert evaluator. ATC-SIG and Girona Chamber of Commerce technician.
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  • De la competición a la cooperación en la gestión del agua: del reto a la oportunidad

Artículo participante en el I Concurso del Blogs del Día Mundial del Agua

La complejidad que envuelve la gestión del territorio conlleva el aceptar el dinamismo de ciertas variables: la disponibilidad de recursos naturales como el agua, la competencia y/o conflicto entre usuarios y entre regiones, la preocupación por los aspectos ecológicos o la legitimación social de todo proyecto o actividad de afectación multisectorial. Con el paso del tiempo, la relación entre el modelo de desarrollo socioeconómico y el uso de los recursos naturales necesarios para llevarlo a cabo ha devenido un elemento estratégico de primer orden. Un hecho que parece verse agravado por la tendencia en competir por el acceso al agua, su gestión y su justificación ante el conjunto de usos consuntivos. ¿Está la competición por el agua ganando la batalla a la cooperación por el agua?

El agua aguarda una mezcla de valores tangibles e intangibles ¿Cómo relacionar estas variables en beneficio de una cierta compatibilidad? ¿Podemos gestionar desde la cooperación en detrimento de la confrontación? La respuesta es sí

No estamos ante un recurso natural más y lo sabemos. El agua aguarda una mezcla de valores tangibles (medibles y/o cuantitativos, como su precio/valor económico/productivo) e intangibles (difíciles de cuantificar, tales como los valores culturales o espirituales). Unos valores que dibujan una mirada particular del agua y de las actividades que sustenta. Unos recursos, unos usos, unos territorios, una sociedad. ¿Cómo relacionar estas variables en beneficio de una cierta compatibilidad? ¿Podemos gestionar desde la cooperación en detrimento de la confrontación? Sí, pero eso requiere ser 1) comprensivos: ponerse en el lugar del resto de sectores y usuarios; 2) consecuentes: todo tiene valor pero no todo tiene precio, no podemos exigir algo que no valoramos como corresponde; 3) innovadores: dar margen a la mejora para adaptarse a nuevos retos, independientemente de su naturaleza; 4) dinámicos: los acuerdos y las tendencias están para ser revisadas conforme a valores que cambian con el paso del tiempo y 5) legítimos: la participación de todas las partes interesadas debe ser un derecho, no un favor colateral.

Sabemos que si bien buena parte de los factores que han impulsado un determinado modelo de desarrollo vinculado al recurso agua (asentamiento de la población, reducción de la pobreza rural, cambios en la dieta alimentaria) continúan siendo válidos hoy día, estos requieren, cada vez más, de un equilibrio con el resto de usos consuntivos del agua así como de la puesta en valor de los usos no consuntivos del mismo y de un cierto reconocimiento social. No obstante, la visión heredada de la gestión del agua (técnica, experta y fragmentada) no siempre se muestra favorable o facilita la cooperación entre partes interesadas. La realidad, sin embargo, nos demuestra como la cooperación no es una utopía sino más bien un reto exigible y capaz de ser asumido, bien como un mecanismo de acuerdo ante una situación crítica bien como un proyecto a medio y largo plazo. No cabe duda: las temáticas a tratar son cada vez más globales y están progresivamente más interconectadas, y por tanto, son más difíciles de segmentar, de definir y de abordar mediante las especializaciones que se han ido construyendo por sectores. Ello hace muy difícil el avanzar en la mejora de una gestión del territorio al margen de la cooperación entre instituciones públicas, ámbitos privados, comunidades sectoriales y representantes de la sociedad.

La realidad, sin embargo, nos demuestra como la cooperación no es una utopía sino más bien un reto exigible y capaz de ser asumido

Una forma de cooperación es la promoción de la « gobernanza », concepto que constituye, junto al desarrollo sostenible y la gestión integrada de los recursos hídricos, una de las expresiones más utilizadas en el vocabulario sociopolítico contemporáneo. Concepto polisémico por excelencia (1), se puede definir como “el conjunto de procesos y métodos mediante los cuales la sociedad y las instituciones, públicas y privadas, gestionan los aspectos comunes”, definición similar a la de la cooperación. Un compromiso entre la coordinación de las acciones individuales y las formas de gestión colectiva (2), es decir, una nueva forma de organizar el poder y de gobernar la sociedad (3). Cierto es que no estamos acostumbrados a gestionar desde la prevención sino desde la reacción, cuando suele ser demasiado tarde para evitar males peores. Buena prueba de ello es que gran parte de los ejemplos de cooperación en materia de agua suelen iniciarse a raíz de un episodio de estrés hídrico o de riesgo de perpetuación de un conflicto latente. 

Una cooperación que podemos encontrar en distintas escalas y formas. Desde la aceptación y convivencia institucional con representantes de la movilización ciudadana a la introducción de mecanismos políticos que promuevan el debate público (4), pasando por la redacción de un pacto por el agua. Es precisamente este último mecanismo el que ha tomado impulso en buena parte de los países europeos de ámbito mediterráneo. Un ejemplo interesante es el pacto por el agua (5)  (Patto per l’Acqua) promovido en la región lombarda en 2007 (después de la sequía sufrida en la región a lo largo de los dos años precedentes). Un acuerdo fruto de la constatación sobre el uso múltiple de los recursos hídricos así como de la necesidad de fomentar el conocimiento mutuo entre intereses en competencia cuando no en confrontación. Uno de los aspectos distintivos de este pacto fue su metodología. ¿Cómo lograr la cooperación cuando se trata de gestionar posturas diametralmente opuestas? Pues con la aplicación de una metodología creativa basada en la “desestructuración” de lo que se da por sabido, es decir, de los estereotipos, prejuicios o falsas creencias para ponerse en el lugar del otro y ser capaz de defender sus demandas como si fueran las particulares. Una de las prácticas más sorprendentes del proceso fue el método ideado para atender y comprender el punto de vista adverso: “el diálogo entre máscaras”. Un mecanismo por el cual el representante de una parte interesada, dispuesto con una máscara de teatro griego, formulaba y sostenía las opiniones y demandas de otras partes interesadas.

¿Cómo lograr la cooperación cuando se trata de gestionar posturas diametralmente opuestas? Pues con la aplicación de una metodología creativa basada en la “desestructuración” de lo que se da por sabido

La cooperación en la gestión del agua requiere, sin duda, capacidad de adaptación y acción ante retos que sobrepasan el interés sectorial. Desde la concepción positiva de la movilización ciudadana como ejemplo de gestión bottom-up a la voluntad de establecer un pacto que facilite el acuerdo entre posturas distantes o la capacidad política de definir un debate público capaz de analizar un proyecto desde diferentes puntos de vista. Se pone así el énfasis en la necesidad de promover acciones de carácter transversal y multiescalar para afrontar las limitaciones y los riesgos que supone competir por el agua en lugar de cooperar en su acceso y distribución. Cierto es que dichos instrumentos no están exentos de limitaciones importantes. La movilización ciudadana como forma de cooperación en temáticas de carácter transversal como es la gestión del agua no siempre es capaz de trasponer su discurso local a escala nacional, reduciendo con ello su efectividad. El debate público, aún mejorando el nivel de gobernanza de las decisiones políticas de carácter infraestructural, favorece la dualidad de impulsor u opositor sin que la cooperación sea una variable a tener en cuenta. Por último, el pacto per el agua lombardo, sin duda el ejemplo de participación que más favorece la cooperación para afrontar las dificultades en materia hídrica no garantiza la permanencia de los acuerdos a medio y largo plazo. Aprendizaje: la tendencia a favor de la participación debe premiar tanto las bondades como las limitaciones de los diferentes mecanismos que promueven la cooperación, entendiéndolos como una oportunidad de mejora.

(1) Su caracterización no se limitará a una única definición. Algunos la considerarán desde el enfoque de la responsabilidad financiera y la eficiencia administrativa. Otros centrarán su análisis desde las cuestiones políticas relacionadas con la democracia y a la participación. Mientras que también habrá quien entienda la gobernanza desde los acuerdos o desacuerdos entre el sistema político-administrativo y el sistema ecológico, o bien en términos de explotación y gestión de servicios.
 (2) Una forma de definir los márgenes de maniobra de la diversidad de actores implicados de forma más o menos directa y vinculante: empresas y firmas multinacionales, poderes públicos, representantes sectoriales, colectividades territoriales y ONG (principalmente de carácter ambiental, aunque cada vez más existe una transversalidad para integrar las plataformas vecinales o territoriales).
 (3) Son numerosas las razones que justifican el interés creciente por la gobernanza a lo largo de las tres últimas décadas: las crisis financieras de los Estados; la globalización y el desarrollo de instituciones transnacionales y el auge de actores no convencionales; las críticas frente al Estado y su política de gestión de los retos colectivos; la emergencia de una nueva gestión de la acción pública y la evolución y complejidad de las demandas de la sociedad.
(4) El debate público (Débat public) es un mecanismo francés creado por la Commission Nationale du Débat Public con el fin de promover un debate entre expertos y demandas sociales de carácter ambiental y/o territorial ante la propuesta de proyectos infraestructurales que supongan una afección multisectorial.
(5) Un mecanismo recientemente defendido por el Observatorio del Agua de la Fundación Botín. [Enlace

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