Aguas residuales en la producción de aceite de oliva (2): El compostaje del alpeorujo

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En un artículo en días pasados os hablamos de los residuos y subproductos derivados de la producción de aceite de oliva, entre los que se incluye el alpeorujo. Como recordaréis, se produce en el sistema de dos fases, y tiene características intermedias entre el alpechín y el orujo. En concreto, es la mezcla de aguas de vegetación o alpechines, partes sólidas de la aceituna (como el hueso, el mesocarpio y la piel) y restos grasos.

El alpeorujo es la mezcla de aguas de vegetación, partes sólidas de la aceituna y restos grasos

Al ser un producto contaminante, se plantea la necesidad de tratarlo adecuadamente para no perjudicar al entorno. Por un lado se puede aprovechar como combustible para la obtener electricidad, una vez le ha sido extractado su aceite residual, y por otro se puede utilizar para fabricar compost con el que alimentar los suelos. Esta última solución es ideal, por ejemplo, para casos de almazaras que se encuentren demasiado alejadas de las centrales de tratamiento de orujo, y asimismo para explotaciones ecológicas, ya que de esta forma se aprovecha como recurso útil un posible residuo (cuya gestión además conlleva costes económicos añadidos), y sin repercutir en el medio ambiente. Además el uso adecuado del compost ayuda a formar y estabilizar los suelos, incrementando su porosidad y capacidad para retener el agua e intercambiar cationes.

De residuo tóxico a abono

El compostaje es una técnica basada en un proceso biológico y natural, conocido desde hace miles de años, que se realiza en condiciones de fermentación aerobia y con unas condiciones suficientes de humedad. Consigue transformar los restos orgánicos en un abono homogéneo y que los suelos pueden asimilar con facilidad, y todo ello además de una forma limpia y sostenible. Además del compostaje doméstico y rural típico de pequeñas explotaciones, en la actualidad existen grandes plantas industriales que se nutren de los residuos de zonas con gran volumen de población, y por lo tanto que generan grandes cantidades de basura. En estas grandes plantas de compostaje industrial se utilizan tanto los residuos orgánicos de alimentos como los de procedencia agraria y forestal, así como los lodos de depuración procedentes del tratamiento de aguas residuales.

En lo que respecta al compostaje de alpeorujo, suelen abundar las plantas de pequeño tamaño destinadas a autoconsumo en las propias explotaciones olivareras. En estas predomina el sistema abierto de pilas volteadas, mezclando alpeorujo con hoja de aceituna y estiércol. El compost resultante es una fuente de materia orgánica de excelentes cualidades, asimilables a las de otros tipos de compost.

La aplicación del compost suele hacer por lo general en primavera o en otoño. Para esparcirlo se puede hacer de forma manual desde remolques o, en explotaciones más grandes, con aperos mecanizados, como los utilizados para distribuir el estiércol. También va surgiendo en los últimos años maquinaria especializada para compost, e incluso las hay específicas para el de alpeorujo. Asimismo el compost se puede secar y transformar en gránulos o pellets, para su fácil distribución por el campo a través de abonadoras centrífugas.

Parámetros a tener en cuenta

Para que la materia orgánica se convierta en compost tiene que producirse una fermentación aerobia (con presencia de oxígeno). La calidad del mismo dependerá de una serie de parámetros que conviene controlar, como son:

  • Relación C/N: Es la relación entre carbono y nitrógeno, dos elementos presentes en todos los restos orgánicos y vegetales a partir de los cuales se forma el compost. Una relación equilibrada puede estar entre 25/1 y 35/1, aunque algunos la sitúan hasta valores entre 45/1 y 60/1.
  • Humedad: Cada material que forma parte del compost tiene una humedad diferente, pero a medida que la mezcla se va descomponiendo, se igualan los valores. En general se considera que el conjunto de la materia prima debe tener entre un 30% y un 80% de humedad inicial.
  • El pH (acidez y alcalinidad). La mezcla inicial a partir de la cual se forma el compost incluye elementos con un grado de acidez elevada, como agujas de pino o cortezas de cítricos. No obstante, el grado de acidez de la mezcla no supone un problema a tener en cuenta siempre que la relación entre carbono y nitrógeno sea la adecuada.
  • La oxigenación. La fermentación debe producirse en condiciones suficientes de oxigenación. Sin embargo, tampoco debe haber una cantidad excesiva, puedo que se podrían desecar los materiales en exceso.
  • La temperatura. Al cabo de los días, si el resto de parámetros señalados son los adecuados, se observará un aumento de la temperatura de la mezcla, que también dependerá de la temperatura ambiente y del método de compostaje que se lleve a cabo.

En el alpeorujo en concreto nos encontramos un valor medio de humedad del 65%, un 57,2% de carbono, un 1,3% de nitrógeno, una relación C/N de 44,0 y una densidad aparente de 0,89.

Normativa

El compost del alpeorujo es ideal para casos de almazaras que se encuentren demasiado alejadas de las centrales de tratamiento de orujo

La normativa a la que está sujeta la producción de alpeorujo es tanto comunitaria como nacional, ya que a nivel autonómico en Andalucía no se ha establecido una legislación especifica.

En el ámbito europeo destacan el Reglamento 834/07 y el 889/08, que regulan el marco general de la agricultura ecológica en la UE.

El Real Decreto 824/2005, de 8 de julio, sobre productos fertilizantes define varios tipos de compost, estableciendo unos rangos mínimos de calidad, en función del nivel de nitrógeno orgánico, humedad, granulometría, microorganismos y metales pesados. También hay algunas menciones sobre los residuos agrarios utilizados como fertilizantes en la Ley 10/1998, de 21 de abril, de Residuos.

En Andalucía no existe aún una normativa específica para el compostaje en la agricultura ecológica (en todo caso habría que remitirse a la más general Ley de 9 de julio, de Gestión Integrada de la Calidad Ambiental). Lo que sí existe es una Orden, de 20 de julio de 2007, que regula la Acreditación Ambiental de la Calidad del Compost, fijando las características que debe cumplir para conseguir un sello de calidad A, B o C. 

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