WWF pide más cooperación en la gestión de agua en España

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WWF España
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  • 2013 ha sido declarado por la ONU como año Internacional de la Cooperación en la Esfera del Agua

España no se queda al margen de la necesidad de mayor cooperación en la gestión del agua, que Naciones Unidas ha identificado como herramienta clave para resolver los problemas del agua en el mundo. WWF pide a las administraciones una mayor apertura a la participación pública de los españoles, apoyada en una mayor transparencia, como vía para resolver los problemas de escasez de agua del país.

2013 ha sido declarado por la ONU como año Internacional de la Cooperación en la Esfera del Agua. Una cooperación que debe darse no sólo entre gobiernos de diferentes países, sino entre todos los actores implicados en la gestión de este valioso recurso: gobierno, organizaciones internacionales, sector privado, sociedad civil y académica.

Eva Hernández:  “Es imprescindible mejorar la gobernanza del agua en España, asumir que los ciudadanos somos mayores de edad y que podemos contribuir a la toma de decisiones"

La cooperación entre actores surge como parte imprescindible de la solución frente a las 4 amenazas globales que ha identificado la ONU en materia de agua, y a las que España no es ajena:

- Sobreexplotación de los recursos: cada año se usan en el mundo 3.800 km3 de agua dulce. España consume más de 2,2 km3 al año. Más de lo que sus ecosistemas pueden soportar, teniendo en cuenta que tenemos 88 acuíferos declarados oficialmente sobreexplotados, y que el 45% de las masas de agua subterránea no alcanza el buen estado.

- Derivación: el agua de los ríos se embalsa y se deriva para el uso humano. Mientras en 1950 había 500 grandes presas en el mundo, en 2013 hemos alcanzado las 45.000. De los 177 grandes ríos del mundo (de longitud mayor de 1.000 km) sólo un tercio fluyen libremente, sin regular por infraestructura alguna.

España no es ajena a esta tendencia, de hecho, somos líderes mundiales en presas per capita, con un total de 1.231 grandes presas. La mayoría de las cuencas hidrográficas españolas ha llegado a su límite de capacidad de regulación: ya no quedan ríos que compense embalsar, ya sea por los costes económicos, sociales o ambientales derivados de la construcción de las presas y la ocupación del territorio.

- Escasez: consumimos más agua de la que hay disponible. En 2030 se estima que el 47% de la población del mundo vivirá en zonas de alto estrés hídrico por sobreconsumo. España ya sufre la escasez de agua en más de la mitad de su superficie. Por ejemplo, En la cuenca del río Guadalquivir la demanda de agua supera en cerca de 650 hm3 a la oferta realmente disponible. En el Segura este desfase se estima en más de 300 hm3 y el Gobierno de Aragón reclama para sí más de 6.000 hm3 al año del río Ebro.

- Abandono de los tratados internacionales: se acuerdan unas reglas del juego, pero luego se incumplen, lo que genera conflictos internacionales. En la península Ibérica no sólo se incumple el tratado de Albufera con Portugal, sino que se incumple la propia legislación de aguas. Sólo en la Cuenca del Guadalquivir la administración estima que se usan ilegalmente al menos 325 hm3 de agua al año. En España entera, las cifras oficiales hablan de 1.000 hm3 de extracción de agua ilegal en el Levante español, y 3.699 hm3, se extrae de 510.000 pozos ilegales en toda España.

Es indudable que la gestión del agua en España debe mejorar, pero esto no se consigue construyendo más infraestructuras de regulación, sino mejorando el uso del agua que hay disponible.

Según Eva Hernández, responsable del Programa de Agua y Agricultura de WWF, “es imprescindible mejorar la gobernanza del agua en España, asumir que los ciudadanos somos mayores de edad y que podemos contribuir a la toma de decisiones, si la Administración aporta el conocimiento científico necesario y es transparente en su información”. Y añade: “la participación debe abrirse a todos los usuarios, no sólo a los que consumen el agua, también a los que disfrutan simplemente viendo correr el río en su pueblo, hacen deporte o se zambullen en sus aguas”. “Una mejor gestión del agua es posible si se trata y trabaja como el bien público que es, y no como un arma política”. 

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