Un planeta sediento: lo que el mundo bebe

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Organización financiera internacional con el propósito de financiar proyectos viables de desarrollo económico, social e institucional y promover la integración comercial regional en el área de América Latina y el Caribe.
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  • Familia mexicana.

Peter Menzel, autor del libro “Un planeta hambriento: lo que el mundo come” tuvo la brillante idea de fotografiar una semana de compras de 30 familias alrededor del mundo. Las fotos son realmente increíbles, brindando información sobre diferencias y similitudes existentes en los patrones de consumo alimenticio de familias provenientes de países tan diversos como Chad, Guatemala o Canadá.

Como especialista en agua, hay algo muy interesante en estas fotografías: brindan información no sólo sobre lo que la gente come, sino también sobre lo que la gente bebe. Y en esto nos vamos a concentrar en este post. Incluso vamos a ser más específicos y concentrarnos en lo que bebe una familia (típica) de un país: México.

Hay algo muy interesante en estas fotografías: brindan información no sólo sobre lo que la gente come, sino también sobre lo que la gente bebe. 

En la fotografía de la familia mexicana, que por probabilidad vamos a llamar los Hernández (es el apellido más común en México), hay un aspecto que llama fuertemente la atención: la presencia de dos garrafones (o botellones) de agua de 20 litros.

En un estudio que realizamos en México en el año 2011, en el que encuestamos a 1.300 hogares distribuidos en 9 ciudades, encontramos patrones de consumo de agua embotellada similares al de los Hernández.

Según el estudio, el consumo anual de agua embotellada en México asciende a 480 litros per cápita, convirtiendo a este país en uno de los mercados más grandes del mundo. Mayor incluso que el mercado de agua embotellada chino, cuando México tiene menos del 10% de población. En promedio, cada hogar mexicano compra unas 6 unidades de 20 litros por mes (120 litros) a un costo total de 11 dólares.

Si tomamos los dos garrafones por semana observados en la fotografía, los Hernández tienen un nivel de consumo de agua embotellada superior al promedio de las familias del estudio, consumiendo por mes unos 160 litros de agua embotellada (8 garrafones), a diferencia de los 120 litros (6 garrafones) consumido por las familias del estudio, y gastando unos 15 dólares en este producto.

Según la información recolectada por Menzel, los Fernández gastan 189 dólares por semana en productos alimenticios (alrededor de 750 dólares por mes). Los 15 dólares gastados en los 8 garrafones representarían así un 2% del gasto total del hogar en alimentos, y un monto equivalente a la tarifa de agua por red, que es de unos 17 dólares por mes.

El agua embotellada es un sustituto (significativamente más caro por unidad de medida) del agua por red. Como parte del estudio que hicimos en México, preguntamos justamente a las familias si consumirían agua directamente del grifo (canilla o llave), es decir, de la red. Sólo el 19% de los hogares respondió afirmativamente. Al 81% restante le preguntamos cómo obtenía el agua para beber, y un 80% (de este 81%) respondió que comprando agua embotellada, generalmente en botellones de 20 litros, como vemos en la foto.

Si observan en detalle, hay otro aspecto muy interesante de la fotografía. El consumo de bebidas azucaradas de los Hernández, pero esto será motivo de otro post.

Artículo escrito por German Sturzenegger, Especialista social de la División de Agua y Saneamiento en el Banco interamericano de Desarrollo (BID). Esta entrada ha sido publicada originalmente en el blog del BID Volvamos a la fuente y replicado aquí con su expresa autorización.

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