El nuevo planteamiento de la PAC reducirá en un 70% la actividad del regadío, según Fenacore

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La Federación Nacional de Comunidades de Regantes (FENACORE) alerta de que la reforma del sistema de ayudas de la Política Agraria Comunitaria (PAC) formulada recientemente por el comisario europeo Dacian Ciolos supondrá una reducción de más del 70% de la actividad de regadío, con consecuencias socioeconómicas 'nefastas' sobre un sector intensivo en mano de obra que representa más del 20% del PIB si tenemos en cuenta la industria agroalimentaria asociada.

Este nuevo modelo -que propone igualar el importe de las subvenciones en toda Europa, realizando un pago fijo por hectárea, en lugar de premiar la producción- condenará a la agricultura más productiva a su desaparición, provocando el abandono progresivo de las plantaciones de regadío por plantaciones de secano que, aunque con un rendimiento cuatro veces inferior, resultan "más económicas" en costes de producción.

Fenacore teme que la ‘tasa plana europea' convierta en inviable el regadío, ya que al no incentivarse la productividad, el agricultor tenderá irremediablemente al mínimo coste para no incurrir en pérdidas, lo que se traducirá en un recorte drástico de los consumos relacionados con el agua pero, muy especialmente, de la energía, que supone ya más del 30% de los gastos después de la primera fase de modernización.

A este respecto, esta nueva fórmula que plantea Bruselas supone un ataque frontal al regadío y a los procesos de transformación realizados hasta la fecha, que han implicado el endeudamiento a largo plazo de los agricultores en un contexto marcado por la caída de la renta agraria (-26% en siete años), el encarecimiento de la energía (+60% en tres años) y el dumping de precios de las producciones del norte de África y MercoSur.

En contra de las políticas de la FAO

Además, este nuevo modelo choca frontalmente con las políticas que está liderando la FAO que plantean el reto de abastecer a una población mundial creciente que alcanzará los 9.100 millones de habitantes en menos de veinte años, lo que exige precisamente elevar la productividad en más de un 40% antes del año 2030 y en un 72% antes de 2050, lo que significa producir más con menos agua y en menos tierra agrícola per cápita.

En su opinión, otro de los varapalos de la nueva política agraria comunitaria es la imposición de que el 7% de la superficie agraria se destine a uso ecológico, cuando España es el país europeo con mayor superficie de Lugares de Importancia Comunitaria (LIC), con más de un 28% de su extensión, superando en más de ocho puntos porcentuales la media europea, lo que supone al fin y al cabo poner nuevos "límites a la producción agraria".

Según la Federación, si lo que se persigue es desarrollar un modelo de agricultura sostenible, la actual PAC está lejos de alcanzar sus objetivos porque olvida los dos pilares sobre los que debe sostenerse: por un lado, no fomenta una agricultura competitiva y autosuficiente, que permita al agricultor vivir con su familia de su actividad y, por otro, no incentiva el empleo de medios de producción compatibles con el medio ambiente y que contribuyan al uso eficiente de los recursos naturales que maneja, como son el agua y el suelo, y que se consigue con la modernización del regadío.

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