Escasez de agua: São Paulo, la megaciudad de la sed

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Sobre la Entidad

Fundación latinoamericana que identifica oportunidades de acción para un cambio sistémico hacia el desarrollo sostenible, vinculando y fortaleciendo a personas e instituciones en agendas de acción compartidas.
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La problemática del agua en São Paulo

La falta de agua en San Pablo, la ciudad más grande de Brasil, plantea uno de los grandes dilemas que tendrán que resolver las sociedades modernas: la necesidad infinita de recursos naturales que demandan las megaciudades deben ser cubiertas por biomas de recursos limitados que se degradan día a día.

El estado de São Paulo tiene más de 44 millones de habitantes (21.7% de la población brasileña), la mayoría de los cuales se concentra en su capital (homónima del estado, con 11 millones de habitantes) y sus ciudades satélite. Se trata del estado más industrializado del Brasil, representando aproximadamente un tercio del PIB de dicho país. Es la típica megaciudad con población excesivamente densa cuyos servicios públicos están colapsados o en proceso de colapso; que puede parecer un caos aparentemente funcional pero que en definitiva no es sostenible.

Quienes habitan esta ciudad (o la visitan con cierta frecuencia) saben por experiencia que cuando cae una lluvia medianamente importante gran parte del tránsito se paraliza por el desborde de sus cauces hídricos. Aquellos que crucen la ciudad por trayectos cercanos a alguno de sus principales ríos (el Tietê y el Pinheiros) y sean sorprendidos por una tormenta, deberán detener el vehículo en una calle aledaña o en una estación de servicio, armarse de paciencia y aguardar un par de horas hasta que el nivel del agua descienda lo suficiente para retomar la marcha. Esta es una postal frecuente en ciertas épocas del año.

Paradójicamente, el estado paulistano y sobretodo la gran São Paulo se está quedando sin agua.

El suministro de agua potable se ha vuelto regularmente irregular (sobre todo en las zonas altas y más periféricas de la urbe). Datos del instituto Datafolha revelan que en una encuesta realizada en mayo de 2014, el 35% de los ciudadanos indicó haber tenido interrupciones en el servicio de agua durante el mes anterior. Este mismo indicador trepó al 71% en la actualización de dicha encuesta realizada en febrero de 2015. Según los portavoces del gobierno estadual el desabastecimiento responde a una política de disminución de la presión de bombeo por parte de la Sabesp (empresa mixta encargada de la provisión de agua en el estado) como medida para evitar la pérdida del líquido por las fugas en la red. Esta medida -según la Sabesp- genera un ahorro de 8.000 litros de agua por segundo, motivo por el cual esta línea de acción se considera un éxito y será intensificada a lo largo de todo el año 2015. Pero para los pobladores -con o sin política gubernamental de por medio- esto significa modificar sus hábitos de higiene y gestión del agua para asegurar el suministro durante los momentos en que se interrumpe el servicio.

El estado paulistano y sobretodo la gran São Paulo se está quedando sin agua

El resto del estado de São Paulo no se encuentra mucho mejor, aunque los motivos son distintos. Las sequías son cada vez más comunes e intensas en esta zona, los cauces hídricos transportan cada vez menos agua y los acuíferos subyacentes se están retrayendo.

La falta de agua y sus causales

Según la iniciativa Aliança pela Agua – água@sp (una coalición de más de 40 organizaciones de la Sociedad Civil que propugnan un nuevo modelo de gestión del agua que asegure un futuro seguro y sostenible para todos los habitantes del estado) el fenómeno de la desaparición del agua es el resultado de cuatro factores:

  • Una gestión basada en la falacia de la inagotabilidad del recurso hídrico
  • Una gestión poco transparente y con poca participación ciudadana
  • La degradación de las fuentes de la cuenca hídrica
  • El déficit de lluvias

La gestión ineficiente de los recursos naturales proviene de una concepción errónea de los límites planetarios, que considera a esos recursos como inagotables o que deben ser extraídos en función de la demanda del presente sin contemplar las necesidades de las futuras generaciones. Sobran los casos de especies en vías de extinción o de territorios erosionados al punto de tornarse económicamente inservibles debido a su sobreexplotación.

Otro tanto puede decirse de la falta de transparencia y del hecho de no involucrar a los ciudadanos en la gestión del recurso hídrico. Asegurar que el agua sea un bien público de calidad igual para todos los habitantes solo se puede lograr estableciendo mecanismos de gobernabilidad compartida entre todos los actores y sectores. La sociedad puede y debe contribuir efectivamente a resolver con responsabilidad, equidad, democracia y transparencia, los problemas de acceso a servicios de agua.

La degradación de las fuentes de la cuenca hídrica por su parte es un fenómeno de origen menos evidente que se asocia a los procesos de deforestación. La relación entre vegetación y recursos hídricos es conocida y está documentada. Walter de Paula Lima – ingeniero de la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz (ESALQ) de la Universidad de São Paulo (USP) y coordinador del programa cooperativo de monitoreo ambiental de microcuencas (PROMAB) del Instituto de Investigación y Estudios Forestales (IPEF)- indica que los bosques que acompañan las microcuencas hidrográficas ayudan a mantener la buena salud de los cauces. “El sistema Cantareira, que abastece a São Paulo está formado por millares de microcuencas.”, dice Walter de Paula. “Las que están más degradadas no contribuyen a las fuentes del sistema.”.

Es necesario aclarar que no existen datos experimentales que puedan confirmar esta relación. Según de Paula Lima sería preciso estudiar una microcuenca en la que se pueda medir las propiedades de los cauces hídricos con y sin la protección de los bosques y sin que haya otras variables involucradas. Se trata de un caso imposible dada la diversidad de factores que pueden incidir y la extensión temporal de los procesos de estudio.

El bosque amazónico aporta diariamente mucha más agua a la atmosfera (concretamente 3.000 millones de toneladas más) que la que el rio Amazonas vierte al océano Atlántico

Existen, no obstante, ejemplos de recuperación de cauces a través de la recuperación de los suelos. Una situación así se produjo hace 24 años en Iracemápolis -una pequeña ciudad a 170 Km. al norte de São Paulo- donde el agua de la microcuenca local disminuyó al punto de prácticamente desaparecer coincidiendo con la deforestación del bosque cerrado nativo. En aquella oportunidad las autoridades locales recurrieron a la ESALQ, quienes a través de un proyecto de conservación de suelos y de recuperación de la vegetación nativa de las riveras han conseguido revertir la tendencia a la desaparición de los cauces. Si bien los niveles del agua en represa aún son bajos, son suficientes para abastecer a toda la población de la ciudad, que se ha triplicado desde el inicio de la problemática.

El impacto del bosque amazónico en la sequía paulista

Finalmente, el cuarto factor que incide sobre la escasez de agua en el estado de São Paulo es el déficit de lluvia. En este punto, el problema podría estar relacionado a la deforestación de la selva amazónica.

La Amazonía no es solamente el mayor bosque tropical del mundo. Es un motor capaz de alterar el sentido de los vientos y una bomba que absorbe el agua del aire proveniente el océano Atlántico y del suelo para circularla por toda Sudamérica, contribuyendo al ciclo de las lluvias en regiones distantes.

El informe O futuro climático da Amazônia, elaborado por Antonio Donato Nobre de la organización Articulación Regional Amazónica (ARA) a partir del análisis de cerca de 200 estudios científicos, muestra que cada día el bosque amazónico transpira 20.000 millones de toneladas de agua. Dicho de otra manera: el bosque amazónico aporta diariamente mucha más agua a la atmosfera (concretamente 3.000 millones de toneladas más) que la que el rio Amazonas vierte al océano Atlántico (17.000 millones de toneladas de agua/día). Este río “vertical” alimenta las nubes y hasta tiene el poder para alterar los patrones que rigen el movimiento de los vientos. Para comprender las dimensiones de este fenómeno y su importancia para el resto del continente es necesario escarbar un poco en la meteorología.

Según Nobre el mapa de los vientos sobre el Atlántico muestra que en el hemisferio sur y a baja altura el aire se mueve normalmente en dirección al noreste, acompañado el movimiento de rotación de la tierra alrededor del Ecuador. Sin embargo, el bosque amazónico tiene la capacidad de alterar este ordenamiento. En buena parte del año los vientos alisios cargados de humedad vienen del hemisferio norte y convergen en dirección oeste-suroeste ingresando en Sudamérica, en contra de uno de los paradigmas básicos de la meteorología que dice que los vientos se mueven siempre de las regiones con superficies frías hacia las regiones con superficies calientes. Debido a la condensación de agua generada por la transpiración del bosque la (comparativamente más fría) región amazónica atrae los vientos de regiones más calientes como el Atlántico ecuatorial.

El ingreso de estos vientos húmedos al continente refuerza el ciclo de condensación del agua del bosque amazónico y -por la circulación de los vientos- define los ciclos de lluvia de las demás regiones de Sudamérica. Sin embargo, menos bosque significa menos transpiración. Menos transpiración significa menor capacidad de atracción de los vientos húmedos del Atlántico ecuatorial. Esto a su vez significa menos agua para condensarse en nubes y por lo tanto menos agua para lluvia en todo el continente. El funcionamiento de esta bomba de agua amazónica depende del mantenimiento del bosque, cuya porción brasilera perdió tan sólo en 2013 un total de 763.000 kilómetros cuadrados de su superficie original, el equivalente a la superficie combinada de Panamá, Ecuador y Paraguay.

Nobre indica que la meteorología en gran parte se basa en observaciones de patrones del clima del pasado, cuya estadística es representada en modelos matemáticos. Estos modelos presentan fallas cuando hay alteraciones significativas de estos patrones. Por ejemplo, cuando se produce un contexto ocasionado por la deforestación, los cambios globales en el clima u otros factores similares se generan fenómenos meteorológicos inesperados, como las lluvias torrenciales o sequías. “Antes la Amazonía tenía una estación húmeda y otra más húmeda, ahora ya hay una estación seca”, dice Nobre.

 “Antes la Amazonía tenía una estación húmeda y otra más húmeda, ahora ya hay una estación seca”

La gran preocupación es que el bosque ya no consiga producir lluvia suficiente. Diversos modelos que tienen en cuenta el clima y la vegetación estipulan que el punto de no retorno se alcanzará cuando se pierda el 40% del bosque original, aunque no hay consenso sobre esta cifra. Independientemente a ello, el informe de Nobre establece que ya se ha perdido el 20% de los bosques y otro 20% ha sido alterado al punto de perder sus propiedades. “Si el bosque pierde la capacidad de traer la humedad desde el océano, la lluvia en la región puede cesar por completo. Sin agua para sostener la sabana, el resultado puede ser la desertificación del Amazonas. Si esto ocurre, el escenario que se infiere para el sur y el sureste del país podría ser similar a otras regiones en la misma latitud: convertirse en un desierto.

Nobre no se anima a vincular directamente la escasez de lluvias en São Paulo a la deforestación del bosque amazónico. Opina, no obstante, que fue posible deforestar una buena parte del bosque atlántico (el bosque nativo de la región suroeste de Brasil) sin sentir una reducción de las lluvias porque la Amazonia era capaz de suplir esa falta de agua en la atmósfera local. Sin embargo, ahora ya no es así, y tal vez por ello la sequía paulista es tan intensa.

La destrucción de los bosques nativos de Sudamérica, ya sea en el estado de São Paulo o en los países que componen la cuenca amazónica, es una señal de alerta acerca de la alteración del clima en la región. No debemos confundirnos: el cambio climático no solo debilita la producción agroindustrial al modificar los ciclos estacionales. Sus efectos están incidiendo sobre nuestro estilo de vida y nuestra capacidad de supervivencia.

El camino para salir de la crisis del agua

Para superar la situación actual y prevenir futuras crisis la iniciativa Aliança pela Agua – água@sp propone diez objetivos a largo plazo:

  • La transición hacia un nuevo modelo de gestión democrática del agua.
  • La concesión y regulación de los servicios de saneamiento.
  • El impulso de un plan de reducción de las pérdidas de agua por la red.
  • El impulso de una política de recuperación y reutilización del agua
  • La recolección y el tratamiento de los desagües y la descontaminación de los ríos urbanos.
  • La creación de comités interinstitucionales de protección de las cuencas hídricas.

La gran preocupación es que el bosque ya no consiga producir lluvia suficiente

  • La recuperación y protección de los manantiales y fuentes que sustentan las cuencas.
  • La recuperación de los suelos y bosques
  • La regulación del cobro por los servicios ambientales
  • La protección de los bosques para la adaptación al cambio climático.

Una crisis de proporciones tan grandes como la que se vive actualmente en São Paulo crea oportunidades únicas para realizar cambios significativos en la forma de administrar el acceso al agua. El esfuerzo y sacrificio que deberá realizarse para enfrentar el colapso del sistema de abastecimiento de São Paulo necesariamente tiene que ser colectivo y de largo aliento para que dé resultado. Ahora más que nunca la gobernabilidad democrática de los recursos hídricos debe ser el camino por el cual el agua retorne a todos los hogares paulistanos.

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