Chile ranquea en los niveles más básicos de la visión evolutiva

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Fundación PROhumana
Organización chilena que define su identidad como un DO TANK que actúa desde prismas reflexivos y críticos, formada por personas que buscan identificar, promover y coordinar buenas prácticas para un desarrollo humano sustentable e integral.
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  • Chile ranquea niveles más básicos visión evolutiva
  • Por Soledad Teixidó, Presidenta Ejecutiva de PROhumana.


Dicen que a principios del siglo XXI en historias de las redes sociales existió un Chile que tuvo la intención de hacer cambios profundos, de esos que remecen a una sociedad, como lo hacían esos terremotos violentos que sacudían a esas tierras durante décadas.

Era una sociedad que vivía con grandes diferencias de la más amplia envergadura; era una sociedad a la que le faltaba ser culta evolutivamente, donde una gran mayoría de sus líderes poseían como habilidades básicas evolutivas la de la sobrevivencia y la valoración del mismo.

¿En qué consistían estas destrezas? Por un lado, la sobrevivencia se relacionaba con crear un ambiente de estabilidad financiera, focalizado en las necesidades básicas de las personas como la salud, la educación, la seguridad y el establecer regulaciones para que este modo de crear sociedad lograra niveles de mayor desarrollo. Sin embargo, la discusión respecto de qué significaba ser un país con altos indicadores de visión evolutiva era comprendida por muy pocos, los que habitualmente no formaban parte de los liderazgos tradicionales.

Por otro lado estaba la habilidad de la valoración del sí mismo, la que se caracterizaba por ser el primer grado de desarrollo de un ego no evolucionado. Casi podría decirse que se trataba de un nivel propio de los jóvenes, es decir de una mirada que busca la validación propia y la auto referencia, sin ver a los otros. Éste era el modo que primaba en los líderes políticos que solo buscaban su beneficio personal, creyendo en la mayoría de los casos contar con un nivel de desarrollo evolutivo adecuado para liderar un país. Por otro lado, figuraban los líderes empresariales, que seguían pensando que generar empleo, pagar parte de los impuestos y ser productivos era lo que debía orientar su hacer, y que por esto la sociedad debía estar agradecida. Una sociedad que, por otra parte, se caracterizaba por ser temerosa, adoctrinada y convencida de que el tener era el modo de evolucionar como personas.

Chile y muchos países en el mundo se caracterizaban por esta visión evolutiva que se situaba en los niveles más básicos y que no consideraban los grandes adelantos tecnológicos, los estudios biológicos, la física cuántica, la neurociencia, entre otros. Todos antecedentes que mostraban una realidad muy diferente de la que conocían científicamente y que cambiaba los paradigmas respecto de lo que podían llegar a ser.

En efecto, la reflexión sobre lo que era ser una persona evolucionada se relacionaba más con religiones que establecían modos rígidos y científicamente no probados de lo que significaba evolucionar como ser humano y también desde la espiritualidad. La divinidad estaba fuera de cada uno y no en cada uno, razón por la cual era tan difícil vincularse y ver a cada habitante de esta tierra en su unicidad. Más aún, castrados de comprender lo que era el universo o los multiversos cuanticos, el amar y el cuidar el planeta era una habilidad muy escasa no solo en Chile sino que en toda la humanidad.

En esa época las personas parecían una alcachofa; cada hoja que iban dejando a su andar era una distinta, que no mostraba vinculación con la otra. Y como el objetivo de ser un persona evolucionada era tan incompresible y lejano, morían con un gran número de hojas sin nunca haber llegado al corazón de sí mismos, que era el lugar que los unía con la humanidad del otro y que, por cierto, contenía toda la riqueza de su ser.

Parecía que ser uno mismo con la diferencia que eso significaba producía terror, lo diferente no era valorado, era preferible ser igual al otro aunque eso conllevara estancarse en los niveles más básicos de la evolución.

Este modo de ser, no solo causó dolor y daño a cada uno de los que decidieron no caminar hacia otros niveles de desarrollo evolutivo, sino que también a los que dependían de estos líderes que definían las políticas y visiones que gobernaban ese país, quienes fueron, en efecto, los más dañados. Porque el estancamiento de sus líderes, imposibilitó a un pueblo entero avanzar hacia un nivel más rico en desarrollo emocional, sicológico y, por cierto, evolutivo.

Hubo un filósofo osado que se asentó en Chile en esos años y que susurraba: “Para la paz se necesitan cuerpos ligeros, temperamentos acuáticos, espíritus dispuestos al vuelo: dando por sentada una inverificable reciprocidad, con una confianza desmedida en el despegue de los demás ”.

Y esa fue la historia. Décadas de estancamiento y por sobre todo de mucho daño a las personas y a su entorno ambiental, por haber mantenido bajo el control a la gente a través de visiones y valores de los más básicos que ha conocido la humanidad, lo que hacía parecer que en esos años Chile mantenía una cultura de convivencia medieval.

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