RedRío vigila la calidad ambiental de las aguas del río Aburrá-Medellín

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  • Monitoreo del río.
  • El estudio de los organismos que habitan las aguas del río Aburrá-Medellín es vital en el monitoreo ambiental que realiza la RedRío, un proyecto liderado por el grupo Giga de la Universidad de Antioquia, para la preservación de la cuenca hídrica.

(UdeA) Caracoles, libélulas, sanguijuelas, algas pegadas a las piedras, un sinnúmero de formas de vida contribuyen a definir el estado ambiental del río Aburrá-Medellín, eje natural de la región metropolitana, que recibe 254 afluentes de todos los volúmenes y que tiene cerca de 100 kilómetros de recorrido, desde su nacimiento en el alto de San Miguel en Caldas, hasta su confluencia con el Río Grande.

El equipo científico de la RedRío, Red de monitoreo ambiental en la cuenca hidrográfica del río Aburrá-Medellín, puede establecer la calidad de las aguas de las quebradas y del río, estudiando cómo viven organismos de agua dulce como las algas y los macroinvertebrados (organismos acuáticos tales como insectos, crustáceos, moluscos y anélidos).

La calidad del agua del río cambia a medida que las aguas recorren diversos sectores.

“A través de los cambios en las comunidades, podemos inferir cómo se ha modificado la calidad del agua en varios tramos del río y en otros puntos de la red de monitoreo, como son las principales quebradas afluentes y así generar alertas tempranas a la autoridad ambiental”, explicó el biólogo de RedRío, Orlando Caicedo, para quien la problemática de la cuenca está relacionada con la falta de conciencia ciudadana y el desconocimiento de lo valioso de la vida en sus aguas.

RedRío es un proyecto coordinado por el grupo de investigación de la Universidad de Antioquia Ingeniería y Gestión Ambiental, GIGA. Este grupo hace seguimiento continuo a la cantidad y calidad del agua del río Aburra - Medellín, en varios tramos, en sus principales quebradas afluentes y en las aguas subterráneas del Valle de Aburrá; con el fin de entregar información a la autoridad competente, en este caso el Área Metropolitana, para fijar políticas y criterios en la gestión del recurso hídrico.

Contrario a la creencia popular que niega la existencia de vida en sus aguas, el río Aburrá-Medellín está lleno de individuos y comunidades que sobreviven entre la contaminación. Aguas arriba, en la zona de reserva forestal del municipio de Caldas, el número de organismos y su diversidad es mayor y se pueden apreciar a simple vista.

Pero el panorama no es el mismo en las doce estaciones de monitoreo que hay sobre el río y en los puntos de confluencia de las principales quebradas. La calidad cambia a medida que las aguas recorren sectores urbanos, residenciales e industriales.

“En la estación número uno, ubicada en la vereda La Clara, la cantidad de vida es mayor. Descendiendo un poco, encontramos la estación Ancón Sur, donde el tipo de organismos varía, pues aparecen sanguijuelas y caracoles que indican que la calidad del agua no es tan buena. De Ancón Sur hasta antes de Porce, se encuentra menos vida, por lo general sanguijuelas, caracoles y quironomos, organismos que indican la mala calidad del agua. Luego, en Puente Gabino, el tipo de organismos vuelve a ser similar al que encontramos en Ancón Sur, porque aguas menos contaminadas entran al caudal del río”, explicó el biólogo Orlando Caicedo. Organismos como los quironomos toleran distintas condiciones ambientales, incluso la contaminación.

Tanto las algas como los macroinvertebrados se encuentran en todas las estaciones. Estos últimos un grupo de organismos muy pequeños, que se pueden observar a simple vista, pues tienen un ciclo de vida acuático y un ciclo de vida terrestre y volador.

Los estudios sobre la vida no son el único parámetro a tener en cuenta para establecer la calidad del agua.

La libélula, por ejemplo, es un insecto que deposita los huevos en el agua, donde se rompen y pasan por diferentes etapas de ninfa. Al cabo de un tiempo, estos organismos emergen y salen volando. “Para el monitoreo, estudiamos estos organismos en su estado inmaduro, ya sea en su estado de ninfa, larva o pupa”, añadió Caicedo.

Los estudios sobre la vida no son el único parámetro a tener en cuenta para establecer la calidad del agua. En la operación de la red, se realiza la determinación de la calidad del agua tomando muestras para llevar al laboratorio, donde se miden diferentes variables. En las jornadas de muestreo se evaluan, en campo, variables como pH, conductividad eléctrica, oxígeno disuelto y temperatura. Otra medición importante es de la cantidad del agua, para identificar cambios en la magnitud del caudal que fluye por la cuenca.

Según la ingeniera Lina Claudia Giraldo, profesora de la Escuela Ambiental y coordinadora del proyecto, además de ser un escenario investigativo, RedRío favorece la formación de estudiantes de pregrado, ya sea como auxiliares de campo o como practicantes de los pregrados de ingeniería civil, ambiental o sanitaria.

La operación de la red de monitoreo permite que la autoridad ambiental tenga un seguimiento del comportamiento de la cantidad y calidad del agua superficial y subterránea en el Valle de Aburrá, haciendo mediciones en el río, en quebradas como La Presidenta, La Doctora, La Iguaná, La Hueso o La Picacha, y en diferentes pozos subterráneos.

Según la comunicadora de RedRío, Julieth Andrea Bravo, “la vida en el agua se ve afectada por múltiples factores como los cambios en el lecho, en las orillas, en todo el ecosistema, donde influye la explotación de materiales y la canalización”.

RedRío, monitoreo permanente

Este proyecto nació en el año 2003, mediante convenio interinstitucional entre la Universidad de Antioquia y el Área Metropolitana del Valle de Aburrá. A su vez, la Alma Máter ha celebrado convenios con la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad Pontificia Bolivariana y la Universidad de Medellín, las cuales permitieron adquirir el conocimiento necesario y disponer de los insumos básicos para la concepción y diseño de la red de monitoreo.

Actualmente se está ejecutando la Fase IV del proyecto. Durante la primera Fase, se adelantaron los diseños preliminares de los medios e instrumentos para la operación y mantenimiento de la red. En la Fase II, se diseñó la red y algunas estructuras permanentes en estaciones como Ancón Sur, Aula Ambiental, Acevedo y Ancón Norte. Durante la Fase III, se realizó el monitoreo simultáneo del río y de algunas quebradas afluentes para conocer el aporte en carga que éstas generan al río, y adquirir información para un modelo de simulación. También se involucró el componente de monitoreo a las aguas subterráneas.

Durante esta Fase IV se dará continuidad a la operación de la red de monitoreo ambiental de la cuenca hidrográfica del río Aburrá – Medellín, además de propiciar proyectos de investigación en diferentes modalidades, con el fin de contribuir con la argumentación científica y técnica para la toma de decisiones en el ámbito del recurso hídrico.

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