La tecnología de depuración actual no puede con algunos contaminantes emergentes

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(Universidad de Sevilla/SINC) Las tecnologías de depuración actuales no eliminan por completo algunos contaminantes orgánicos como fármacos y hormonas, por lo que acaban en las aguas. Investigadores de la Universidad de Sevilla (US) estudian la presencia de algunos de estos compuestos que todavía no están recogidos por ley.

A pesar de las restricciones legales y los controles sanitario-ambientales, el agua tratada que se vierte desde las depuradoras sigue conteniendo compuestos orgánicos contaminantes, ya que no se eliminan completamente con las tecnologías de depuración actuales. Aunque la legislación europea aún no los contempla, un grupo de investigación de la US estudia la presencia de fármacos, citostáticos (medicamentos para el tratamiento de enfermedades graves altamente tóxicos), hormonas, surfactantes y derivados del petróleo o de la actividad industrial en aguas, sedimentos, lodos y biota del medio acuático.

El objetivo es conocer la dinámica de estos contaminantes “nuevos”, sus riesgos ambientales y sanitarios así como para desarrollar tecnologías para su eliminación. El catedrático de la Escuela Politécnica Superior de la US y responsable del grupo de investigación Análisis Químico Industrial y Medioambiental, Esteban Alonso Álvarez, informa de que se consideran contaminantes emergentes aquellos que son a priori “desconocidos o no reconocidos como tales, cuya presencia en el medio ambiente no es necesariamente nueva pero sí la preocupación por las posibles consecuencias de la misma”.

Entre estos se encuentran analgésicos, antinflamatorios o antibióticos tan comunes y de uso frecuente como el diclofenaco, el ibuprofeno, el ácido salicílico, el sulfametoxazol o el trimetoprim, entre otros. “Estos compuestos llegan a las depuradoras a través de la excreta humana y, al no ser eliminados en su totalidad con las tecnologías empleadas en la actualidad, se descargan a los sistemas acuáticos con las aguas depuradas, y a los suelos cuando sobre ellos se aplican lodos de depuradoras”, explica Alonso Álvarez.

Una parte fundamental del trabajo de este grupo es el desarrollo de nuevos métodos analíticos fiables para la detección y cuantificación de estos compuestos y, a la vez, útiles para su uso en el control de rutina y, por tanto, transferibles a los laboratorios de las administraciones y empresas del sector.

Los estudios que el grupo ha realizado sobre aguas residuales y lodos de depuradora son "de gran importancia" -según los investigadores-, al ser éstas las principales fuentes de estos compuestos en aguas superficiales y suelos, respectivamente. En el caso de los lodos, hay que tener en cuenta que en Europa se destina un 37% a la agricultura, mientras que en España este porcentaje se eleva al 64% y en Andalucía, en concreto, hasta el 84%.

En el caso de las aguas, Esteban Alonso añade que se ha demostrado que la tecnología de lodos activos tiene una mayor eficacia que las llamadas “de bajo coste”, y que están evaluando los rendimientos de tratamientos avanzados como los basados en biorreactores de membrana (MBR) y de tratamiento de residuos sanitarios ya que “todavía queda mucho por hacer en esta materia”.

Un ejemplo de la preocupación por la contaminación potencial de estos compuestos es la propuesta de la Comisión Europea, el pasado 31 de enero de 2012, del control de tres de estos contaminantes emergentes en todas las aguas superficiales de la Unión. La iniciativa se sustenta en los datos científicos a los que, entre otros, ha contribuido este grupo de la Universidad de Sevilla.

Los resultados obtenidos en los últimos cinco años por el grupo se han traducido en la dirección de un total de 10 proyectos de I+D financiados por la administración central y autonómica y por empresas (entre las que destacan las multinacionales Acciona Agua y ATHISA y la empresa pública EMASESA); más de 70 contribuciones científico-técnicas (en forma de publicaciones internacionales, congresos y tesis doctorales); y colaboraciones con centros internacionales de referencia en la temática como la Universidad de Stirling (Reino Unido) o el Instituto de Química Analítica de Linz (Austria).

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