El cambio climático influye en la capacidad de los animales para alimentarse de plantas tóxicas

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Experimentos de laboratorio de la Universidad de Utah (Estados Unidos) han revelado que cuando las temperaturas suben, las ratas de bosque sufren una disminución de su capacidad de vivir con su dieta normal del tóxico arbusto de la creosota ('Larrea tridentata'), lo que sugiere que el calentamiento global puede perjudicar a los animales herbívoros.

"Este estudio se suma a nuestra comprensión de cómo el cambio climático puede afectar a los mamíferos, ya que su capacidad de consumir toxinas dietéticas resulta afectada por las temperaturas más cálidas", ha señalado la bióloga Denise Dearing, autora principal del estudio publicado en 'Proceedings of the Royal Society B'.

"Este fenómeno se traducirá en animales que cambian su dieta y reducen la cantidad de material vegetal que comen, se trasladan a hábitats más fríos o se extinguen en el ámbito local", ha precisado.

Aunque no todas las dietas de los animales son tan tóxicas como las de las ratas de bosque y otros roedores que se alimentan de plantas como arbustos de creosota o el enebro, la mayoría de los mamíferos comen algunas toxinas en su dieta. En una batalla evolutiva en curso, las plantas desarrollan defensas químicas para no ser comidas y los animales evolucionan enzimas del hígado u otras formas de superar o evitar las toxinas de las plantas.

Dearing señala que "más del 40 por ciento de todos los mamíferos existentes comen sólo las plantas" y muchos más comen algunas plantas. "La mayoría de las plantas producen toxinas, por lo que la mayoría de los mamíferos herbívoros comen compuestos tóxicos, y esto puede ser más difícil de conseguir a medida que el clima se calienta", añade. Las aves también podrían verse afectadas, según esta experta.

Otra de las autoras, Patricia Kurnath dice que los animales con dietas que contienen plantas tóxicas incluyen conejos, liebres silbadoras, marmotas, zarigüeyas, venados, alces, , el borrego cimarrón y doméstico, caballos e incluso vacas. "Cualquier animal doméstico de corral se enfrentará a plantas con toxinas", dice esta investigadora.

Plantas más tóxicas a mayores temperaturas

Los investigadores realizaron dos experimentos en ratas de bosque que vivían en un laboratorio de control de temperatura y en "jaulas metabólicas", de manera que podían medir sus alimentos y la ingesta de agua, orina y heces. Las ratas de bosque pesan alrededor de 85 a 140 gramos y son "del tamaño de hámster, quizá hámsters gordos", dice Kurnath.

En ambos experimentos, las ratas de bosque fueron alimentadas con pienso comercial para conejos tratado con resina tóxica de creosota extraída de los arbustos de creosota. Las ratas de bosque y las hojas de creosota se recogieron con la aprobación del Estado a partir del desierto de Mojave, en el suroeste de Utah.

Estudios anteriores encontraron que mamíferos que van desde cabras a koalas, zarigüeyas y ratas de bosque reducen la alimentación para evitar el exceso de la toxina vegetal. El primer experimento identificó las dosis máximas de creosota para ratas de bosque desierto que viven a temperaturas cálidas y frías.

De 16 ratas de bosque en el experimento, siete vivían a una temperatura caliente (unos 27,7ºC) y nueve en lo que para habitantes nocturnos del desierto es una temperatura fresca (unos 22,2 ºC). Las ratas de bosque se aclimataron a esas temperaturas durante dos o tres semanas antes de que comenzaron el experimento. Las condiciones no eran térmicamente estresantes, lo que significa que las ratas mantuvieron fácilmente temperaturas normales del cuerpo.

Se permitió a las ratas comer pienso para conejos y beber agua a voluntad, mientras que los científicos aumentaron lentamente la concentración de la creosota en el pienso para conejos de nada en el primer día del experimento al 12 por ciento después de 21 días. Se retiró del experimento a las ratas si perdían el 10 por ciento de su peso corporal. Los resultados fueron que a una  temperatura cálida, las ratas de bosque comieron menos alimentos en general y podían comer sólo dos tercios de la mayor cantidad de resina de la creosota que las ratas de bosque en la temperatura fresca.

25ºC: Umbral de la tolerancia a las toxinas

El segundo experimento utilizó 30 ratas de bosque: diez en estancias a temperaturas de 28,8ºC, 25ºC y 21ºC. Todas tenían pienso para conejos ilimitada y agua, pero esta vez fueron alimentadas con la misma cantidad de resina de la creosota -alrededor de un octavo de onza por día- durante diez días. Se reitró del experimento a las ratas si perdieron más del 10 por ciento de su peso. Los investigadores midieron cuánto permanecieron los roedores en las tres temperaturas del experimento.

Al quinto día del experimento, sólo tres de las diez ratas de lbosque permanecieron en el grupo cálido, seis del grupo a temperatura ambiente y las diez del grupo fresco. Los resultados fueron aún más sorprendente en el día diez: ninguna de las diez ratas de bosque del grupo cálido permaneció en el experimento, sólo una de las ratas de las de temperatura ambiente se mantuvo, pero todas las del grupo fresco seguían en el experimento porque ninguna había perdido más del 10 por ciento del peso corporal.

Además, las ratas en el ambiente más fresco comieron tres veces más alimento que las ratas de bosque a temperatura ambiente y más cálida a pesar  de que los tres grupos comieron la misma cantidad de creosota. Los biólogos esperaban que la tolerancia a la creosota disminuiría progresivamente a medida que las ratas de bosque vivían en temperaturas frescas, ambiente o cálidas, pero vieron que las ratas de bosque en temperaturas frescas toleraron la dieta tóxica, mientras las otras no.

"Parece haber un umbral en el que se hace mucho más difícil para los mamíferos comer toxinas, Hemos identificado este umbral (25ºC). Con el cambio climático, que van a pasar más tiempo sobre ese umbral de temperatura y va a ser más difícil para ellos", dice Dearing. Los investigadores argumentan que el procesamiento de las toxinas por el hígado puede reducirse a temperaturas más cálidas debido a que las ratas de bosque tienen que poner más energía en la regulación de la temperatura corporal.

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