Abengoa acelera esta semana el plan de viabilidad

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Abengoa y sus acreedores acelerarán esta semana el plan de viabilidad global para la compañía, que ultima KPMG, y la inyección de liquidez inmediata que necesita el grupo para cubrir sus necesidades durante el periodo del preconcurso de acreedores, una vez que la situación se ha desbloqueado después de que su principal accionista, Felipe Benjumea, ha desistido en sus intenciones de mantener una participación de control en la Nueva Abengoa, informaron a Europa Press en fuentes conocedoras de las negociaciones.

El plan global es vital para abordar la reestructuración que deberá discutirse por todas las partes, en busca de un consenso antes de la fecha límite del 28 de marzo que permita a la compañía esquivar el concurso de acreedores.

Los acontecimientos de la última semana han terminado, parece, por desbloquear una situación que empezaba a ponerse muy complicada justo cuando el grupo entraba en su recta final para evitar la quiebra.

La destitución de José Domínguez Abascal como presidente de la compañía y la resolución del contrato de Benjumea como asesor fueron el primer paso, reduciendo así la influencia del expresidente sobre los mandos de la compañía.

Dilución de participación de Benjumea

El siguiente ha sido la claudicación por parte de Benjumea a las exigencias de los acreedores para que la participación de Inversión Corporativa, principal accionista actualmente de la compañía con una participación del 51%, se vea diluida en la futura Nueva Abengoa hasta un 5%.

Y es que la aspiración de Benjumea de contar con una participación del 12,5% en la Nueva Abengoa, que podría posteriormente verse incrementada hasta el 30% si se cumplía la 'hoja de ruta' establecida en el plan de viabilidad, era considerada "inasumible" por los acreedores, indicaron a Europa Press fuentes de las negociaciones.

Una vez superado el 'escollo' que representaba Benjumea, y con Antonio Fornieles Melero y Joaquín Fernández de Piérola, como presidente y consejero delegado, respectivamente, al frente de la compañía es de esperar que se acelere una solución, para la que Abengoa no cuenta con mucho tiempo.

Así, una vez definido ese plan de rescate, que prevé una Abengoa más pequeña, focalizada en ingeniería y construcción y con una deuda más manejable que se situaría en torno a los 3.000-4.000 millones de euros, frente a los 9.000 millones actuales la compañía podría encarar el futuro con bases más sólidas.

La capitalización de la deuda, lo que daría a los bancos y bonistas el control de la empresa, es una de las opciones para llevar a cabo esta reestructuración, mientras que otra de las soluciones sería condonar parte de esta deuda mediante quitas.

Necesidades de liquidez

Asimismo, en medio de estas negociaciones, a Abengoa le apremian también las necesidades de liquidez para mantenerse operativa. La más inmediata es la de 165 millones de euros que necesita para cubrir las necesidades de la compañía durante el periodo del preconcurso de acreedores y que se negocia con los bonistas, aunque deberá contar también con el visto bueno de la banca, ya que, además de estar vinculada a unos fuertes intereses, tiene la condición para su desembolso de compartir las garantías que poseen las entidades financieras en Atlantica Yield (antigua Abengoa Yield).

Además, en su plan de viabilidad, la compañía cifra unas necesidades de liquidez de 826 millones de euros para este año y de 304 millones de euros para 2017. Asimismo, estima otras necesidades de 'garantías técnicas' para poder iniciar pedidos por unos 525 millones de euros.

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