¿Por qué algunos huracanes se debilitan antes de tocar tierra?

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Un proceso dinámico que enfría el océano costero y puede debilitar huracanes fue descubierto a medida que el huracán Irene tocó tierra en Nueva Jersey, Estados Unidos, según un estudio dirigido por la Universidad de Rutgers, en el estado de Nueva Jersey. Los resultados, publicados este martes en 'Nature Communications', podrían ayudar a reducir la incertidumbre en los pronósticos de la intensidad para los huracanes y tifones que cruzan las aguas oceánicas costeras antes de golpear las costas pobladas.

Los pronósticos sobre la trayectoria de huracanes han mejorado constantemente durante las últimas dos décadas, pero las mejoras en los pronósticos sobre la intensidad de los huracanes son menores. "Se trata de una pieza necesaria que falta para cerrar la brecha sobre la intensidad de los huracanes del Atlántico medio que tocan tierra en verano", apunta Greg Seroka, coautor del estudio y estudiante de doctorado en el Departamento de Ciencias Marinas y Costeras de Rutgers.

El estudio utiliza observaciones y modelos de un observatorio marino que ha operado durante más de una década en el Atlántico medio, como parte de la red de Sistemas Integrados de Observación del Océano (IOOS, por sus siglas en inglés), de Estados Unidos.

Los pronósticos sobre la trayectoria de huracanes han mejorado constantemente durante las últimas dos décadas

"Utilizamos IOOS para ensamblar una visión sin precedentes de un huracán que tocó tierra durante la temporada muy estratificada de verano. Descubrimos nuevos procesos responsables de un rápido enfriamiento del océano que reducen la intensidad de las tormentas", relata Scott Glenn, autor principal del estudio y profesor en Rutgers

La estratificación es cuando el océano se divide en una capa de agua caliente de la superficie y una capa inferior fría en verano. Mientras que las previsiones precisas del ratro de Irene proporcionaron tiempo para los preparativos y las evacuaciones costeras, las velocidades del viento superiores en los pronósticos oficiales de Irene a lo largo de la costa del Atlántico medio eran demasiado altas.

Las incertidumbres en los pronósticos de intensidad pueden dar lugar a gastos innecesarios de preparación, escepticismo futuro del público acerca de las advertencias de tormenta y otros impactos. Muchas personas no prestaron atención a las advertencias para un huracán de arena en el año 2012 debido a que Irene no fue tan malo como se pronosticó. Irene se debilitó a la fuerza de tormenta tropical justo antes de golpear Nueva Jersey.

La incorporación de las condiciones costeras del agua del océano en los pronósticos de intensidad de las tormentas y los impactos serán cada vez más importantes en las zonas de latitudes medias de la Tierra a medida que los niveles del mar suben y las intensidades pico de los ciclones tropicales migran hacia los polos, según el estudio.

Los investigadores de Rutgers pusieron en marcha el estudio a medida el huracán Irene cruzó hasta la costa este a finales de agosto de 2011. Se recogieron datos vía satélite, radar, boyas en alta mar y un planeador submarino autónomo Slocum situado a unas 12 millas al sureste de Atlantic City, Nueva Jersey, de la Administración Nacional Oceanográfica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos.

Así, hallaron que los vientos de Irene mezclaron la capa caliente de la superficie del océano costero y la capa inferior fría, causando un enfriamiento rápido delante de los ojos de Irene. "La extensa red de radares cartográficos de superficie actuales del Atlántico medio indicó que los fuertes vientos en el borde delantero de la tormenta establecieron el patrón de circulación que enfría la superficie del océano", apunta el coautor Hugh Roarty, también de Rutgers.

"A continuación, el océano y los modelos atmosféricos confirmaron los mecanismos de forzamiento del proceso de enfriamiento y su impacto en la tormenta", añade Travis Miles, profesor asistente de investigación en Rutgers y coautor del estudio. "Las imágenes de satélite antes y después de la tormenta revelaron que la superficie del océano se enfrió hasta 11 grados centígrados o 20 grados Fahrenheit", agraga Oscar Schofield, profesor de Rutgers y también miembro del equipo del estudio.

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