La Fundación Botín apuesta por un gran pacto político sobre el agua en España que evite su uso como arma electoral

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  • Ramón Llamas, Director del Observatorio del Agua de la Fundación Botín
  • La agricultura consume el 85% del total de huella hídrica de agua azul y verde de nuestro país, pero sólo representa el 2,3% del PIB y emplea al 4,3% de la fuerza laboral.
  • Los autores de los libros se preguntan si se deben seguir regando cultivos de bajo valor económico y que pueden importarse.
  • Afirman que con reasignaciones relativamente pequeñas de agua otorgada a usos agrarios para riego se podrían atender las necesidades para el abastecimiento, la industria, el turismo y del medio ambiente.
  • Todos los objetivos fundamentales sobre el agua de España se pueden satisfacer con una gestión más eficiente y sin menoscabar el futuro del potente sector agro-industrial

En España, buena parte de las diferencias existentes en materia de agua entre las regiones podrían ser resueltas con relativa facilidad gracias a los recientes avances científicos y tecnológicos.

La cuantificación de los usos del agua y su valor monetario es un primer paso importante para comprender cómo la reasignación del agua entre usos mitigaría muchos problemas. Gran cantidad del agua que se usa en España se emplea para producir bienes con un alto contenido de agua virtual, pero de poco valor económico.

Las conclusiones de los expertos expuestas en dos libros presentados hoy por el Observatorio del Agua de la Fundación Botín son que el agua en España no es escasa, pero recomiendan reasignar los riegos agrarios y afirman que hay elementos suficientes para ser optimistas en la consecución de un gran pacto de futuro entre los grandes partidos políticos, de modo que los temas hídricos no se utilicen como arma electoral.

El libro “Water, Agriculture and the Environment in Spain: can we square the circle?”, escrito en inglés, y una monografía en castellano –“El Agua en España: Bases para un pacto de futuro” –, que resume los mensajes clave del libro, se inspiran en la afirmación de que los problemas del agua del mundo, en general, se deben a una mala gestión y no a su escasez física.

Las dos publicaciones, en las que han participado 28 autores y 5 revisores internacionales, exploran como esa tesis es aplicable a España, el país más árido de la Unión Europea. En ambos textos se analiza el concepto de Gestión Integrada de los Recursos Hídricos (GIRH) en el caso español, considerando los dos grandes sistemas de valores que requiere esta gestión integrada: los cuantificables y los intangibles.

España es el quinto país del mundo con mayor huella hídrica (2.461 metros cúbicos de agua por persona), cuando la media mundial se situó en 1.385 metros cúbicos en el periodo 1996-2005

España es el quinto país del mundo con mayor huella hídrica (2.461 metros cúbicos de agua por persona), cuando la media mundial se situó en 1.385 metros cúbicos en el periodo 1996-2005. La agricultura española es el principal sector consumidor de agua azul (lagos, ríos y acuíferos) y verde (agua de lluvia que se queda temporalmente en el suelo o plantas), con casi el 85% del total de la huella hídrica. Sin embargo, sólo representó el 2,3% del PIB en el año 2009 y empleó al 4,3% de la fuerza laboral. El abastecimiento urbano representa el 8% el agua consumida, mientras que la industria alcanza el 7% del agua consumida, pero contribuye con un 14% al PIB y emplea al 16% de la población activa, según se recoge en ambas publicaciones.

Dentro de la agricultura, los cereales (38%) y el olivar (20%) representan la mayor parte de la huella hídrica agrícola nacional, seguidos de cítricos, frutas y cultivos industriales. En este sentido, los autores de los libros se preguntan hasta qué punto le interesa a España dedicar agua azul para el regadío de cereales que tienen un bajo valor económico cuando pueden importarse.

España es un importador neto de agua virtual, de hecho en un año importa más agua virtual en materias primas agrarias que la que consumen todos sus sectores. Esa importación es principalmente de cereales y oleaginosas, muchos de ellos para la fabricación de piensos y concentrados para la alimentación animal. En cambio, tuvo en 2011 un balance neto en el sector de la industria cárnica de 2.400 millones de euros.

Sin embargo, el consumo de agua en España destinado al olivar, vino, frutas y hortalizas, en los que somos un país competitivo, es muy inferior al del cultivo de cereales, oleaginosas, algodón, tabaco, patata o forrajes. Con lo cual, parece probable que en un futuro próximo se vayan a producir importantes cambios en la asignación de agua azul para regadíos, en parte como efecto de los acuerdos en el marco de la Organización Mundial de Comercio y de la reforma de la Política Agraria Comunitaria (PAC), según se indica en ambos libros.

Con reasignaciones relativamente pequeñas de agua otorgada a usos agrarios para riego, se podrían atender las necesidades para el abastecimiento, la industria y el turismo, así como una mejor conservación de los ecosistemas acuáticos

Todo esto quiere decir –según los autores–, que con reasignaciones relativamente pequeñas de agua otorgada a usos agrarios para riego, se podrían atender las necesidades para el abastecimiento, la industria y el turismo, así como una mejor conservación de los ecosistemas acuáticos. No obstante, en esa redistribución recomiendan que, además de los argumentos económicos, se equilibren los valores utilitarios (cuantificables) y los intangibles, como son los valores culturales, espirituales o de equidad intergeneracional.

En ocasiones serán los mercados o las tecnologías, como la desalación o reutilización, ayudados por un buen marco de regulación y financiero, los que contribuyan a solucionar los problemas.

Pero estas soluciones se tienen que aplicar teniendo en cuenta los valores humanos y ambientales asociados al agua y los elementos de gobernanza que propician esa visión más integral. En ese sentido, serán claves la transparencia y la rendición de cuentas en la toma de decisiones y en el gasto público en materia de agua. Tampoco hay que olvidar que disponemos de instituciones de gestión colectiva del agua, como las comunidades regantes, con una larga tradición y con gran legitimidad social, y que son la clave para ir consiguiendo cambios y mejoras en el uso del agua en la agricultura.

Asimismo, hay importantes retos que superar, como es el caso de la contaminación difusa, porque no hay puntos de vertido ni usuarios concretos sobre los que poner el foco.

Sin embargo, es un problema que se revela incluso en el propio sector del agua, que tiene que asumir costes crecientes de tratamiento. Además, empeora las condiciones ambientales de las aguas subterráneas y superficiales. En este aspecto hay un gran recorrido todavía por cubrir y un marco insuficiente para recorrerlo. También consideran los autores muy necesario mejorar todo lo referente al registro de derechos de uso del agua o concesiones, especialmente en lo que se refiere al agua subterránea.

En España se han ensayado con éxito algunos sistemas colectivos para la gestión de las aguas subterráneas. Esta gestión ha sido muy innovadora y podría ser un ejemplo para otros países.

Fundación Botín

La Fundación Botín es la primera fundación privada de España por capacidad de inversión y por el impacto social de sus programas. Se financia con fondos propios y su presupuesto anual se sitúa en torno a los 30 millones de euros. Su objetivo es contribuir al desarrollo integral de la sociedad, gestionando programas propios en las áreas de ciencia, educación, desarrollo rural, cultura y acción social. Para ello, apuesta por el talento como el motor de desarrollo de la sociedad.

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