Una empresa utiliza bacterias para eliminar la sal en edificios y esculturas

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  • La sal provoca "daños irreparables" en las piedras ornamentadas y degradaciones de entre 5 y 7 centímetros.

La empresa GEA Asesoría Geológica, ha demostrado cómo unas bacterias son capaces de penetrar en la roca para eliminar la sal que ha entrado por medio del agua en su interior con el paso del tiempo y que provoca la degradación en edificios históricos y esculturas.

El estudio, enmarcado en el proyecto 'Bacterosal', financiado por el PCTI del Principado de Asturias y gestionado por la Fundación para el Fomento de la Investigación Científica y Tecnológica (FICYT), nació con el objetivo de reducir el contenido de sales solubles en las rocas porosas que han sido utilizadas para la construcción de edificios y esculturas.

El equipo de GEA ha seleccionado para ello dos cepas bacterianas capaces de degradar los dos tipos de sales más comunes: sulfatos y nitratos. Una vez seleccionadas, las han introducido en las rocas para que, desde dentro, se encarguen de reducir el contenido en sales. Los experimentos realizados por el equipo investigador han corroborado que, gracias a la introducción de estas bacterias -hasta 15 centímetros dentro de la roca-, el contenido en sales se ha reducido hasta un 60 por ciento.

Unas bacterias son capaces de penetrar en la roca para eliminar la sal que ha entrado por medio del agua en su interior con el paso del tiempo

"Estamos ante una desalinización importante, teniendo en cuenta que el grado de saturación en sales del sistema poroso de la roca condiciona su agresividad", ha explicado el director de I+D de GEA, Félix Mateos. Es decir, a mayor cantidad de sal, mayor grado de degradación provoca en la roca.

En colaboración con un laboratorio de microbiología, los investigadores de GEA seleccionaron varias cepas de bacterias que eliminan las sales basadas en azufre y transforman las sales de nitrato en nitrógeno. Una vez seleccionadas, las bacterias se introdujeron en un medio de cultivo -caldo- que actúa como un medio de transporte para las bacterias. Después este caldo de cultivo se puso en contacto con la roca y ayudó a las bacterias a entrar por  medio de los poros.

A continuación, para que las bacterias cumplan su función, los investigadores comenzaron a alimentarlas, haciéndolas crecer para que se reprodujeran y así fuesen capaces de consumir las sales solubles de los poros.

Hasta ahora, sus pruebas han permitido adentrarse hasta 15 centímetros dentro de la roca, pero Mateos ha incidido en que el reto principal es lograr que pueda penetrar hasta 20 centímetros. "Luego habrá que mantenerlas ahí durante unos 15 días cumpliendo su función", ha explicado. Después la eliminación de las bacterias se hará por sí sola "a los pocos días", en cuanto los técnicos dejen de alimentarlas.

Este experimento tendrá la oportunidad de ser probado en las próximas semanas. El equipo de GEA iniciará las pruebas sobre el terreno de su sistema de desalinización en la ex colegiata de Santa María la Mayor, en Briviesca (Burgos).

Por qué los métodos actuales son insuficientes

Este experimento ha supuesto una gran innovación en la eliminación de sales en las rocas, ya que hasta ahora, los actuales métodos se limitan a actuar en los primeros milímetros de la roca.

"La experiencia nos dice que si las sales no se eliminan en profundidad, el tratamiento no sirve de nada puesto que migran por el interior de los materiales constructivos y al cabo de pocas semanas vuelven a estar en la superficie", ha explicado el director de I+D de GEA.

Cómo afectan las sales a las rocas

El problema de la presencia de las sales en las rocas que construyen edificios históricos y esculturas reside en que las sales, que están disueltas en el agua, terminan por solidificarse en el interior de la roca. Cuando vuelve a entrar en contacto con el agua, se hidrata, provocando un aumento de volumen que hace que ejerza una presión en los poros en los que entró la sal.

Este aumento de volumen provoca pequeños daños que, con el paso del tiempo y por un "efecto de fatiga" provocan que el material comience a degradarse hasta perder entre 5 y 7 centímetros. En el caso de esculturas o zonas ornamentadas se trata, según Mateos, de un daño "irreparable".

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