Los pinos de montaña son más vulnerables a los efectos del cambio climático

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El IRTA es un instituto de investigación de la Generalitat de Catalunya, adscrito al Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca, Alimentación y Medio Natural, regulado por la Ley 04/2009 de 15 de abril,del Parlamento de Catalunya, que ajusta su...
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En el marco del proyecto Ecolpin, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad (MINECO), en el que, además del IRTA, participan la Universidad de Alcalá de Henares, la Universidad de Granada y la Universidad Politécnica de Madrid, se ha estudiado y valorado la respuesta de las seis especies de pino españolas (Pinus sylvestris, P.uncinata, P.nigra,P.pinaster, P.pinea y P.halepensis) a las condiciones de cambio climático en las primeras fases de su desarrollo.

Este trabajo, que se ha desarrollado en el rizotron existente en las instalaciones del IRTA en Torre Marimon (Barcelona), ha mostrado cómo, en las fase comprendida entre la germinación de la semilla y las dos savias, el factor limitante para la supervivencia de los plantones es la captura de agua, los mecanismos propios de los que dispone cada especie para obtenerla del suelo, guardarla en los tejidos para mantenerlos turgentes y cederla a la atmósfera mediante la transpiración para permitir la fotosíntesis y así poder crecer.

Por este motivo, el trabajo realizado en el proyecto Ecolpin se ha centrado en las raíces, en la capacidad que tienen para obtener agua, tanto por sus características intrínsecas (capacidad hidráulica para absorber y conducir el agua del suelo), como por su potencialidad para crecer en la tierra y absorber nutrientes y agua.

Los resultados de este proyecto de investigación han mostrado cómo las especies de las zonas bajas y medias del Mediterráneo están más adaptadas a las condiciones térmicas previstas en las proyecciones de cambio climático para este siglo, que las situadas en zonas altas de montaña.

Este dato se traducirá en que, en las zonas de transición, en las que hay mezcla de especies, las de ambientes más mediterráneos tendrán ventajas funcionales y, por tanto, podrán ser capaces de desplazar a las de montaña.

Estos resultados deben ayudar a planificar la composición de las masas arboladas, el potencial paisaje y, en consecuencia, lo que éste condiciona, como son los flujos de agua y carbono, los nutrientes, la biodiversidad… sin olvidarnos de los incendios.

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