Smart cities, but not that smart policies

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  • Smart cities, but not that smart policies
    Los protagonistas del Foro con el moderador, Rafael Barrera
  • Entre 1950 y 2011 la población urbana aumentó casi cinco veces y, según la previsión de Naciones Unidas, en 2050 el 75% de la población mundial vivirá en ciudades; en el caso de Europa, será el 80% de su población la que habite grandes núcleos urbanos. 
  • Nuestras urbes han envejecido, sus estructuras decimonónicas han sido capaces de soportar los requerimientos sociales del siglo XX; pero no están preparadas para los desafíos de la centuria que transitamos. Las consecuencias derivadas de la presión demográfica, junto con la obligación del alcanzar mayor eficiencia en el uso de los recursos -en especial agua y energía-, los imperativos medioambientales y la exigencia de mantener o incrementar el bienestar social, sólo encontrarán una respuesta posible: Tecnología y gestión, las Smart Cities.

Una entrevista de:

Publicado en:

iAgua Magazine Nº 3

En esta tercera edición del Foro iAgua Magazine hemos convocado a cuatro grandes expertos en la materia: Juan Pablo Merino, Director de Marketing y Comunicación de FCC Aqualia y FCC Medio Ambiente; Juan Murillo, Responsable de Análisis Urbanos de BBVA Data & Analytics; Daniel Cardelús, Industry Manager Executive for Water & Wastewater, Energy and Engineering en ESRI España; y Carlos Asenjo, Director Comercial de Eptisa Tecnologías de la Información. Frente al reto de la ciudad del futuro, ellos tienen algo más importante que las posibles respuestas, tienen las preguntas. 

¿Qué son, realmente, las “Smart Cities”?

Daniel Cardelús

Daniel Cardelús considera que se trata, simplemente, de “ponerle nombre a algo que se ha hecho durante mucho tiempo: tratar de alcanzar mayor eficiencia, ya sea energética, de procesos, económica, hídrica… es trabajar juntos de manera coordinada para conseguir un objetivo común: que la gente viva mejor en las ciudades” un planteamiento al que añade: “y quizás ahora es cuando tenemos los medios tecnológicos óptimos y la capacidad de ponernos de acuerdo en la consecución de estos objetivos”. 

En 2050, el 75% de la población mundial vivirá en ciudades; en el caso de Europa, será el 80% de su población

Juan Pablo Merino abunda en el concepto: “la eficiencia es, efectivamente, una de las claves en la gestión de la ciudad en su conjunto”; pero introduce aquí un matiz muy interesante: “en muchas ocasiones, se utiliza un concepto de Smart City ligado a bajo coste, y eso ni es eficiencia ni es Smart. La Smart City no es bajo coste o reducir recursos, requiere inversiones importantes, que luego se concretarán en eficiencia y ahorro… pero hay que invertir primero”. 

Carlos Asenjo, asiente con la cabeza e interviene: “la inversión es absolutamente necesaria; pero además es imprescindible cambiar el actual vale para la gente que vive ahora; pero para la gente que va a vivir en el futuro tenemos que pensar en otra forma de estructurar la ciudad… y no basta con hacer una solución para el tráfico, eso está muy bien y lo necesitamos, pero se precisa también soluciones urbanísticas, infraestructuras básicas para el agua, la electricidad, el gas, circulación, transporte público…”.

Juan Murillo

Juan Murillo apunta a los cimientos de esta evolución hacia las ciudades Smart: “a mí me gusta hablar, más que de ciudades inteligentes, de ciudades legibles, ciudades que permitan interpretar mejor, gracias a la tecnología, la traza digital que sus diversos ciclos generan: agua, movilidad, energía, interacciones socioeconómicas… toda esta información nos permite leer lo que realmente está sucediendo en nuestras ciudades para plantearnos qué mejoras acometer, porque… quizás haya ciclos que funcionen perfectamente y no deban tocarse, pero también otros muchos que demandan acciones que estaban pasando desapercibidas” y apostilla: “esto requiere, por supuesto, inversiones, pero inversiones que resistan una análisis coste-beneficio en el medio plazo, ha de haber retorno basado en un mejor uso de los recursos”.

Sin un plan global nunca habrá Ciudad Smart

Juan Pablo Merino considera que lo primero que se precisa es un plan global, no un plan urbanístico, precisa, sino “un plan estratégico de Smart City; pero todavía no conozco ninguna ciudad que tenga un plan global de esta naturaleza. Hay muchos casos puntuales de soluciones inteligentes aplicadas a ciudades, pero ningún plan global”.

“Casi siempre acabamos diciendo que la tecnología es la base para poder alcanzar una mayor eficiencia o una forma de hacer que la ciudad sea Smart; pero no se trata únicamente de tecnología, hay mil cuestiones básicas que mejoran la vida en las ciudades” recuerda Asenjo, “por descontado que tendrían que estar dentro de un plan global, porque no se debe hacer una cosa aquí y otra cosa allá que no guarden relación. Debemos tener claro hacia dónde vamos y qué cosas tenemos que ir haciendo con el fin último de dar servicio integral al ciudadano”.

En el concepto o realidad Smart City, “tenemos tres protagonistas: la Administración, los ciudadanos y las empresas, y de la conjunción de estos tres actores, de la conjunción de ese marco relacional es de donde, algún día, saldrá una auténtica Smart City” sentencia Juan Pablo Merino.

Daniel Cardelús vuelve al dato como la esencia de ese obligado plan global que requiere inicialmente “hacer niveles de información únicos, buscara el dato único, técnicas de big data que permitan extraer patrones accesibles para todos los que sean capaces de desarrollar soluciones smart” y para ello recomienda sensorizar la ciudad: “sensorizo la ciudad y doy la posibilidad de que los ciudadanos me envíen información, porque, a partir de que puedas conocer, es cuando puedes tomar decisiones y ahí es donde, como es lógico, la tecnología es determinante”, todo ello tratando de evitar el riesgo de sufrir “la parálisis por el análisis”.

Juan Pablo Merino

Estoy de acuerdo contigo, proclama Merino: “la tecnología es la base, no lo discute nadie. Pero el tema es, ahora, cómo aplicamos esa tecnología. Si a una ciudad le quitas la gestión del agua y la gestión de la basura es el caos, no se podría vivir, por muchos sensores que tengamos, y eso no está financieramente y sosteniblemente resuelto todavía”. En este sentido, Carlos Asenjo considera que “la situación del ciclo integral del agua en España es excelente comparado con la situación que hay en más de medio mundo, donde el abastecimiento es sumamente lamentable. Pero tenemos que dar abastecimiento a cada vez más gente con cada vez menos recursos y ¿cómo hacemos eso?, ¿cómo se resuelve?”.

¿Y si lo Smart fuera una huida hacia adelante para que parezca que se está haciendo “algo” cuando, realmente, se pudiera estar descuidando lo básico?

Cardelús apela en este punto al sentido común: “lo correcto sería dar y garantizar el servicio adecuado, el abastecimiento y el saneamiento, eso sería inteligente, lo realmente Smart, y después ya veremos”. Juan Pablo Merino subraya esta clave: “aquí tenemos uno de los mejores servicios de agua del mundo, 365 días al año, 7 días a la semana y 24 horas al día… vivas en un octavo, en un sótano o en el monte…Estamos excelentemente acostumbrados, y contamos con las infraestructuras necesarias para ello, y el mantenimiento de todas ellas, tienen costes muy elevados y si descuidamos estas infraestructuras se resiente el servicio”. Concluye Merino su argumentación con una pregunta: “¿Está el ciudadano y la sociedad española dispuesta a recibir un peor servicio del que recibe?”, cuestión que provoca dos segundos de interminable silencio, solo rotos por la rotunda sentencia del propio Juan Pablo: “no puede ser que las administraciones públicas quieran que los servicios se sigan manteniendo al mismo nivel pagando un treinta o un cuarenta por ciento menos”.
Carlos Asenjo comparte el diagnóstico y advierte “Y atención con este concepto de mínimos de Smart City, porque, o lo pagamos ahora o lo vamos a pagar algún día, porque llegará un momento en que la red de agua no resista, y ya no será cuestión de una inversión de dos millones de euros, será una inversión de veinte”.

¿Smart es Marketing?

Entonces… y si lo Smart fuera una huida hacia adelante para que parezca que se está haciendo “algo” cuando, realmente, se pudiera estar descuidando lo básico.

Juan Murillo lo expone con claridad: “No se debe buscar el titular, hay que buscar el resultado, lograr eficiencias reales. Hay que denunciar las medidas meramente de marketing o de comunicación y tenemos que aplaudir las que, quizás de manera más anónima, están llevando a resultados ciertos”.

“En el triángulo Administración, empresa y ciudadano, ¿quién es el beneficiario de un proyecto Smart City? El ciudadano, ese es el beneficiario y debe ser el protagonista, copartícipe y colaborador. Pero ¿quién decide el proyecto de Smart City que se hace?, ¿el ciudadano? no, ¿quién lo hace? pues en muchos casos, sin generalizar, el que tiene como objetivo que le voten dentro de cuatro años”. Se lamenta Carlos Asenjo, que casi a media voz concluye: “En el momento en el que sea el ciudadano el que participe en esa decisión, se empezarán a hacer proyectos más útiles”.

Carlos Asenjo

Merino considera que en muchas ocasiones sí puede haber marketing en acciones, por ejemplo, de sensorización que pretenden dar apariencia de ser Smart e insiste: “primero aseguremos lo que tenemos, hagámoslo bien y luego sensoricemos esto para obtener la información necesaria que nos permita prever los problemas que pudieran surgir”. Asenjo complementa esta línea argumental: “efectivamente, yo sensorizo, pero… ¿para qué?, para ver dónde está el problema: sensorizo, miro dónde está el problema y actúo para solucionar ese problema donde los sensores me han dicho que se presenta; pero si luego no se va a actuar realmente sobre estos problemas…. Mejor ahorrémonos los sensores”.

Retoma Merino la palabra: “es que, si yo meto un determinado proyecto ligado a Smart City en la gestión del agua, hay que preguntarse si somos capaces de trasladar que la tarifa tendría que subir aunque sea un poco, ¿usted señor alcalde va a ser capaz de trasladar esto a los ciudadanos?”

¿Smart Citizens?

Daniel Cardelús recuerda que “cada día tenemos más ciudadanos inteligentes, ahora tenemos más información y más accesible”, esto “es clave”, apunta Merino, porque “por mucha inteligencia que le pongamos a las ciudades y al agua, si el ciudadano no utiliza la solución de forma inteligente, no sirve para nada” y para ello, subraya: “la educación, la formación y la información, son aspectos tan fundamentales como abandonados”. Cardelús considera esencial que “cuando estás introduciendo algo nuevo, tienes que aplicar acciones en paralelo para que el que va a recibirlo, el ciudadano, lo sepa, lo valore, y aprenda a utilizarlo”.

“Yo soy optimista en la tendencia global: cada vez hay más datos a disposición de la ciudadanía y cada vez hay mayor información y mejores canales de acceso a toda esta información. Ta tendencia global va a ser a una mayor concienciación, e incluso a una contribución por parte de los ciudadanos en forma de propuesta de soluciones”, sentencia Juan Murillo y continúa, “y gracias a ello, pronto surgirá, de abajo a arriba, una demanda para que primero cubramos y mantengamos lo básico, pues conoceremos su estado y evolución gracias a la creciente transparencia. Se llegará a un grado de concienciación tal que los ciudadanos, en primera instancia, demandarán soluciones concretas y luego, efectivamente, el poder público, como reacción a esta demanda ciudadana, tomará medidas". Merino: “coincido contigo en que realmente el catalizador de todo esto debe ser el ciudadano”. Todos asienten.

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