El desarrollo industrial y urbanístico en Costa Rica dificulta la gestión del agua

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Agencia de Noticias para la divulgación de la Ciencia y Tecnología del Instituto ECYT de la Universidad de Salamanca.
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  • Las microcuencas albergan gran cantidad de agua, pero el aumento urbanístico amenaza su disponibilidad.
  • De no contar con planes reguladores generados desde los municipios, la escasez sería la principal problemática para la región central del país.

El desarrollo industrial y urbanístico del país ha aumentado considerablemente en los últimos años y, con ello, la presión sobre el agua. El manejo de este recurso es cada vez más difícil, pues en muchos sectores su cantidad y distribución varían. Desde el 2000, la Escuela de Ciencias Geográficas de la Universidad Nacional (ECG-UNA) trabaja en un balance hídrico para el sector norte de la región central de Costa Rica, que abarca hasta el momento los ríos Poás, Ciruelas, Bermúdez y Segundo, el cual se extenderá a futuro próximo en los ríos, Pará y Tibás.

“Los últimos datos que tenemos son los de la cuenca de río Segundo, que se localiza en una zona de alto potencial hídrico, pues abastece a los principales centros urbanos de la región central”, detalló Ligia Hernando, académica de la ECG-UNA quien lidera el estudio.

De acuerdo con ella, un balance hídrico es fundamental para analizar la relación entre el uso y el tipo de suelo, cantidad de precipitación y temperatura, entre otros. “Hacemos una cuantificación del consumo de los distintos usuarios y la relación entre ellos, así determinamos la oferta, demanda y disponibilidad en dicha área”.

Para realizar este estudio, se utilizó una metodología empleada por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) de Colombia, la cual fue modificada y adaptada para la microcuenca. La oferta y demanda se determinó únicamente considerando la vegetación.

“Determinamos que las áreas con disponibilidad media se ubican en la cuenca alta, donde el suelo está cubierto por bosque; así como las áreas de mayor precipitación. Las áreas de moderada disponibilidad se ubican cerca de las zonas urbanas, lo que se considera una limitante para el desarrollo urbano”, detalla Hernando.

Regulación

Si bien el estudio concluye que en la microcuenca de río Segundo no hay áreas de baja disponibilidad del recurso hídrico, existe una presión importante pues más de la mitad de la microcuenca tiene una presión moderada; si no se cuenta con planes de ordenamiento, es probable que la disponibilidad disminuya.

“Las áreas de moderada disponibilidad se encuentran cerca de las zonas urbanas, por lo que se debe regular la expansión del uso urbano, pues demanda una cantidad considerable de recurso hídrico. Es necesario que los gobiernos locales ubicados en las microcuencas participen en su ordenamiento de manera urgente, ya que de seguir la tendencia de crecimiento urbano y poblacional, que se da a la fecha, es posible que en pocos años las áreas de baja disponibilidad sean cercanas al 50 por ciento, lo que provocaría una escasez del agua en la región central”, concluyó Hernando.

Pendiente

De acuerdo con Dionisio Alfaro, académico de ECG-UNA, la gestión de las microcuencas es un reto ya que no solo involucra a una, sino a varias municipalidades que se deben poner de acuerdo.

“Las municipalidades deben presentar un plan de gestión, en el que se hagan propuestas de manejo; este indudablemente debe estar ligado a los planes reguladores de cada municipio, donde se norme el uso”.

En el caso de río Segundo, deberían ponerse de acuerdo para estructurar un plan las municipalidades de Santa Bárbara, Barva, Flores, Belén y Alajuela. “Tenemos un antecedente que fueron las inundaciones del río Quebrada Seca, por lo que la Sala Constitucional obligó a las municipalidades involucradas a hacer un plan integrado de gestión, lo mismo tendrían que hacer estos gobiernos locales; pero lo más difícil, sin duda alguna, es la coordinación” comentó Alfaro.

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