¿Puede haber vida en las aguas contaminadas por uranio?

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Agencia de Noticias para la divulgación de la Ciencia y Tecnología del Instituto ECYT de la Universidad de Salamanca.
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  • Antonio García Sánchez, a la izquierda, y Mariano Igual, investigadores del IRNASA.
  • Los científicos encuentran vida en aguas residuales procedentes de las minas de uranio abandonadas en la provincia de Salamanca.

Algunas microalgas han conseguido adaptarse y sobrevivir a las condiciones extremas de estanques mineros que presentan niveles elevados de uranio y otros metales pesados, procedentes de la contaminación provocada por las minas abandonadas de la provincia de Salamanca, según un artículo publicado en la revista científica Aquatic Toxicology por investigadores del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Salamanca (IRNASA) y de la Universidad Complutense de Madrid. Uno de los aspectos más importantes de este hallazgo es que las microalgas son capaces de acumular el uranio y podrían emplearse para descontaminar estas aguas.

“A pesar de ser aguas con mucha radiactividad y quimiotoxicidad, debido al uranio y a otros metales pesados, contienen vida”, afirma Mariano Igual, investigador del IRNASA, en declaraciones a DiCYT. “Los seres vivos se adaptan y colonizan todos los ambientes, la única diferencia es que éste es extremo y hay menos diversidad”, añade.

A pesar de ser aguas con mucha radiactividad y quimiotoxicidad, debido al uranio y a otros metales pesados, contienen vida

Los científicos han estudiado también otras formas de vida de estas charcas artificiales, como las bacterias, pero el primer resultado es un artículo sobre las microalgas debido al interés que los científicos de la Universidad Complutense tiene en este campo y en particular en los ambientes extremos. En concreto, se han aislado algas unicelulares del género Chlamydomonas. “Son especies habituales en aguas no contaminadas pero una única mutación, que se da con baja frecuencia, les ha permitido colonizar este ambiente”, señala el investigador.

Las aguas estudiadas pertenecen a una zona minera restaurada para recuperar el entorno. Aunque las charcas artificiales que se han creado están contaminadas por metales pesados, no representan ningún peligro para el ser humano, según los expertos, porque están aisladas y sometidas a un control exhaustivo.

En cualquier caso, la concentración de uranio es muy elevada. Si en aguas normales hay menos de 1 ppb (partes por billón), aquí se registran entre 25 y 100 ppm (partes por millón), es decir, 25.000 y hasta 100.000 veces más.

“Es una contaminación extrema con respecto a los contenidos geoquímicos normales de las aguas superficiales”, señala Antonio García Sánchez, otro investigador del IRNASA que ha participado en el estudio. Sólo la vida microscópica se ha adaptado a estas condiciones extremas, mientras que los organismos superiores (peces, anfibios, aves…) están ausentes. A pocos kilómetros, en aguas no contaminadas que sirvieron como control, se pudieron encontrar más de 20 especies de microalgas más.

Además de la investigación sobre microalgas, pronto saldrá a la luz un estudio metagenómico de la diversidad de bacterias que hay en estas aguas. Los niveles de uranio y el bajo pH unidos a las características geográficas determinan también en este caso el tipo de vida que se puede hallar en esas condiciones extremas. “La localización geográfica también influye en la estructura las comunidades microbianas que se pueden encontrar”, indican los expertos.

Otras zonas mineras

Pronto saldrá a la luz un estudio metagenómico de la diversidad de bacterias que hay en estas aguas

En este sentido, el próximo objetivo de esta línea de investigación va a ser estudiar otras zonas mineras de uranio abandonadas de la península ibérica, que hay en Extremadura y en Portugal en la zona de Guarda, cerca de la frontera española. Las características geográficas, climatológicas y litológicas son tan distintas que es muy probable que la vida microscópica existente también varíe notablemente. “En Salamanca, las minas están en zonas de pizarra, mientras Portugal y Extremadura están en granito. El clima también es diferente, hacia Guarda el clima es mucho más húmedo y en Extremadura es seco y no sabemos cómo pueden influir estos factores”, comentan los científicos.

En cualquier caso, estas minas son auténticos laboratorios naturales para realizar análisis físico-químicos y microbiológicos que aporten información de utilidad. En este sentido, aparte del conocimiento científico, la investigación puede tener aplicaciones prácticas, ya que las microalgas tienen la capacidad de adsorber metales pesados y, si se encuentran ejemplares que pueden sobrevivir en condiciones extremas, pueden convertirse en una solución para descontaminar las aguas.

Antes, los estudios deben determinar si merece la pena utilizar este método. De momento sólo es una posibilidad, pero si las microalgas pueden crecer y acumular los contaminantes, bastaría con retirarlas para que vaya descendiendo el nivel de uranio.

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