PNUMA publica nueva página web sobre el Proyecto de manejo integrado de las zonas costeras y gestión sostenible de los manglares de Guatemala, Honduras y Nicaragua

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(PNUMA) El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente pone en marcha una nueva página web sobre el proyecto de Manejo integrado de las zonas costeras y gestión sostenible de los manglares de Guatemala, Honduras y Nicaragua implementado con los Ministerios de Ambiente y Recursos Naturales de Guatemala, Honduras y Nicaragua: http://www.pnuma.org/manglares/

Manglares

Los manglares son bosques pantanosos que viven donde se mezcla el agua dulce del río con la salada del mar. En estos lugares de encuentro relativamente tranquilos: estuarios, bahías, lagunas, canales y ensenadas viven estos árboles que muestran a quien quiera ver sus raíces aéreas. Todo un espectáculo para amantes de la naturaleza y fotógrafos diestros, pero mucho más que esto: los manglares son fuente de vida y de alimento.

Estos ecosistemas autosuficientes reciben el nombre de manglar porque así se llama el árbol que es la especie vegetal dominante.

Los manglares son capaces de adaptarse a distintos grados de salinidad según el estado de las mareas. En marea alta por ejemplo, las raíces aéreas de estos árboles captan el oxígeno y lo transportan a las raíces que se encuentran bajo el agua - las encargadas de anclar cada árbol a la tierra inundada. A su vez, estas captan los nutrientes del agua del mar para que circulen por la planta y se conviertan en alimento al mezclarse con el oxígeno, expulsando por sus hojas lo que no sirve: la sal.

A través de este asombroso mecanismo los manglares pueden vivir con una parte de sus raíces bajo el agua, en un suelo sin oxígeno, con altas concentraciones de sal y al mismo tiempo aprovechar los sedimentos de los ríos que también le brindan nutrición.

Importancia

Los bosques de manglar son casa de un gran número de organismos que habitan desde las raíces enterradas en el lodo de estos árboles hasta las hojas más altas de sus copas. Las bacterias y los hongos - importantes para descomponer la materia orgánica - viven en sus troncos. Las aves, muchas de ellas migratorias, los reptiles, los anfibios y también los mamíferos forman parte de la biodiversidad que encontramos en estos ecosistemas.

Sus raíces, son hábitat de muchos tipos de microorganismos y brindan nutrición y refugio a innumerables especies marinas que llegan a los estuarios y a las desembocaduras de los ríos para reproducirse, desovar e incluso, pasar un periodo de su vida “jóven” bajo la protección de este ecosistema. Es importante subrayar que un 80% de las especies marinas dependen del manglar para subsistir. De hecho, muchas de ellas son la base de la cadena alimenticia no sólo de las comunidades que viven alrededor del manglar, sino también de los consumidores de productos pesqueros que se encuentran a miles de kilómetros de distancia.

Este ecosistema tan rico como frágil funciona además como filtro de los sedimentos y las sustancias contaminantes que llegan al mar desde ríos lejanos. También sirven para amortiguar las inundaciones absorbiendo y almacenando el agua, además de ser importantes para proteger las costas de la erosión y fijar la arena en las playas.

No podemos olvidar el importante rol del manglar en la mitigación al cambio climático, ya que este ecosistema almacena cinco veces más carbono que los bosques tropicales. Pero además, el mangle es importante en el proceso de adaptación al preocupante cambio climático dado que reduce significativamente el impacto de marejadas, huracanes y hasta de los tsunamis en algunos casos.

Para las comunidades costeras, los manglares son fuente de supervivencia, trabajo, alimentos y protección. También pueden crear nuevas oportunidades de ingresos económicos, gracias al ecoturismo por ejemplo. Además aportan beneficios intangibles ya que son fuente de inspiración y espiritualidad y sirven de refugio a culturas ancestrales.

Amenanzas

Pese a los beneficios evidentes que ofrece, el bosque manglar sigue luchando por su supervivencia. Durante mucho tiempo ha sido talado de manera indiscriminada para utilizar su madera como combustible, así como para ocupar los espacios que habita para construcciones y obras de infraestructura. En muchos casos estos bosques compiten con la industria turística, el desarrollo urbano, los puertos y los muelles. Las actividades que tienen lugar en las cuencas conectadas hidrológicamente a los ecosistemas de manglar también los impactan indirectamente. Por ejemplo: a través de la contaminación fruto de las actividades agrícolas y urbanas, así como por cambios en los flujos de agua dulce y salada, debido al dragado de canales y a la construcción de diques y presas.
Muchos de estos bosques han sido devastados también, por el avance de la frontera agrícola y ganadera, para producir sal y para criar de manera intensiva peces y camarones. Estas industrias tienen impactos, en algunos casos irreversibles, en los recursos del manglar ya que incorporan en sus suelos las infraestructuras necesarias para implementar piscinas donde se pueda evaporar el agua marina para obtener sal o que sirven de criadero de pescado y camarón. Ambas prácticas destruyen la estructura natural del ecosistema.
Por último, el aspecto de gobernanza alrededor del manglar también juega un importante rol en su degradación y destrucción, ya sea por la falta de recursos institucionales, financieros o técnicos para el manejo sustentable y monitoreo del ecosistema, o bien por el desconocimiento sobre su importancia y la existencia o aplicación de legislación e incluso en algunos casos por la ausencia de normativas adecuadas o de la implementación de las existentes.
Si la destrucción de los manglares continúa, además de la pérdida biológica y ecosistémica que esto supondría, acarrearía también consecuencias graves para las personas de las zonas costeras que dependen de estos ecosistemas y sus servicios para su bienestar, a través de la explotación sostenible del mangle, la capacidad de resistencia frente a grandes olas y otros fenómenos naturales, y la exposición de estas comunidades a los efectos del cambio climático. 

El Proyecto

El proyecto “Manejo Integrado de las zonas costeras y gestión sostenible de los manglares en Guatemala, Honduras y Nicaragua” más conocido como “Proyecto Manglares” trabaja de manera integral en la costa Caribe de Guatemala, Honduras y Nicaragua para promover la inclusión de los servicios ecosistémicos proporcionados por los manglares en los procesos de toma de decisiones. Los instrumentos utilizados para lograr estos objetivos son los estudios de valoración económica de los recursos, la elaboración de cajas de herramientas para la planificación costera municipal y las investigaciones sobre los impactos de los planes de desarrollo sobre los ecosistemas costeros. A través de ellos se elaboran informaciones y se obtienen datos que pueden concienciar a los tomadores de decisiones y usuarios de los recursos sobre la importancia de los mismos a fin de apoyarles para que adopten un enfoque ecosistémico. Asimismo se capacita y ayuda a las comunidades locales, a través de la promoción de alternativas económicas, para que adopten medidas que hagan más sostenible el manejo de los manglares ya que estos bosques son una importante barrera contra diversos impactos terrestres externos. Además de esto, los manglares son la principal fuente de recursos para muchas de estas comunidades

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